10 Septiembre 2008

Caídos por Dios y por España

caidos-por-dios-y-espana240.jpgDurante cuarenta años, los vencedores han honrado “a sus caídos” en la fachada de todas las iglesias de España. Ya podía tratarse de un peón agrícola que se vengaba del señorito que le puso los cuernos o de un modesto e inocente sacerdote, siempre se trataba de un “caido por Dios y por España.” El colmo lo hemos vivido en octubre 2007, con Benedicto XVI cuando 498  víctimas de los  “rojos” ascendieron al club de los “beatos”. ¿Qué más se podía hacer con “los nuestros”, después de tenerlos perfectamente identificados y documentadas sus virtudes por nuestros  diligentes miembros de la Conferencia Episcopal? Según datos de la Iglesia Española, los “mártires” de los años 1934 y 1936-39, durante la guerra civil española, pueden alcanzar la cifra de 10.000. Han sido beatificados ya 977 y proclamados santos, 11. Juan Pablo II los denominó “Mártires del siglo XX”.

Otros españoles, “por malos” y comunistas, murieron más o menos de la misma manera que los de derechas, con un tiro en la nuca o fusilados al amanecer en la cárcel de Porlier o en la plaza de toros de Badajoz. Para no contaminar los cementerios donde yacía tanto buen cristiano, se les echaba tierra encima en cualquier cuneta de la carretera y se dejaba que el tiempo borrase su identidad de la memoria de los hombres. “Ellos habían muerto por el Anti-Cristo y por Stalin”, justificaban las beatas. Hemos escuchado el nombre de Paracuellos del Jarama durante 40 años y vemos como cada una de sus tumbas está tan cuidada como las de los aliados muertos en el desembarco de Normandía.

Mi padre fue gobernador civil de Segovia con el gobierno de Alejandro Lerroux. Siempre fue un beato y a los 14 años, de sus ahorros, compró a su madre (dueña de Plata Meneses) los rayos que adornan la imagen de la virgen de la Paloma. Así se llama mi hermana, tal era su devoción. Cuando regresó a España en 1944, fue detenido y pasó en Consejo de Guerra donde se pedía la pena de muerte para él y para la mayoría de sus compañeros enjuiciados. Con mis 15 años, yo me encontraba entre el público junto a mi madre. ¿Su delito? En día de elecciones en febrero de 1936 (que dieron la victoria al Frente Popular), oyendo misa en la catedral, mi padre mandó un recado al sacerdote, por medio de un acólito,  para que se ciñese a la homilía del día y dejase de amenazar con el infierno a quien votase a las izquierdas. Su pena fue conmutada por dos años de cárcel pero perdió su agencia de prensa y los contratos que tenía  con la REDERA, antecesora de Radio Nacional. El entonces obispo de Segovia avaló su rectitud durante su mandato como gobernador civil. Pero nada más. A pesar de todo nunca fue indemnizado ni se le pidió perdón por su condena. Es una anecdota insignificante comparada con la cantidad de dramas que vivieron otras familias españolas, con frecuencia muy modestas.

Considerar comunista al socialista católico Tierno Galván, era abusivo, pero perdió su cátedra y tuvo que seguir dando clases por el hueco de una escalera en un edificio de la calle Marqués de Cubas con sus alumnos tomando notas en los escalones de  varias plantas. Lo vi con mis propios ojos y hablé con él. Le ofrecí colaborar en mi revista de pensamiento, “Cosmópolis”. Y cuando el mensual estaba impreso, con su artículo, el gobierno prohibió su difusión. En mis memorias, “Hasta Aquí Hemos Llegado”,  trato de aquellos tiempos de la dictadura.

Cuando la derecha proclama que la amnistía de 1977 perdonó todos los delitos de ambos bandos, guardaba las espaldas de muchos culpable que aún vivían. La muerte de Franco fue anunciada en TVE por el lloroso Presidente Carlos Arias Navarro, que fuera llamado por los represaliados republicanos, “carnicerito de Málaga”.

El Juez Baltasar Garzón, que consiguiera  internacionalmente el reconocimiento de su competencia al pretender enjuiciar a Augusto Pinochet por genocidio, se ve ahora atacado por una derecha que no acepta que se reabra ningún caso de búsqueda de ajusticiados que yacen en cunetas, fosas comunes o, simplemente siguen desaparecidos. No se trata de enjuiciar a nadie por las atrocidades cometidas a lo largo de 4 décadas de la Historia de España sino que el gobierno  facilite la búsqueda de miles de “desaparecidos” cuyos restos, actualmente, están saliendo a la luz del día por el esfuerzo de voluntarios y con medios precarios. Solo es de justicia que millones de españoles puedan enterrar a los suyos en un lugar identificable, como lo están los del bando vencedor. ¿Por qué este acto de justicia “es reabrir heridas” y no abrían heridas el continuo recordatorio en fachadas de iglesias, en  el Valle de los Caídos y organizaciones de ayuda a Antiguos Combatientes (por supuesto, del bando nacional)?

