
En la Historia de España, siempre hemos pasado del negro al blanco saltándonos los grises que matizarían la realidad existencial. Hemos caminado por el filo de la navaja en materia de derecho y justicia, de religión y libertades. Hay una España que siempre “ha de helarte el corazón”. La Inquisición fue creada para luchar contra la herejía cátara del Languedoc francés pero tan pronto penetró en Aragón se destacó por su asentamiento y nacionalización. Aunque no sea rigurosamente cierto: Inquisición es España y Torquemada.
Un Juez llamado Baltasar Garzón, durante 22 años, y desde la Audiencia Nacional, ha perseguido todo lo que era proseguible en este país y fuera de él, tras la muerte de Franco. Desde Filesa y la financiación ilegal del PSOE, al terrorismo de Estado personificado en los GAL ¿Alguien recuerda los “guantes blancos” que se ponía la derecha para sostener que era muy feo utilizar las mismas armas que ETA? El primer GAL fue el Batallón Vasco-Español cuya financiación se atribuía al empresario vizcaíno Luis Olarra Ugartemendía.
La lucha contra ETA y su entorno, dejó de ser cosa de cloacas y terrorismo de Estado (Lasa y Zabala) para combatirla desde el Estado de derecho. El Ministro José Barrionuevo y el secretario de Estado para la Seguridad, Rafael Vera, fueron a la cárcel. La lucha contra el narcotráfico gallego, acabó con clanes como los Charlines, Laureano Oubiña y otras familias de la ruta de la cocaína colombiana. Fueron desmantelados en aparatosas operaciones policiales donde intervinieron hasta 350 policías con Garzón supervisando todo desde un helicóptero. Se comprende que sus colegas alucinasen y naciese así “una envidiosa enemistad”. El Juez de la Audiencia Nacional se convirtió, en el imaginario popular, en el abogado Perry Mason de las películas de antaño.
Muchos jóvenes se preguntarán por el respeto que debería sentir la derecha española, Alianza Popular y PP, hacia un juez capaz de empapelar a un ministro socialista y a un secretario de Estado. Pues no. La derecha más cutre de este país, aquella que empezó a evadir joyas a Suiza en 1976, como Carmen Franco sorprendida en Barajas por la aduana, llegó a salvarse gracias a la generosidad de los vencidos, no de los hijos de los vencedores a quienes no les llegaba la camisa al cuerpo al morir Franco.Pero todos queríamos paz.
Cuando se saca a relucir la Amnistía, la gente joven debe de alucinar. ¿Fueron los perdedores los que amnistiaron a quienes les habían vencido y represaliado durante 40 años o los franquistas que perdonaban a los derrotados del 39 para que regresasen a casa?
Mucha gente presume de lo que hizo para la famosa transición. La verdad es esta: Franco dijo que España sería un reino cuando él desapareciese. Sus incondicionales sostenían que después de Franco estaban las Instituciones, las leyes fundamentales y que todo estaba atado y bien atado. Franco había pactado con Don Juan la venida de Juan Carlos para que se educase en el país sobre el que tenía que reinar cuando se cumpliesen las leyes sucesorias.
Juan Carlos, gracias a la educación paterna, no compartía las ideas que habían querido inculcarle desde posiciones dictatoriales y que tuvo que jurar llegado el momento. Le conocí con 20 años, cuando el Marqués de Mondejar tenía que darle dinero para sus gastos más elementales. La soledad de la Zarzuela era patética mientras doña Carmen conspiraba para que su nieta, casada con Alfonso de Borbón reinase algún día.
A la muerte del dictador, Juan Carlos, con la ayuda de algunos profesores suyos y jóvenes procedentes del franquismo moderado, “la generación del Príncipe”, empezaron la voladura del sistema, paso a paso, con leyes que se contornaban una tras otra. Tres piezas fundamentales: La Secretaría General del Movimiento (Adolfo Suárez), Conferencia Episcopal Española (Vicente Enrique y Tarancón) y Vicepresidencia Primera del Gobierno para Asuntos de la Defensa (Manuel Gutiérrez Mellado). Único ejemplo de quien hereda poderes dictatoriales absolutos y se los devuelve al pueblo, porque tales son sus convicciones. No conozco otro ejemplo.
Los españoles de 1977 aceptaron la “Transición modélica” porque traía la democracia sin violencia. Hablamos de quienes soportaron un régimen aborrecible durante la mayor parte de su vida. Pero en las cunetas de las carreteras, junto a las tapias de los cementerios, había y hay osarios de gente cuyo único crimen fue estar junto a la legalidad de la España de 1936. Los hijos callaron. Hoy son los nietos los que quieren que sus abuelos descansen en paz, como los del otro bando.
En el entierro de Franco, un único amigo de larga capa gris, seguía el féretro del dictador. Un inverosímil fantasma de la Ópera con la estampa más tétrica del mundo contemporánea. Mussolini y Hitler habían sido barridos por el viento de la Historia en 1945. Desde entonces a nadie se le ha ocurrido resucitar partidos que asolaron Europa con racismo y 6 millones de muertos por el hecho de no ser arios. Aquí en España, se ha permitido Falange Española, el sindicato Manos Blancas y la exaltación de doctrinas racistas incompatibles con la Unión Europea y sus democracias.
El intento de Baltasar Garzón de llevar ante la Justicia Universal a Augusto Pinochet por los crímenes que cometió contra la democracia chilena, estuvieron a punto de tener éxito pero ni el gobierno español, ni el británico quisieron llevar más lejos el tira-y-afloja dado el empeoramiento de la salud del dictador. De todos modos, el nombre de Baltasar Garzón se hizo famoso por haber sido el primero en apelar a la no prescripción de los delitos de genocidio. Argentina ha encontrado así la oportunidad de empezar a juzgar a los gobiernos criminales que dominaron el Cono Sur a finales del siglo XX.
En España, durante años nadie había hablado de recién nacidos dados en adopción a familias afines al régimen. No se trata de enjuiciar el pasado como si los responsables estuviesen vivos o en edad de pasar por ese trance. Es la verdad histórica la que debe de reconstruirse para borrar la ignominia que ha supuesto la “Causa General” franquista. Hay que reescribir la verdadera Historia de este país desde 1931 hasta 1975.
Cuando vemos lo que América Latina ha conseguido, gracias al juez Baltasar Garzón, sentar en el banquillo a sus criminales de guerra, y él sale expulsado de la carrera judicial por una discutible prevaricación, según los expertos, uno se pregunta si el Consejo General del Poder Judicial, el Supremo y todos cuantos han contribuido a este escándalo internacional, son conscientes del daño que se están infligiendo a sí mismos. Por deshacerse de un juez envidiado, se han disparado en el pié. ¿A quien se va a convencer de que el caso Gürtel no está siendo escamoteado a la Justicia?
Cuando en España se deja libre por error un asesino pederasta que vuelve a matar sin que se haya percatado nadie que no estaba cumpliendo su condena inicial, cuando los procesos se eternizan, se dictan sentencias tardías y mal, cuando Federico Trillo se libra de responsabilidades por el Yak-42, se eterniza la resolución sobre el Estatut, no creo que le faltase al Poder Judicial el escándalo que se ha organizado a nivel internacional y que le coloca, probablemente lejos de la respetabilidad.