Conocí a Gayatri Devi, la Maharajani de Jaipur en 1960, en Nueva Delhi, fue en el Consulado General de Uruguay, en Pritviraj Road, la avenida que hospedaba a casi todas las embajadas extranjeras de la capital India. El consul, Orlando Pedragoso, vivía solo en un gran chalet donde se encontraban las oficinas c0nsulares y la residencia. Yo había estado viviendo en los Hoteles Ambassador y Janpath porque los alquileres de la capital india eran carísimos. Nuestro común amigo, el poeta y diplomático español, Rafael Lorente habló a Orlando de mi situación y el uruguayo, muy generoso, y siendo soltero, me brindó alojamiento.
Las recepciones diplomáticas eran tan frecuentes, que a veces los invitados tenían que acudir a dos o tres en la misma velada. Claro que bastaba cruzar la calle y volver a saludar a las personas de las que nos habíamos despedido en la recepción anterior. Era cómico porque nadie quería confesar que se había visto con los otros en la acera de enfrente. Había que aparentar que solo la última recepción era la primera.
El uruguayo era un sibarita, divertido, mujeriego y amante del arte hindú. Sus recepciones solían ofrecer buena música sudamericana y atraer a las mujeres más elegantes del “todo Delhi”. Entre ellas, la más bella, sin ningún genero de dudas, era Gayatri Devi, conocida en la alta sociedad internacional como Ayesha. Aquella noche estaba acompañada por Bhawani Singh, un apuesto oficial del ejército indio, hijo de un anterior matrimonio del Maharajá Sawai Man Singh II, que heredaría Jaipur a la muerte de su padre. Orlando me confirmó, con una maliciosa sonrisa, los rumores de una “liaison” entre la Maharajani y su hijastro, 12 años más joven que ella. El Consulado permitía sus encuentros amorosos.
Volví a encontrar a Gaytri Devi, en su palacio de Jaipur, en el curso de un reportaje de “Los Reporteros” de TVE en el que yo abordaba la política de Indira Ghandi. Una política que había permitido la independencia de Bangladesh, ex Pakistán Oriental, en cuya guerra el equipo de televisión fue capturado y retenido por los independentistas en Jaridaspur (Bengala). Como mujer de izquierdas, la hija del Pandit Nehru recortó en 1971 los privilegios de los maharajás manteniéndoles algunos como el trato de Alteza Real. De todos modos fue el fin del Raj.
En 1965, el Maharajà y su esposa Gaytri Devi llegaron a España como embajadores de la India. Durante unos años, Ayesha dividió su tiempo entre sus partidas de bridge y su entorno de la sociedad madrileña del HOLA. Lo primero que me preguntó en la entrevista para TVE fue por Pitita Ridruejo y el Eurobuilding donde tantas partidas de cartas había disputado casi diariamente. Eso no la tuvo alejada de la política de su país obteniendo en 1967 y 1971 un escaño en el Parlamento de la mano del Partido de derechas Swatantra. Su odio por Indira Ghandi, que llegó a tenerla encarcelada unos meses en un centro penitenciario cercano a la capital, estaba originado por la supresión de los privilegios reales que llevó a cabo la Primera Ministra. Pero sigue el sistema de castas y sus “intocables” hasta el día de hoy.