27 Junio 2009

Irán, de revolución en revolución

Visité Irán por primera vez en 1958, cuando fui expulsado de Irak tras el asesinato del rey Faisal II el 14 de julio. Pero hacía dos años que sabía del país por mis colegas  Sharoh Hatami y Freddy Bayat, ambos iraníes trabajando con la prensa occidental. El izquierdista Mohamed Mossadegh había nacionalizado la industria petrolera, hasta entonces en manos británicas, y eso no había gustado a  British Petroleum y sus colegas americanas. Eran los tiempos del poder absoluto de las Siete Hermanas,  compañías petroleras anglófonas.

En 1953, la Operación Ajax ideada y controlada por la CIA, depuso al Primer Ministro Mossadegh, nacionalista presentado como comunista para que Washington mordiese el anzuelo. Sharokh había formado parte de las Juventudes de Mossadegh y negaba que fuesen comunistas. El Sha era un déspota avinagrado pero se propuso modernizar el país. Los únicos rostros de mujeres veladas con medias máscaras de cuero las vimos Emilio Polo y yo rodando un documental para “Los Reporteros” de TVE-1, en Bandar Abbas, cerca del Estrecho de Ormuz. En el resto del país las muchachas no se distinguían de sus congéneres de Occidente. Mismos peinados, faldas igual de cortas y vestimenta acorde con  la moda de Paris o de Milán.

El desarrollo industrial y económico de Irán se hizo a la vez que la juventud adoptaba con  entusiasmo todo lo que era Occidental. El peso de la religión en Irán –como nos sucedió en España a finales de la dictadura franquista–  fue disminuyendo en tanto se daba la situación contradictoria de una liberación de costumbres y una represión de toda oposición con el temible instrumento que era la SAVAK.

En  1974, en la Universidad de Teherán, mientras Emilio Polo, Javier Reverte y Enrique Gaspar filmaban, los estudiantes, arremolinados a mi alrededor, se quejaban de la falta de libertades políticas. “No se pueden defender ideas republicanas ni criticar el boato de la Corte Imperial o la corrupción”, me decían algunos. En realidad lo que estaba empezando a suceder es que los clérigos iniciaban un movimiento soterrado contra el régimen por la permisividad creciente. Los estudiantes religiosos de Qom, el lugar sagrado del chiísmo, se unían a los estudiantes laicos de las universidades de Teherán, Chiraz y otras sin darse cuenta estos últimos de que estaban socavando un estilo de vida occidental al que se habían acostumbrado desde que EE.UU. puso a Reza Pahlevi en el trono de Darío.

Hay que recordar que en 1978, en Afganistán, se estableció un régimen comunista al que solo se oponía el núcleo taliban que veía en el creciente ateísmo, la destrucción de su fe y de las formas de vida tradicionales. Esta infiltración comunista promovida por Moscú ya estaba en marcha cuando me entrevisté con Reza Pahlevi y Farah Diba. Era la principal tarea de la SAVAK, luchar contra los grupos izquierdistas que se estaban formando dentro de Irán como lo habían hecho en Afganistán. EE.UU. apoyó en aquellos tiempos a los movimientos religiosos que oponían una fuerza creciente al comunismo. Washington combatió junto a los talibanes y al mismo Osama bin Laden contra las tropas soviéticas que acabaron de invadir Afganistán  defendiendo al Presidente comunista Mohamed Najibulá. No pudieron impedir que cayese el régimen y que el presidente acabase colgado de un árbol en Kabul.

Aliados con el integrismo musulmán en Afganistán, los EE.UU. apoyaron la oposición religiosa al Sha cuyos principales líderes, estaban exiliados primero en Turquía y luego en Paris. La fórmula “integrismo musulmán” contra el comunismo –estabamos todavía en plena guerra fría–  gustaba mucho a la CIA y a los presidentes de los EE.UU. De ahí a aplicarlo en Irán había solo un paso. En 1979, el Sha y su familia partían al exilio dejando el campo libre a los clérigos que acompañaban a su líder el Ayatolá Jomeini que empezó por establecer la sharia, la ley tradicional islámica que terminaba con las libertades de las mujeres, de las costumbres y de la libertad religiosa. Gracias a los EE.UU. Irán se sumaba a Afganistán en la marcha atrás hacia el periódo más oscuro del Islam.

El control de la sociedad por parte del ayatolismo chií, se ha hecho insoportable para una población cuyos  2/3 lo componen jóvenes menores de 30 años, ninguno vivió la etapa pro-occidental de 1979 y la caída de la monarquía. Como sus padres y abuelos, los jovenes de hoy quieren estar dentro de la misma onda que el resto de la juventud internacional. No es cierto que la religiosidad, especialmente en las grandes ciudades, sea de rigor. Fuera de la vigilancia de los ayatolás, los jóvenes hacen su vida occidental a puerta cerrada en sus casas. La ola de insurre3cción que se está viviendo actualmente con motivo del pucherazo, no ha encontrado quien la lidere. Mir Husein Musavi no es el hombre que pueda rentabilizar la oleada de protestas y los muertos habidos a mano de los basiyis y las fuerzas anbtidisturbios. De todos modos, Mahmoud Ahmadineyad está tocado por el estigma del pucherazo. Quizá no todo esté terminado aún.

3 comentarios »

  1. Nunca estará terminado. Si no es en esta ocasión será en otra futura.

    Lo único que espero es que el número de muertos no siga subiendo. Aunque lo veo muy complicado.

    Comentario por Moisés — 29 Junio 2009 @ 9:42

  2. Antes intervinieron una y otra vez donde y cuando quisieron. Ahora no, ahora sí que es una protesta sin interferencia alguna.
    Pues va a ser que no me lo creo.
    Cuando el tiempo aclare las cosas va a dar igual. Si las cosas salen como se pretende: miel sobre hojuelas y se demostrará que teniamos razón. Si se destapa la olla y se descubre el pastel, como tantas y tantas veces, comentarios: mínimos, disculpas: ninguna, y a preparar la siguiente movida:
    ¡Pase lo que pase seguiremos ganando, no ves que están atontados y tragan todo!

    Comentario por salva — 29 Junio 2009 @ 17:19

  3. No conozco bien la historia pero no comprendo su relato. ¿La CIA conspiró para que cayese el Shá? Resulta sorprendente. Más bien habría que hablar de connivencia, en ese momento, entre las fuerzas de izquierda (incluidos los comunistas de Irán) y los islamistas. ¡Si Foucault, entre tantos otros, fue un admirador de Jomeini! Tampoco entiendo la comparación con Afganistán, invadido por tropas soviéticas. Este hecho es posterior al que relata. Por otra parte ya le comenté hace tiempo, dándole fuentes solventes (Rashid, Roy) lo muy impreciso que resulta decir que EEUU armó a los talibán, grupo inexistente en los ochenta, con lazos débiles con grupos de resistencia poco organizados y pobremente armados de Kandahar.

    Comentario por masmadera — 30 Junio 2009 @ 13:32

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