Un juez en busca de una estrella
El caso de Baltasar Garzón contra el dictador Augusto Pinochet, a la sazón de paso por Londres, ha inspirado al juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu para seguir el camino de su colega y alcanzar el estrellato de la judicatura procesando a un ex ministro de Defensa israelí, Benjamín Ben-Eliezer y otros seis militares bajo sus órdenes, acusados de crimen contra la humanidad. El asunto viene de lejos. En 2002, una bomba destinada a eliminar Salah Shehadeh, dirigente de Hamás, mató a 14 personas, entre ellos mujeres y niños.
Además de Fernando Andreu, que ya investiga los asesinatos sistemáticos de hutus por parte de los tustis, en Ruanda, España tiene a los jueces Ismael Moreno y Santiago Pedraz con causas abiertas contra China, por el Tibet, El Salvador y Guatemala. Somos el país que más en serio se ha preocupado de perseguir “crímenes contra la Humanidad”, aunque no siempre sea correcto la utilización de esa expresión. “Holocausto” es todavía menos adecuada ya que la exterminación planificada de un grupo étnico, sean judíos, gitanos, tutsis o hutus, es más bien rara en la Historia. El caso de Israel y su lucha contra Hamás, no es una sistemática eliminación del pueblo palestino per se, lo que es criticable es que en la lucha contra una organización, considerada terrorista por unos y de resistencia por otros, no hay un ejército israelí enfrentado con un ejército palestino. España puede servir de modelo, en su lucha contra ETA, de cómo luchar contra una organización terrorista (no resistente puesto que tiene posibilidad de defender la independencia de Euskadi por medios pacíficos), sin utilizar el ejército.
Un asesinato selectivo no tiene por qué practicarse mediante una bomba de una tonelada, lanzada sobre un edificio habitado por personas ajenas a la lucha terrorista o de resistencia. Una cosa es que se produzcan “accidentalmente” daños colaterales y otra que se acepte de antemano un importante número de muertes inocentes a cambio de la eliminación de un destacado miembro de Hamás. La diferencia es importante.
De cualquier modo, la legislación internacional sobre la lucha contra el terrorismo, de Estado o de grupos armados, debe de ser revisada porque no es normal que la política extranjera de un gobierno democrático se vea obstaculizada por la decisión de un juez. Esto significaría que un miembro, sin control superior alguno, de uno de los pilares de la democracia (Judicial), invadiría legalmente, sin cortapisas, el terreno de otro (Ejecutivo). La división de poderes que caracteriza a las democracias quedaría en entredicho.

Los que me conocen saben que tengo tendencia a ver siempre el vaso medio lleno, que no creo que el pesimismo haya brindado ningún triunfo a la Historia de la Humanidad, al contrario. El supuesto realismo ha empeorado las cosas. Todo el devenir del ser humano, y el de los demás animales, está basado en una confianza sin límites en la naturaleza y en la capacidad de la vida para caer y levantarse y seguir adelante y levantarse tantas veces como sean necesarias.
En cuanto se terminen los fastos del Imperio y Barack Obama se siente en el Despacho Oval de la Casa Blanca, el nuevo presidente se va a encontrar sometido a toda la presión del mundo. De repente, acabada su interinidad de 77 días, los problemas de Estados Unidos y del mundo entero, entrarán como un tsunami en el Office of the President of the United States of America. La maquinaria de gobernar se habrá puesto en marcha y nadie podrá detenerla. De ahí que
Los episodios nacionales a los que nos tienen acostumbrados nuestros dirigentes, sean del color que sean, son de la aldea de Astérix. En cualquier situación que se salga de la rutina diaria, las cosas dejan de funcionar por arte de magia. La enumeración de incidentes, en los que el gobierno de turno se ahoga en un vaso de agua, es una letanía. Y eso abarca una catástrofe como el Prestige o
De una América en la que los inmigrantes judíos eran vistos con recelo, y que reproducían en Nueva York los ghettos de la vieja Europa, el judaísmo ha pasado a ser, en Estados Unidos, una fuerza difícil de sortear. Dominan los resortes de la abogacía a fuerza de defenderse desde la Liga antidifamación, organización judía fundada por el
Miré el reloj. Solo eran las cuatro de la madrugada. Alargué la mano y puse la SER. “Punto de Fuga” estaba en el aire. La voz de Yoani Sánchez hablaba con voz serena y verbo fácil. Hablaba de su Cuba, de una Patria que tiene echado el cierre a una jaula donde los viejos revolucionarios
Barack Huseín Obama empezó como un rumor lejano, como cuando en África se pone en marcha la marabunta. Fue creciendo, la tierra registraba un terremoto cuya intensidad iba en aumento. Y si primero eran los afroamericanos los que veían su Mesías de ébano, luego fueron los latinos, más tarde los blancos demócratas y republicanos, hartos de la locura de un tejano al que trastornó el gramma de las llanuras. Y se hizo el milagro a nivel planetario. Obama se convertía en la Esperanza de toda la Humanidad.