8 comentarios »

  1. Lo mejor que he oido respecto a la miseria empleada por los fascistas en el recuerdo de los “otros” en comparación del recuerdo de los “suyos”, lo dijo Labordeta: “Unos eran caballeros mutilados, y los otros putos cojos”.
    El mérito de Garzón en este caso es poner en primera plana la memoria histórica, y que se luche más por recuperarla. Pero a parte de eso su actitud es la de seguir engrosando más y más su divismo. En cuanto arañas un poco encuentras que su movida no se sostiene ni con soportes adosados: Las parroquias tienen listados de los suyos, de los otros ni rastro, ¿para qué?. Además, ¿cómo se pueden dejar provincias sin solicitarles información?. Como decía Javier Ortiz, ¿qué credibilidad tiene esta movida que deja fuera de ella a Asturias?,
    En fin, que se hable del tema aunque sea bien.

    Comment por salva — 10 Septiembre 2008 @ 19:39

  2. Gracias, señor Meneses. No podía decirlo de mejor manera.
    Pero sabe… ellos no quieren oír. Ése es el gran problema, y además de eso, de no querer oír, siguen faltando al respeto a algunas personas. La derecha de nuestro país para algunas cosas es dura, contundente, férrea. Y además, bendecida y de la mano de la todopoderosa santa madre iglesia.

    Gracias otra vez.

    Comment por elena — 10 Septiembre 2008 @ 20:05

  3. Plas, plas, plas. Mi más sentida ovación.

    Sólo puedo decir que Gracias. Muchas gracias.

    Comment por Adrian Vogel — 11 Septiembre 2008 @ 11:50

  4. La Transición democrática tuvo sus aciertos y errores y se fraguó con la anuencia implícita de los vencedores y el sometimiento una vez más de los vencidos.
    No olvidemos que Franco murió en la cama, no fue vencido, sus sucesores lo saben y lo hacen valer.
    Por esta razón creo que nunca veremos pedir perdón a la derecha, no ya por la sublevación contra un gobierno legítimo, si no por el exterminio y terror a que fueron sometidos los perdedores sistemáticamente.
    Esa cruzada en la que intervino la Iglesia les legitimó espiritualmente hasta tal punto que estoy plenamente convencido volverían a repetir sin ningún complejo.
    Ese amparo espiritual solo es una coartada para su falta de piedad y conmiseración hacia el vencido y sus deudos.
    No, no serán castigados por Dios por la sencilla razón de que no existe y ellos son conscientes.
    Posiblemente este pasteleo de Transición es el tributo a pagar por obtener la democracia. Mientras miramos sin sonrojo a otra parte, miles de cadáveres yacen en las cunetas esperando salir a la luz que ya no ven ni podrán ver nunca muchos de sus hijos.
    No me puedo reprimir, ésta conducta me hace sentir vergüenza de ser español.

    Comment por Zaquirrez — 11 Septiembre 2008 @ 12:55

  5. Habrá que dar más tiempo, porque aún no hemos puesto en su sitio a la iglesia franquista, que sigue contra la reconciliación. Somos como indiecitos de los países latinos, a los que se amenaza con excomunión si aprueban leyes de aborto como francesa. Pero el Papa va cuatro días a París a adorar a Sarkozy, cuyos abortos son abortos civilizados, de raíces cristianas, no como los de Mexico.

    Comment por jalon — 11 Septiembre 2008 @ 13:33

  6. Don Enrique, he enlazado esta entrada al escrito de Antonio Gómez en mi blog:

    http://elmundano.wordpress.com/2008/09/03/los-desaparecidos-del-franquismo-espana-pionera-de-la-iniquidad-por-antonio-gomez/

    Donde se incluyen dos estremecedoras cartas de dos condenados a muerte.

    Comment por Adrian Vogel — 11 Septiembre 2008 @ 15:19

  7. Sin duda el gobierno debe de poner a disposición de todos los familiares los medios suficientes para facilitar la busqueda de “desaparecidos”. Pero, entonces, ¿qué pinta aquí el poder judicial?, ¿qué pinta aquí una causa general contra la represión franquista?.

    No nos equivoquemos, el gobierno debería de haber ayudado mucho antes( no este gobierno, sino cualquiera de los anteriores), pero no era necesario en ningún caso un enjuiciamiento que lo único que hace es subir el ego de un juez sensacionalista, al que le encantan los grandes casos y aún más los grandes titulares.

    Comment por Álvaro — 11 Septiembre 2008 @ 20:06

  8. Llego al blog siguiendo la recomendación de Adrián Vogel, y me parece interesantísimo. La entrada es acertada, bien trabajada y sobre todo, necesaria. Es importante dar a conocer nuestra historia y desgraciadamente hay mucha gente que, por su juventud o su desinterés, no la conocen. Gracias por el post y sin duda volveré asiduamente.

    Saludos

    Comment por Ernesto — 12 Septiembre 2008 @ 18:29

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