La Iglesia de Roma, “A contrapelo”
En 1973, documentándome sobre la brujería Wicca de los celtas de Gran Bretaña para escribir “La Bruja Desnuda”, me di cuenta de que la Iglesia Católica no empieza a atacarse a estas curanderas hasta que la herejía albigense o cátara, no empezó a expandirse por el Languedoc y la Provenza franceses. Cerca de 12 siglos sin enfrentamientos durante los cuales el apostolado se orienta hacia los reyes y caudillos que, bautizados ellos, convierten en masa a sus seguidores.
La herejía cátara produjo la Inquisición y trajo la hoguera a los territorios hoy franceses de la Corona de Aragón. La Iglesia de Roma empezaba a deshacerse de competidores después de haber fagocitado discretamente todos los cultos pre-cristianos que encontró por el camino. Los ritos de la naturaleza, los que señalaban equinoccios y solsticios, son transformados en fiestas cristianas: germinación, floración, siembra, cosecha. Los lugares de cultos llegados de Egipto se convierten en otras tantas vírgenes marianas. Primeras victima de la hoguera Jeanne Labarthe, acusada de brujería.
Dos mil años de cristianismo parecen a muchos prueba de que toda esa arquitectura que se asienta sobre Pedro, el apóstol elegido por Jesús, tiene que ser de origen divino. Durante estos veinte siglos, los papas se han sucedido dispares a la idea que finalmente ha calado. Los ha habido casados y con hijos, incestuosos, avaros de riquezas, envenenadores, indiferentes a la desgracia ajena, misóginos, disolutos. Y no solo ellos sino sus jerarquías. Les ha protegido siempre una misteriosa comunicación e impunidad con el mismo Dios.
La democracia no ha hecho mella en una estructura piramidal que reúne en sí los tres poderes, el legislativo, el ejecutivo y el judicial. En el Papado, el sumo pontífice es Juan Palomo. El privilegio del secreto de confesión, la excomunión, la absolución, el arrepentimiento son poderosas armas para dominar a la feligresía, especialmente desde que Lucio III estableció en 1184 la Inquisición para combatir a los cátaros. La española se estableció en 1478 y fue especialmente virulenta en tiempos de Torquemada. No se salvan las iglesias protestantes que tuvieron su Dies Irae en el centro y norte de Europa. Miguel Servet murió en la hoguera ginebrina.
El escándalo de pederastia generalizada que se ha sacado a la luz del día en Estados Unidos, Irlanda y Alemania, ha permitido descubrir que el Gran Inquisidor Ratzinger, cabeza del Santo Oficio (especie de KGB vaticano) antes de convertirse en Benedicto XVI, sostiene que no conocía el asunto cuando se han dado casos en el Coro que dirigía su propio hermano. Para el Sumo Pontífice, aún siendo abominable, la pedofília de los sacerdotes se castiga pidiendo perdón y siendo comprensivo con los pecadores. Es el pecado el que es odioso pero al sacerdote arrepentido se le traslada de parroquia y queda en condiciones de repetir sus atentados en otra parte.
En el mismo Domingo de Ramos, el Papa ha dicho con firmeza:”Jesús nos conduce hacia lo que es grande, puro. Nos lleva hacia el aire salubre de las alturas, hacia la valentía que no nos deja amedrentarnos de las murmuraciones de las opiniones dominantes, hacia la paciencia que soporta y sostiene al otro”. Una parte de los católicos anti-relativistas son los primeros en querer difuminar el problema para lo cual relativizan la pedofilia de los sacerdotes declarando que “el aborto es más delito por ser asesinato, que la pedofilia”.
En España, todo el mundo se espera a que, de un momento a otro, empiecen a hablar victimas de estos educadores religiosos cuyo delito es superior al de otros pedófilos ya que se les confía los hijos e hijas por la confianza especial que se pone en curas y monjas. Seguramente, en previsión de lo que pueda suceder en nuestro país, Monseñor Martínez Camino ya está preparando los autobuses para traer multitudes a Madrid a oponerse a la conspiración judeo-masónico-comunista contra la Iglesia. Y seguirá pidiendo más dineo para sus ingeniosas campañas de publicidad. Y la gente normal, recordamos a Vicente Ferrer, Teresa de Calcuta, Ellacuría, Monseñor Romero y los miles de misioneros que se dejan la vida fuera del lujo, el confort y la hipocresía.

El 23 de marzo de 2010 constituye un hito dentro de la Historia de los Estados Unidos. Barack Obama
Lo de Mayor Oreja es de manual. ¿Cómo reverdecer los marchitos laureles de nuestra juventud? ¿Teñimos esas canas? ¿Bronceamos esa curtida piel? Un poco de cada cosa, sin exageración, lo justo para recordar un Jean Gabin que tanto enamoraba a nuestras abuelas desde las pantallas de los años treinta.
Cuando recibo comentarios a lo que escribo sobre Cuba, enseguida sé quién está a favor del castrismo o en contra. Basta comprobar si utiliza la expresión “bloqueo inhumano” o la palabra “embargo”. Los primeros repiten como un mantra la definición de Fidel y su gobierno que sugiere la imagen de unos Estados Unidos aislando a cal y canto la preciosa isla caribeña para impedir la entrada de alimentos básicos, de medicinas, de simples utensilios de cocina. Nadie se pregunta por qué dejan pasar todo lo que sea turismo internacional, y permiten libre comercio con el mundo entero exceptuados los EE.UU. La falta de bienes de equipamiento o de productos alimenticios, no se debe a “bloqueo o embargo” sino a la falta de divisas para adquirirlos en el lugar del mundo que La Habana desee, además de una pésima gestión de los recursos propios . Pero la palabra “bloqueo” permite justificar las muchas deficiencias del sistema.
No es difícil explicar por qué Mariano Rajoy es prisionero de sus propias contradicciones. No piensen en la maledicencia que sostiene que no se sabe cuando un gallego sube o baja una escalera. Solo piensen en el dilema en el que se encerró hace ya muchos años.
Vinieron de todas partes atraídos por una ficción que habíamos creado en la España del desarrollismo desaforado del ladrillo y del turismo. España absorbía en una década cinco millones de extranjeros atraídos por un Eldorado tan frágil como cualquier espejismo. Lo que esta invasión representó fue mucho más importante de lo que hemos querido reconocer.

