31 Agosto 2008

“¡Me llamó señora!”

martinlutherkingpor-enriquemeneses240.jpgLo he contado muchas veces. En nuestra profesión, un pequeño detalle, una frase, puede escenificar mejor que nadie una situación. El problema racial en Estados Unidos se agudizaba en un sur donde se veían destartaladas casas de madera con un blanco desaseado en el porche, sin hacer nada y balanceándose en una mecedora, viendo pasar el tiempo. Representaba “the white trash” (la basura blanca, según expresión de los yanquis del norte). Era una región en plena decadencia desde que los confederados perdieron la guerra civil, en 1865). Los blancos tenían la satisfacción de que, detrás de su miserable existencia, hubiese esclavos que lo pasaban peor. Detrás de los negros, sólo había algún perro abandonado buscando su sustento entre mansiones abandonadas. Aquello era Georgia, Alabama, Carolina del Sur, Luisiana, Virginia.

La costurera Rosa Lee Parks, de Montgomery (Alabama) tenía 44 años cuando el 1 de diciembre de 1955, regresaba cansada a su casa y ocupó un asiento del autobús que estaba libre pero reservado solo para los blancos. Uno de ellos la exigió que le cediese el sitio y ella se negó.  La ley del Estado consagraba la separación racial en autobuses, restaurantes y lugares públicos en todo el sur de EE UU. Rosa Lee Parks fue obligada a abandonar  su asiento y estalló el escándalo a nivel nacional.

En Little Rock (Arkansas), en septiembre de 1957, la Guardia Nacional impidió que nueve estudiantes negros ingresaran en el instituto. El presidente Eisenhower envió al ejército para escoltarles. Era un antecedente para el caso de Vivian Malone queriendo matricularse en la Universidad de Tuscaloosa (Alabama) que solo admitía blancos. La víspera, yendo a esta localidad en el autocar de la línea aérea, estuve bloqueado con los demás pasajeros en  la carretera hasta que terminó de arder la enorme cruz que, a modo de advertencia, había plantado el Ku-klux-klan en medio  del asfalto. Al día siguiente, el gobernador Wallace hizo el gesto de detener a Nicholas Katzenbach, ayudante del Ministro de Justicia Robert Kennedy, que acompañaba a la muchacha. Al no dejar el paso libre, el Assistant Attorney le tendió una orden firmada por el Presidente John F. Kennedy movilizando la guardia nacional y exigiendo que, en el plazo de una hora, con el uniforme caqui del US Army, en vez del azul marino, y al mando del Coronel Lingo, para que escoltase e impusiese la inscripción de la joven negra en la Universidad. Y así se hizo. Fue una buena lección de federalismo que algunos de nuestros políticos deberían haber aprendido como la aprendí yo.

En mayo de 1963,  unos colegiales se manifestaron por la igualdad en Birmingham (Alabama). La televisión mostró como la policía azuzaba sus perros contra los chavales, y como caían bajo el agua a presión de los bomberos. Yo fotografié al gobernador Wallace felicitando a sus policías por el excelente adiestramiento de sus perros. El 27 de agosto de aquel mismo año, en Nueva York me subí a uno de los muchos autocares de Greyhound que llevaban activistas negros y blancos a la marcha sobre Washington. En el camino todo fueron cantos de gospel con palmadas de las manos, negras y blancas. En Washington quise ver si el corresponsal del ABC iba a asistir, al día siguiente, al discurso de Martín Luther King Jr. José María Massip me dijo que vería el acto en tres pantallas de televisión, sin salir de su casa, y con el mando subiría el volumen conforme le interesase una cosa u otra. Luego, le llamarían del gabinete telegráfico del periódico y dictaría su crónica. Me encontré conque, practicamente, era el único periodista español en aquella concentración humana que preveía un millón de personas en la enorme explanada que se extiende frente al monumento a Lincoln y al texto grabado en marmol que dice que “Todos los hombres son iguales”.

Los organizadores de la Marcha habían previsto una carpa para que la prensa que no encontraba plaza en hoteles o prefiriese estar con sus colegas, pudiese disponer de medios, comida, bebida y lugar de descanso. De lo último hubo poco porque bebimos mucho y escuchamos a tres intérpretes por los que hoy se reunirían fácilmente 200.000 fans: Bob Dylan con su “Blowing in the wind”, entonces superventas,  Joan Baez y Pete Seeger.  A tres voces.  Por la mañana, con nuestras acreditaciones de prensa en mano, fuimos al aeropuerto para recibir un avión especial procedente de Los Ángeles y fletado por la American Actors Gild (el sindicato de actores). Cuando llegaron al Lincoln Memorial, pude realizar una serie de retratos de Marlon Brando (que traía un cattle prod, un tubo lleno de pilas de 9 voltios para dirigir el ganado mediante descargas eléctricas, una picana, y que la policía utilizaba contra los manifestantes negros en el Sur); Charlton Heston, con quien hablé para que me explicase por qué su corbata llevaba una reproducción de Tizona, la espada del Cid (“Un regalo del equipo español de filmación cuando rodamos la película”), era el encargado de leer la declaración de apoyo de los actores; Josephine Baker con uniforme del ejército francés, en cuya resistencia luchó contra los nazis; Sammy Davis Jr, Sidney Poitier, Paul Newman, Harry Belafonte, Paul Newman, Burt Lancaster, Lena Horn.

