Tiempos vergonzosos
Cada miembro que se adhería a la Comunidad Europea, aportaba más fuerza gracias al dinero de Bruselas. Era la época de Felipe González “el pedigüeño”. Dos países supieron aprovechar los fondos: Irlanda y España, en menor medida, Portugal. Pero lo que crecía era cierto enriquecimiento especulativo. Se producía una riqueza ficticia despreciando las necesidades del mercado. Se primaba a los directivos por sobrepasar la meta del año anterior. Todos han hecho trampas, han peleado por hacerlas más grandes sin que les cazasen. Regulaciones de empleo para maquillar cuentas de resultados y millonarios bonus, stock options al bolsillo para los dirigentes.
Sacar el provecho más cutre del lino, de la soja, de la leche, o que le devuelvan “su cheque” como la nefasta Maggie Thatcher, tendera hasta la muerte, amiga de un Pinochet-drácula. La Francia fundadora de la Unión, primera a la hora de beneficiar su agricultura, ciega ante la primera ETA por no prestarnos la ayuda que se esperaba de un buen vecino, puso patas arriba la UE con un NO a la Constitución Europea redactada por un francés, Giscard d´Estaing, más Luis XIV que los demás Presidentes de República. Una España que hizo una transición, para muchos admirable cuando las heridas quedaban mal cerradas. Que por haber retrasado todo, haberlo aplazado y mirarnos al espejo, unos lustros atrás, hemos visto el franquismo despertar vestido de demócrata. “Manos limpias”…
Los fascismos cayeron en toda Europa luego el comunismo de una u otra cara. La Europa social, la del bienestar, se convertía en la octava maravilla del mundo. Washington creía que estábamos necesitando un enderezamiento. El 23 F 1981, todavía el Secretario de Estado James Baker decía que el secuestro del Congreso y los tanques en las calles de Valencia, era un asunto interno nuestro. Y hace un año, cuando apareció la crisis de las subprimes, las hipotecas basura, un capitalismo sin fronteras que se supone autoregulable gracias al mismo mercado, demuestra que los primeros en salvarse quieren ser las grandes corporaciones, sus ejecutivos y plantean a sus gobiernos la obligación de salvarles para que puedan ellos, los creadores del problema, salvar al país. Todo el mundo piensa que el capitalismo clásico está moribundo, que se necesita la intervención del Estado en la economía libre de mercado. El socialismo se acerca de Washington.
Y en España, cuando el mundo entero habla de regular el capitalismo de Casino, de poner coto al robo armado de economías que parecían en inacabable ascensión, una élite carente de moral estafaba al mundo y arrastraba a más miseria, a los más pobres. El timo de la estampita a lo bestia. Y delante de nuestros ojos nuestra supuesta riqueza se fundía hasta dejarnos con la mitad de nuestro patrimonio. Hemos jugado con dinero de Monopoly durante más de una década. Ahora asistimos a una gran batalla en la que la cordura lleva todas las de perder. Los que provocaron la ruina, rehaciéndose con dinero de todos, se oponen en bloque a que se cercioren las reglas del capitalismo desbocado. Si acaso una mano de pintura.
Se puede resolver la crisis económica pero sin que vuelva la intervención del Estado cuando se saneen los servicios financieros y bancarios, clama la derecha. ¿Fórmula? Austeridad en gastos sociales para que se rehaga el ahorro, abaratamiento del despido para que “las empresas puedan crear empleo” (?), que el gobierno avale a los que no dan crédito ni con avales pero que no se nacionalice como ha hecho Obama quedándose con el 72% de General Motors. En Europa, las izquierdas están de capa caída en casi todos los países. La derecha y la derechona, responsable del desaguisado está dispuesta a ganar y, como el Parlamento Europeo tendrá más fuerza, van a intentar acabar con la Europa del Bienestar. Privatizar las pensiones puede estar al alcance de su mano como están haciendo con Sanidad y Educación.
