En busca de la nueva izquierda
Las izquierdas de Francia, Italia y EE.UU. andan buscando su sitio desesperádamente. Las experiencias de Nicolas Sarkozy, que levantó enorme entusiasmo en su país en mayo 2007, han desilusionado a nuestros vecinos por la forma errática de conducir el timón de la política francesa. En otras ocasiones he expuesto ideas críticas sobre mi segunda patria con el deseo de que se oriente hacia una izquierda que ya no puede ser la del socialismo de Jean Jaurès, Mendes France o Mitterand. Pese a haber incluido socialistas en su gobierno, como Bernard Kouchner, Sarkozy se comporta como un bonapartista de toma y lomo. El elitismo exacerbado y tradicional de Francia no es malo per se pero facilita la creación de células de mandos excluyentes. El que salga de l´Ecole Normale Supérieure (ENS) o de Polytechnique o de l´Ecole des hautes études en sciences sociales (EHESS) tiene asegurado su futuro laboral gracias a la especie de fraternidad o coto cerrado. También encontramos una situación semejante en España en centros como el Instituto Católico de Administración y Dirección de Empresas (ICADE), Instituto de Estudios Superiores de la Empresa (IESE) o el Colegio Universitario de Estudios Financieros (CUNEF), amén de los costosos masters tan de moda. Un hombre de izquierdas como Michel Rocard está más cerca de un Valery Giscard d´Estaing siendo el primero de izquierdas y el segundo de derechas, simplemente porque ambos han pasado por tan exclusivas Escuelas Superiores. El igualitarismo y las oportunidades para todos han dejado de ser ideas fuertes de la Izquierda mientras la derecha sigue aferrada a un elitismo que debería abrirse a todos los cerebros independientemente de la fortuna de cada cual.
Pierre Rosanvallon, del EHESS explica : “La República de las ideas quiere ser, en primer lugar, un laboratorio de investigación, un espacio de encuentro entre buscadores. No tiene la ambición de redactar un programa político, se dedica a mostrar la fuerza de las ideas nuevas.” Las tradicionales lineas del socialismo francés pasan por un feroz corporativismo sindical, unas élites endogámicas y cerradas en sí mismas, una obsesiva adhesión a la empresa pública y una defensa numantina de los valores patrios, incluida la oposición a muchas normas de Bruselas que atentan, por ejemplo, al Camembert si se obliga a los productores a pasteurizar la leche con la que se fabrica. En general, los franceses actualmente, tienen miedo a los avances sociales que pueden trastocar sus vidas. El caso Bové que se sublevó contra el fast food americano o el NO francés a la Constitución europea, son típicamente fenómenos galos.
Un 55 por ciento de franceses, tras perder en una emboscada a 10 de sus soldados cerca de Kabul, quieren que se retiren sus tropas de Afganistán. Nosotros vivimos una situación parecida en Irak, aunque no habían muerto soldados del contingente, por principios morales y de derecho internacional, José Luis Rodríguez Zapatero, entonces prometió y cumplió al ganar las elecciones, la inmediata retirada de las fuerzas enviadas por su predecesor José María Aznar. Si en algo se ha caracterizado el socialismo español con ZP a la cabeza, ha sido por valiente al afrontar retos que otros países no se han atrevido a cumplir, como dar la espalda a la guerra personal de Bush (“Sadam Huseín quiso asesinar a mi Papi”) o el matrimonio entre homosexuales o la legalización de un millón de inmigrantes sin papeles.
Ese tipo de audacias, en sentido inverso, son las que exhiben Sarkozy y Berlusconi a la hora de gobernar. El primero no quiere enfrentarse con China después de haberla amenazada con boicotear los Juegos Olímpicos por la falta de respeto a los derechos humanos, especialmente en el caso del Tibet. No iba a la inaugiuración pero fue. En cambio mandó a su mujer a recibir al Dalai Lama en Paris. Carla Bruni transmitió al líder tibetano los saludos de su esposo. Silvio Berlusconi intenta, una vez más, reinventar el fascio metiendo en cintura a los jueces que llevan décadas buscándole las cosquillas. De paso, se envuelve en inmunidad mientras sea Primer Ministro, cosa que lleva camino de ser un cargo vitalicio, trata como a perros a los gitanos rumanos y pretende doblegar las leyes a sus necesidades, poniéndo el poder judicial al servicio del ejecutivo. El ex crooner de cruceros marítimos y Nicolas Sarcozy son dos misógenos para quienes las más hermosas mujeres de sus países deben de estar a su disposición como exige el descanso de ambos “guerreros”.
Muchos papanatas de nuestro país, hartos de criticar a José Luis Rodríguez Zapatero, ven en los demás dirigentes de nuestro continente , los modelos que están imperando en la Unión Europea. Practicamente, la península ibérica es la única progresista dentro de nuestro continente (Gordon Brown no aguantará un solo asalto contra David Cameron en las próximas elecciones). En EE.UU., tras el estruendoso fracaso del inepto presidente George W.Bush en los últimos 8 años, es muy probable que llegue a la Casa Blanca, Barack Obama, un demócrata que, frente al neoconservadurismo americano, hace figura de progresista. Le convendrá contar con ZP a la hora de revisar la política estadounidense en América Latina. Pensar que la derecha americana quiere llevar la consideración de ser humano a la fecundación es saltarse toda la tradición desde el Derecho Romano hasta hoy. Y su amigo Nicolas Sarkozy quiere que se puedan registrar los fetos abortados con el fin de darles carácter de sujetos dotados de derechos legales, aunque nazcan muertos. De ahí a considerar el aborto un homicidio, solo hay un paso.





Aunque sean antiguos conceptos, la derecha y la izquierda siguen significando lo mismo en Europa, y desde luego la izquierda siempre ha sido universalista. Los experimentos de nacionalistas de izquierdas son tan antinaturales que siempre acaban mal. Hay múltiples ejemplos.
Lo mas valioso que tiene Zapatero es su enorme coherencia en toda la actuación política, y de ahí su fuerza de convicció intima que traslada en sus palabras y la admiración que despierta en la vanguardia progresista de todo el mundo.
Pero un reto importante para toda la izquierda actual es la devaluación del trabajo a nivel occidental, constreñido en el desarrollo de sus derechos por la globalización y el neoconservadurismo salvaje. Es un reto para todos nosotros, que evidentemente no puede solucionarse a nivel nacional y posiblemente tampoco a nivel regional. Se precisa un movimiento global del trabajo mas que nunca y es evidente que son las izquierdas quien deben ponerse a la cabeza.
Comentario por Fátima Aburto — 25 Agosto 2008 @ 14:31
A mi la fuerza de convicción de Zapatero me resulta escasamente íntima, tampoco me despierta ningún tipo de admiración (si acaso ensalzamiento de la mediocridad)…
Debe ser que no pertenezco a la vanguardia progresista del mundo.
Salut
Comentario por eltuco — 26 Agosto 2008 @ 16:25