Toros y fotos ¿sí o no?
La cogida de Daniel Jimeno, el joven de Alcalá de Henares muerto el 10 de julio en el encierro de esa mañana ha levantado dos polémicas que algunos quieren entrelazar y para mí están bien diferenciadas. Involuntariamente (?), Javier F. Barreras, entrañable colega de Enredados, la radio de la Blogosfera, suscitó la de publicar o no publicar las fotos del muchacho, en función del respeto a familiares y amigos, o publicarlas como información que es lo que representa la fotografía, no sólo el texto. Inmediatamente, en forma de corolario, apareció la polémica de los festejos con toros, más o menos cutres que se prodigan por España todos los veranos.
Como viejo periodista, he vivido demasiadas censuras encubiertas como para no descubrirlas al instante. Por ejemplo, impedirte acceder a un lugar conflictivo so pretexto de protegerte contra posibles riesgos. Otra excusa es la protección del derecho a la privacidad de las personas. En 1932, el secuestro y muerte del hijo de Charles Lindbergh, el primer piloto que cruzó el Atlántico en un vuelo en solitario, inspiró la prohibición de mostrar el rostro de los menores. Se ha denominado de varias maneras, una ley tan discutible como “el derecho a la propia imagen” en un lugar público. En realidad es muy útil para que las mamás y papás famosos puedan vender a mejor precio la imagen de sus vástagos a los medios que se dedican al corazón. El código actúa aquí como el guarda de un coto de caza privado.
Uno de los comentarios tocaba las dos polémicas a la vez: la crueldad con los animales y la falta de respeto a los familiares del muerto. Para Laura, no se deben publicar fotografías que ella no considera respetuosas con el dolor de padres, hermanos y amigos como si estos, en circunstancias como las que han vivido en la mañana del viernes, se fuesen a precipitar para ver la prensa y esperar la noticia en los telediarios. Además, ese argumento deja de tener vigencia cuando se trata de las víctimas de un coche bomba en Bagdad, no son compatriotas nuestros.
Pero aún, en estas circunstancias, los locutores de televisión nos avisan que las imágenes que nos van a ofrecer pueden herir nuestra sensibilidad. Esa digestión que no quieren perturbar o esa inocencia de los niños que deben proteger, no se ven afectadas por juegos de matar marcianitos, películas del Oeste o de la Guerra Mundial donde muere hasta el apuntador. Los niños acaban insensibilizados porque para ellos, los muertos se levantan y hacen más películas. Así se ningunea el trabajo de los corresponsales de guerra. Ellos quieren mostrar el horror de la guerra pero los demás perpetúan la insensibilización de la sociedad frente a la violencia.
Esto es consecuencia de la humanización de los animales, que empezó con los fabulistas y remató Walt Disney, y las perrerías que en ciertos pueblos se llevan a cabo con cabras, vaquillas, toros y hasta con gallos o perros en cruentas peleas. Pero la campaña más persistente e internacional (junto con las protestas por la caza de las crías de foca) es la que pretende prohibir las corridas de toros. Personalmente no he asistido a corridas de toros más que en función de mi trabajo pero tengo entendido que el toro bravo es lo que queda del uro o auroch prehistórico. La hembra no se deja ordeñar ni permite al macho acercarse cuando se pone de parto. Son animales salvajes que nada tienen que ver con el toro Fernando del grupo Abba o de Walt Disney. ¿Desaparecerá el toro bravo junto con la prohibición de la lidia? Lo más probable es que esta especie deje de ser rentable y se extinga. Pero, en cualquier caso estoy contra la chabacanería de los festejos veraniegos que maltratan sin ninguna justificación artística los toros embolados, asaetados o de fuego.




Pienso que las imagenes sirven para cualquier propósito tanto si se está insensibilizado o quizás sean un medio para sensibilizarnos más. En el primer caso no pasan de ser noticia de segundos que se va de largo junto con el correr del reportaje o de la vuelta de hoja al periódico. Las torturas a los toros no seja de ser reflejo de la mente primitiva de quienes van a las plazas, igual sucedió en el Coliseo de Roma o con las peleas de gallos, o quienes ven esas películas de torturas que estuvieron de moda en años recientes. En el segundo caso, imagenes de guerra o las situaciones de las focas bebés o las tortugas, nos pueden hacer reflexionar en los caminos que toma el mundo y la naturaleza humana, reflexiones que nos lleven al cambio y la concientización.
Nos ayudan a sabernos mejores que otros muchos y nos recuerda la responsabilidad de llevar el mundo a un futuro mejor.
Comentario by ClaudiaBlogger — 13 julio 2009 @ 5:07
Cuando los locutores de televisión nos avisan que las imágenes que nos van a ofrecer pueden herir nuestra sensibilidad, la gran mayoria de teleespectadores prestamos más atención a lo que se nos va a mostrar, pocos padres alejan a los pequeños del aparato o lo apagan.Por otro lado coincido con Usted, Meneses, en que los valores de la infancia están muy cambiados respecto a los de los mayores,es verdad, para los niños,la muerte no deja de ser algo así como un juego de Play.
Comentario by Vudyalien — 15 julio 2009 @ 11:52
Vaya extranjerismo, versión anglicismo, que ha acabado incluyéndose en el texto de la entrada, por otra parte muy interesante: “no he atendido a corridas de toros”.
Comentario by El Abuelo — 16 julio 2009 @ 0:05
Abuelo, tiene razón, he cometido un anglicismo porque tenía la palabra “attendence” en mente. Ya lo he corregido y ha quedado la frase como…Personalmente no he asistido (en vez de “atendido”) a corridas de toros más que en función…
Gracias por echarme una mano.
Comentario by Enrique Meneses — 16 julio 2009 @ 0:38
si se quisiera conservar la especie, se podria hacer, fuera o no rentable, como se hace con el aguila real o con el guepardo; el divertimento a base de una lenta tortura que finaliza con la muerte del animal y como trofeo, al principal protagonista de la masacre se le premia con una parte del animal, pues es una reminiscencia de épocas oscuras y, claramente, a superar
victor hugo.-torturar a un toro por placer, por diversión, más que torturar a un animal es torturar una conciencia
Comentario by joss — 18 julio 2009 @ 14:59
Me llama la atención el léxico utilizado en las crónicas de las corridas de toros por toreros y periodistas, a mi juicio absolutamente contradictorio con la realidad de estos espectáculos. En mi blog (www.elultramarinos.blogspot.com) realizo un seguimiento periódico de este y otros temas. Creo que se pueden sacar conclusiones interesantes.
¡Un saludo!
Comentario by Jesús Barcos — 30 julio 2009 @ 17:12