16 marzo 2009

Los desesperados de la Historia

aznar en sevilla-240Hay personas que al amparo de una inteligencia que sólo ellos se reconocen, corren tras la posteridad y lo hacen contracorriente. Son como esos incautos que mientras conducen su vehículo en sentido contrario del tráfico, están convencidos de que los equivocados son todos los demás. Hasta que llega el trompazo. José María Aznar es uno de ellos, Benedicto XVI es otro. No son los únicos a la derecha y a la izquierda. Sacar a España del rincón de la Historia, donde la habían encerrado las “fuerzas fácticas” de la Iglesia, los militares con ambiciones caudillistas y una aristocracia ociosa e inculta, no iba a ser fácil para el retrofascismo nacional.

A todo lo vetusto que queda de los siglos  XIX y XX, en el actual XXI, hay que sumar el aporte personal de los dos protagonistas de este post. Los dos han hecho esfuerzos para renovar un país y una religión, buscando inspiración en el pasado más obsoleto que encontraron. El uno rechaza lo musulmán porque está anclado en la caída de Granada ante Isabel la Católica, inspiradora de Francisco Franco, “la espada más limpia de Occidente”.  El otro reza a diario para que el Concilio de Trento esté presente en nuestras vidas de hoy. El conservadurismo estadounidense, que algunos llaman “neo” pero es el de siempre, se acaba de demostrar que falla más que una escopeta de feria. George W. Bush, lo unía a las más oscurantistas teorías  del creacionismo y José María Aznar, con la boca abierta ante el amo del Mundo, no podía dejar de alinearse, con Tony Blair, en esas filas. Y así le fue a los tres de las Azores.

El ex Presidente del Gobierno PP, se ofrece para establecer un Pacto Nacional que saque a España de la situación en la que se encuentra. La receta es la de siempre: “Recorte del gasto público, contención del empleo público, reestructuración del modelo autonómico, rebajas de impuestos, nueva oleada de privatizaciones de empresas públicas en el ámbito autonómico y local, recuperación del mercado nacional, apertura comercial, liberalizaciones en servicios, nueva y profunda reforma laboral, reformas para asegurar la sostenibilidad de los sistemas de pensiones, reformas del sistema educativo, mejora de los órganos supervisores, reformas de regulación financiera para reforzar la transparencia y penalizar la falta de honradez empresarial, y refuerzo de la capacidad energética”. ¡Casi nada!

Joseph Ratzinger se movió por el Vaticano comprando y vendiendo la idea de que la Iglesia se iba al garete si no se apartaba enseguida del Concilio Vaticano II. En el papado anterior, Juan Pablo II había excomulgado a quienes rechazaban la apertura ecuménica de la Iglesia capitaneados por Monseñor Marcel Lefebvre y aquellos integristas a los que, en 1988, elevó al episcopado: Misa en latín, de espaldas al vulgo, resurrección del infierno, crucifixión de Galileo, regreso a la sotana,  condena de toda investigación con células madre, etc… Como era de esperar, Benedicto XVI,  perdonó a los excomulgados y tras un leve acto de contrición del obispo británico Richard Williamson, regresaron al redil vaticano. Este negaba el Holocausto, la Shoa,  considerándolo un invento. El obispo arrepentido pidió perdón alegando no ser historiador. Los consejeros de Benedicto XVI le abrieron los ojos: no había tal arrepentimiento y el hombre que dirigiera el Santo Oficio durante décadas, tuvo que volver a imponer la excomunión ante el escándalo internacional. Israel se dio por satisfecho con las excusas del Papa.

La violación de una niña brasileña de 9 años por su padrastro ha sido considerada menos importante que el aborto que se le practicó a la criatura cuando estaba en la decimoquinta semana de gestación de un par de gemelos. Su cuerpo en plena formación no hubiese resistido llevar a término su embarazo. El arzobispo José Cardoso Sobrinho de Olinda y Recife, excomulgó a la madre y los médicos que llevaron a cabo el aborto. No así al padrastro que quería que la niña tuviese  los gemelos. Muy lejos estamos de monseñor Helder Cámara, obispo fallecido de esa misma Archidiócesis y campeón de la Teología de la Liberación en el nordeste brasileño.  El antecesor de Cardoso hubiese excomulgado al integrismo que renace en todas partes por una Iglesia cada día más fundamentalista y por eso, menos aceptada por los católicos no militantes. Los seminarios y conventos pierden clientela.

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