Y ahora ¿por qué no seguimos llamando mentiroso y prepotente al gobierno de Rodríguez Zapatero? ¿Por qué no hablamos de corrupción absoluta en el PP, mayor que lo que fuera Filesa? ¿Quién no recuerda que con raca raca se tumbó al partido que más había cambiado la faz de España ? Hay que hablar de coches oficiales que traen pizzas y llevan a misa, de sastres que pagan los “amiguitos del alma”, de millones y millones de euros repartidos entre quienes gobiernan las autonomías del PP. ¡Aquel Tamayazo! No hay otra salida que ir a votar a quienes se oponen a volver a la política económica de la CEOE, quienes rechazan dejar tirados a los que lo necesitan más.Están frenando la recuperación porque sabe que en España, la gente siempre está esperando un Salvador, y si viene de Galicia… ¡mucho mejor! Por favor, urgentemente, ayudemos a Europa que es lo que está en juego y no a los horteras como Camps y Costa o la repipi Condesa consorte de Murillo, Esperanza Aguirre OBE, muy ligados todos al “promotor” Francisco Correa, de la red corruptora Gürtel, Ya contratacan contra el Juez Garzón. Creo que es el momento de ponerse tras él y que siga la Causa General contra el franquismo que tan buenos recuerdos trae a Jaime Mayor Oreja.




Vergonzosos, no sé, Enrique. Descorazonadores, un rato.
Comentario by Fétido — 31 mayo 2009 @ 0:13
El PP (Partido Populachero) recurre al truco de Galicia del que tan buen resultado obtuvo con el famoso coche de Touriño, ahora con el avión de Zapatero y aquí como un ejercito de imbéciles discutiendo si son galgos o podencos, mientras no se habla de Europa ni de la mas que posible mayoría de la derecha, en cuyas filas militan los tiburones financieros causantes de la enorme crisis que padecemos.
Sinceramente cada día entiendo menos a los españoles al menos a los de ¿izquierda?
En la Comunidad de Madrid resolvieron el Tamayazo votando a la derecha que se ha agarrado al poder como una garrapata, mientras su líder Esperanza les erosiona con su complacencia, el Estado de Bienestar.
Europa parece que también premiará a los Berlusconi y Merkel que harán ímprobos esfuerzos esta vez con muchas posibilidades de copiar el modelo Yankee y endosarnos la jornada de 65 horas, y ya veremos que se les ocurre con la edad de jubilación.
Cuando ya no tenga remedio recurrirán a la izquierda a la que se han encargado de laminar, para que les resuelva un problema que será irresoluble.
Los cantos de sirena haciéndonos ver nuestra pertenencia a las clases medias (que falacia, somos obreros que cuando nos quedamos sin trabajo no somos nada), convirtiéndonos a la que será la clase social dominante “la mileurista” eso si, muy preparada y enormemente aburguesada (mas bien diría aborregada) como refleja el libro “El pleno desempleo” (Lengua de Trapo, 2009), dibujan un marco sociolaboral sin beneficios contractuales, baby boomers (la generación que ahora tiene entre 40 y 60 años) resistiéndose a jubilarse, contratos temporales de servicios y autónomos sin seguridad. Y pese a todo, una masa social amorfa y resignada.
El mercado de trabajo se desestructura y se flexibiliza hasta el punto de que aparecen como desocupados de hecho la mayoría de los trabajadores. Es el triunfo del factor de la producción capital, que aparentemente está en crisis, pero que en realidad se aprovecha de la crisis para dar el empujón final a las últimas, y pocas, certezas de los trabajadores.
“El mileurista ha dejado de tener edad. Gana mil euros, no ahorra, vive al día de trabajos esporádicos o de subsidios y, pese a todo, no se rebela”.
Y la pregunta es ¿Con este panorama quien se extraña que triunfen las estrategias de los coches de Touriño y el falcon de Zapatero?
Amigo Meneses se cumple aquellos de que cuando el dedo apunta al cielo muchos solo miran al dedo.
¡Que País!, ¡Que clase trabajadora!
Estamos perdidos.
Comentario by Zaquirrez — 1 junio 2009 @ 12:04
Meneses, Zaquirrez,
En vuestros respectivos artículo y comentario solo hay verdades como puños.
La pregunta es, como dice Zaquirrez, ¿por qué la izquierda? no se entera o no se quiere enterar?: Están en el hoyo y siguen cavando.
El dedo y el cielo es lo que mejor define la necedad en la que una gran parte de la izquierda está metida. Lo curioso es que cuando ya no tenga remedio tampoco se sentirán culpables, siempre habrá otros a los que responsabilizar:
Hay un dicho en el que dos gallegos apuestan a que uno de ellos no le corta el cuello de un solo golpe con una hoz al otro. Dado el golpe, al que lo recibe se le queda la cabeza colgando de un troza de piel y exclama: “¡Perdichi, perdichi!”. El otro responde: “Pues tu mucho nun ganachi…”
Comentario by salva — 3 junio 2009 @ 17:52