Diez años menos 51 días
Probablemente, aquel viernes 1 de septiembre de 1939, la pandilla iría al Cinema Passy a ver alguna película de Stan Laurel y Oliver Hardy. A la salida de clase de l´Ecole Communale de la rue Chernoviz, vimos las paredes exhibiendo carteles sombríos, casi como esquelas, muy diferentes de los del Cirque Medrano con sus payasos y bailarina de pie sobre un caballo blanco en pleno galope. Estos carteles, todos iguales, rezaban con gruesos trazos negros: “Mobilisation Générale”. A la vuelta de la esquina, en el 16 de la rue Raynouard, probablemente nos topamos con Madame Perrette, la “concierge”, comentando las noticias del día con algún vecino. No tan distraída que no nos recordase que limpiásemos la suela de nuestros zapatos en el “paillasson” de la entrada.
Nuestro apartamento parecía muy grande para un chaval de 9 años y nueve meses. Allí cohabitábamos mi familia y la agencia de Prensa Mundial que mi padre había creado para subsistir lejos de Madrid donde, siendo el pequeño de siete hermanos y con una madre dueña de Plata Meneses, siempre encontraba prestamistas dispuestos a darle unos miles de pesetas. La guerra civil había separado mi padre de sus acreedores. Su gran conocimiento del continente americano le permitió obtener un centenar de diarios que se abonaron a su agencia. El mayor atractivo de Prensa Mundial era que pagaban en espacio publicitario y que mi padre vendía aquel espacio a grandes anunciantes franceses como Citroen, Le Creusot o Lanvin.
Desde medianoche del domingo 3 de septiembre, Francia y Gran Bretaña estaban en guerra con el III Reich. La víspera, había caído Dantzig y en la agencia, como en la calle, todo el mundo comentaba la brutalidad alemana. Varsovia, Cracovia, Lodz habian sido bombardeadas por oleadas de aviones Junker de la Luftwaffe. Lejos de Paris, en Gabón, en Lambarené, junto al rio Ogoué, el doctor Schweizer, el mejor interprete de Bach en el mundo, había dejado de tocar una fuga en su órgano portatil y escuchaba al oficial francés de La Coloniale, que le comunicaba que desde medianoche, era considerado ciudadano enemigo por ser alsaciano, tierra ex francesa entonces, anexionada por Alemania junto a la Lorena. Empezaba “la drôle de guerre” (“la guerra de broma”) que iba a durar hasta mayo de 1940. Yo tendría 10 años y 5 meses y Alemania dejaría reposar el Frente del Este para volverse hacia el occidente de Europa. Se acercaban de Paris, de mi casa. Otro día seguiré con mis recuerdos.
Mis memorias: “Hasta Aquí Hemos Llegado”




Impresionante, Enrique.
Una historia que dimana ecos y sensaciones de “un ayer demasiado cercano”.
Espero tus siguientes recuerdos.
Un fuerte abrazo.
Comentario by Javier Akerman — 4 septiembre 2009 @ 1:26