Por todas las calles adyacentes iban llegando, durante la mañana, oleadas de blancos y negros, jóvenes y mayores, niños. En una de mis fotos, escondido entre la muchedumbre, fotografié a un tímido Woody Allen. Tengo el negativo extraviado pero confío encontrarlo antes de que yo muera. Recorrí la explanada para fotografiar el monumento desde las últimas filas de recién llegados, con el obelisco en el medio y el estanque en el que la gente aliviaba sus pies del calor de agosto. No quería permanecer en aquel lugar mucho tiempo porque al espesarse la muchedumbre, me iba a ser difícil regresar al lugar donde se encontraba la tribuna. Allí, Martin Luther King Jr iba a pronunciar el que sería mítico discurso de “I have a dream.….”

De repente, ví una negra llorando, apoyada a un árbol. Tendría unos 80 años y la piel resquebrajada por el tiempo, el trabajo duro y la escasa alimentación. Me acerqué para ver lo que la sucedía. Me dijo que lloraba de alegría. Un blanco, al pasar a su lado, camino al monumento a Lincoln, había tropezado con ella y se había vuelto para decirla: “¡Excuse me, Madam!” (Perdón, Señora)….. Extrañado,  pregunté por qué no le parecía normal aquel gesto.“Vengo de Carolina del Sur, soy bisabuela, y en toda mi vida, muchos blancos me zarandearon, queriendo o sin querer, pero ninguno me llamó Señora ... ¡He called me Madam!” (Me llamó Señora). Se me saltaron las lágrimas viendo su alegría. Toda una vida de desprecio por el color de una piel se resumía en tres palabras:”Me llamó Señora”. Aquello era el resumen de por qué estabamos allí reunidos cerca de un millón de personas.  Después de aquel día -y lo digo para quienes desprecian la retórica de los políticos y la poesía- la suerte de los afroamericanos, de los descendientes de esclavos, algunos de los cuales “pertenecían”a Lincoln hasta que los liberó, fue cambiando. Han transcurrido 45 años desde aquella memorable jornada y  se han cumplido en Denver (Colorado), en el simbólico momento en que  Barack Huseín Obama ha sido nominado para presidente de los Estados Unidos y ha aceptado prometiendo recoger la antorcha de John F. Kennedy y de Bill Clinton. Me hubiese gustado estar en Denver. Por eso he leído tres veces el discurso de aceptación del hijo de un matrimonio mixto, bien representativo de los auténticos EE.UU. Un tablero de ajedrez.

11 comentarios »

  1. Verdaderamente emotivo el contenido de su artículo, especialmente en lo que se refiere a la octogenaria negra. Sin duda se han producido avances enormes, y la prueba es la candidatura de Obama.
    No es un candidato que me emocione especialmente, ningún estadounidense, me produce enternecimiento, su papanatismo religioso del que Obama no está exento, lo combinan con la elección de una dama miembro de la Asociación Nacional del Rifle como candidata a Vicepresidenta y a un candidato a Presidente por parte Republicana cuyo aval son sus éxitos “guerreros”, es decir otro Bush, pero menos idiota.
    Ciertamente y permítame la osadía, tengo la impresión de que el ciudadano medio americano, es bastante cortito de alcance, muy patriotero y enormemente influenciable por los asuntos religiosos, la segunda elección por mayoría absoluta del tejano inútil así lo prueban.
    Si salen una vez mas a la palestra electoral su yerta postura anteriormente mencionada, puede pasar de todo.

    Comentario por Zaquirrez — 31 Agosto 2008 @ 13:36

  2. A mi me gustaba Hillary, pero confío en que muchos americanos despierten y no influyan los prejuicios raciales, que pese a todo aún hay, para que Obama triunfe y America cambie algo. El otro día escuché a un americano decir, que estaba cansado de escuchar la cantidad, cada vez mayor de países,a los que no les gustaba America. Por eso pensaba votar a Obama.
    Aunque todos vivimos algo manipulados por los que no desean que todos los hombres sean iguales, mi deseo es, que aumente el número de los que quieren lo opuesto

    Comentario por isadora — 31 Agosto 2008 @ 14:34

  3. Maravilloso.
    Me acuerdo de la peli que ví ayer, Los girasoles ciegos, pero no sé por qué. Será la marcha de la historia?

    Comentario por dotri — 31 Agosto 2008 @ 14:35

  4. Felicidades por su texto. Me ha emocionado. Le enlazo, con su permiso. Es un lujo leer los recuerdos de un testigo de la Historia.

    Comentario por Gracchus Babeuf — 31 Agosto 2008 @ 20:40

  5. Zaquirrez:

    Los yanquis más que devoción por lo religioso, es una sugestión adquirida desde en la infancia por conculcación de los poderes mediáticos religiosos, muy influyentes en USA. sobre todo los Protestantes o Evangelistas como les gustas en los nuevos tiempos que le llamen. Aunque también la influencia Católica no se queda manca. Lo más paradójico, es, que cuando te alojas en los hoteles americanos, te encuentras una Biblia, en versión Evangelista o Católica, quizás la primera mucho más que la segunda.

    En mi opinión, las apelaciones de “Dios salve America” es una frase, que todos los políticos, tanto demócratas como republicanos o independientes suelen utilizar más por agrupar sugestivamente a grupos de masas que por convicción. La moral yanquis, es la más hipócritas de cuantos países he conocido.

    Hace tres años, en transito en Miami en unos de mis viajes, más concretamente a Nicaragua, tuve un altercado con la policía del aeropuerto, porque mucho antes de aterrizar en Miami, en el mimos vuelo, nos hicieron firmar un impreso declarativos preguntando el dinero que llevábamos o la disposición de tarjetas de créditos para poder entrar en USA.
    Así mismo, nos preguntaban en el impreso, si llevábamos alimentos en el equipaje.

    No le di mayor importancia, rellene el impreso pero en la casilla de alimentos dije que No portaba alimento alguno. Olvidando que mi mujer me había echado en la maleta, varios fuet-longaniza que me gustan muchos. Cuando fui a recoger mis maletas, observo a un perro oliendo y al policía en lo alto de mis maletas. No te puedes imaginar, la que se lío.Primero me llevaron a una sala, donde recogieron el impreso firmado en el avión y me lo presentaron diciendo y acusándome que había mentido. Efectivamente fue así, pero sin tener en cuenta mi despiste. Me leyeron la letanía de las normas y leyes que se penalizan a quien miente en documento “publico”. Cuando me preguntaron entres otras sandeces,los motivos de mi visita a los EEUU, respondí :

    “He estado cuatro veces en su país, en los últimos cinco años, la primera vez en NY y los últimos tres años por transito en Miami, por acuerdo y obligado cumplimiento de la cia Iberia. Viajo a Nicaragua y olvide que llevo alguna chacina en mi maleta. Siento el error. Por otra parte alegar, que su país no me gusta. Y mucho menos las formas, el estilo y la educación de tratar a un pasajero en transito. La cara de sorpresa en los policías, al manifestarle que su país no me gustaba, creo que determinó y dieron por finalizada mi presunta y supuesta detención”.

    ¡¡ Y otras cosas que ocurren en los viajes a ese país ¡!

    Comentario por Libertché — 1 Septiembre 2008 @ 2:49

  6. Libertché, la mentira en un documento, que tu firmas, se ha castigado siempre en Estados Unidos. En mi s años americanos, década 1960-70, no solo la entrada de comida estaba prohibida por razones sanitarias, sino que te preguntaban si tenías intención de asesinar al presidente y si eras comunista. Mentir sobre ello incrementaba las penas si, posteriormente, delinquíamos. Hay una deliciosa película, con Sofía Loren, donde se veía a una napolitana que llegaba a EE.UU. para casarse a ciegas con un italo-americano y, como trabajaba en una fábrica de embutidos, se llevó de regalo una buena cantidad de salami en sus maletas. Al ser rechazada, quedó en “tierra de nadie”. Durante el tiempo que los abogados intentaban resolver el problema, ella se alimentaba de los embutidos responsables de su situación. Muy divertida y llena de peripecias.

    Comentario por Enrique Meneses — 1 Septiembre 2008 @ 7:23

  7. Obama no es negro,aunque, efectivamente, hace albergar la esperanza de que un dia pueda llegar a presidente-U.S.A. un negro del todo.

    Comentario por Milenrrama — 1 Septiembre 2008 @ 11:41

  8. Que esperemos no sea republicano.

    Comentario por Milenrrama — 1 Septiembre 2008 @ 11:43

  9. Yes,´n´how many times must the cannon balls fly
    before they´re forever banned?
    The answer my friend is blowin´ in the wind
    the answer is blowin´in the wind.

    Comentario por Milenrrama — 1 Septiembre 2008 @ 11:55

  10. Señor Meneses. Desde luego Obama es un símbolo necesario; aunque piense que es un “buen negro” y más un producto de Marketing que un auténtico cambio, debería llegar a la Casa Blanca; máxime con el oponente que tiene.

    Excelente post. A veces es un placer volver de vacaciones.

    Comentario por surco — 2 Septiembre 2008 @ 1:31

  11. Gracias por esta joya. Me ha puesto la piel china.

    Comentario por Quico — 12 Septiembre 2008 @ 2:51

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