Cuando se buscan soluciones clásicas a problemas que no lo son, se corre el riesgo de que no surtan efecto las primeras. Juan Cruz contó en la SER que se había encontrado en Lima con un mensaje mural: “Cuando encontramos las soluciones nos cambiaron las preguntas”. Un poco es lo que ha sucedido con el ultimatum del Banco de España a las Cajas de Ahorro para que se fusionen en unidades de mayor tamaño.
San Ignacio de Loyola decía que “en tiempos de zozobra no había que hacer mudanza”. Por experiencia personal, creo que son los momentos oportunos para reconsiderar cambios radicales en nuestras vidas o en las de nuestra sociedad. El devenir del apacible río no nos empujará a reforzar el puente pero, si las circunstancias lo arrastran, es evidente que ha llegó el momento de reconstruirlo.
En EE.UU., la facilidad del despido se corresponde con la facilidad de la contratación. En Europa no es así ¿Por qué? ¿Realmente es tan importante el número de días de indemnización por año trabajado cuando muchos no llegan a trabajar un año seguido? ¿Qué beneficia más a un trabajador? ¿Esa indemnización o cruzar la calle y encontrar un puesto de trabajo en los días u horas que siguen su marcha del anterior? Los parados de larga duración ¿se preocuparían de esos días de indemnización por año trabajado o aceptarían sin dudarlo la oferta que le hagan?
L a creación de empresas debe requerir el mínimo de papeleo y que nada frene la creatividad, aunque haya fracasos en los inicios. El capital riesgo aprecia esos fallos, contrariamente a lo que sucede en España, porque significa que los inventos se perfeccionan antes de recibir capital-riesgo para su desarrollo. Hubo un tiempo en que se valoraba la larga vida laboral en la misma empresa. Hoy en día, se busca más el empleado capaz de versatilidad ante las nuevas tecnologías que el deformado por lustros de tareas repetitivas.
Más de 3,5 millones de Pymes constituyen el grueso del tejido industrial de este país. Son empresas de menos de 50 trabajadores en su mayoría. Cualquier apoyo a quienes contratasen uno o dos desempleados, resolvería el tremendo paro de 4,5 millones de buscadores de trabajo. Aprovechar la actual situación para dar nueva formación profesional a los menos cualificados, será de gran utilidad para ofrecer al país un nuevo tejido industrial y reducir el actual, demasiado volcado hacia el ladrillo. La innovación es imprescindible.
Hace años que hablo de la economía sumergida. En los principios de la democracia, un estudio de la Universidad de Salamanca o Valladolid, no encuentro el recorte de periódico de la época, hablaba de un 25% de trabajo clandestino. Ahora ya, con más precisión, se menciona un 23%. ¿Qué hacer con ese dato? ¿Perseguirlo sería aumentar el paro oficial. Si no hemos tenido los violentos disturbios callejeros de Atenas, que dejaron 3 muertos en el asfalto, es porque, realmente, no alcanzamos esos 4,5 millones de parados. Es mejor atacar el fraude fiscal que desbaratar esa economía de subsistencia que permite una calma social bien considerada en España y fuera.
Si los jóvenes tienen un 40% de paro, sería interesante movilizarlos para realizar obras sociales a cambio de retribuciones aceptables para quienes tienen menos necesidades que la generación anterior. La experiencia del voluntariado con motivo de la Olimpiada de 1992 o de la Feria Internacional de Sevilla puede dar una idea del potencial del que disponemos. Hay que buscarles tareas. ¿Educación digital de grandes masas rurales? ¿Ayuda a la dependencia? ¿Albergues y Comedores para gente necesitada? ¿Reforma de viviendas?
El enorme parque de viviendas invendidas puede invertir la tendencia, nefasta para España, de la propiedad masiva. Nuestro país es el de menor movilidad de todo el mundo desarrollado. Ansiar la propiedad de nuestra vivienda es privarnos de la posibilidad de acudir allí donde haya trabajo. Entre otras razones porque allí no encontraremos alquiler a precio razonable a la vez que nos vemos obligados a alquilar nuestra propia vivienda para seguir pagando la hipoteca. Si el nuevo empleo no funciona y regresamos a nuestra ciudad, ya tenemos un problema serio.
En el año 2000, España contaba con 40.264.000 habitantes. En 2009, una década más tarde, somos 46.180.000, un incremento de 5.926.000 habitantes. Esos 6 millones de incremento corresponden a inmigración y a un repunte de natalidad española, hasta hace unos años, una de las más bajas del mundo. Cada vez vamos a necesitar más esos inmigrantes. Muchas mujeres españolas han podido acudir al mercado laboral porque una inmigrante las ha liberado de sus tareas de madres y amas de casa.
Iñaki Gabilondo, forma parte de sos periodistas que en tiempos de incertidumbre como los actuales, buscamos el modo de animar a la gente para que no se deje arrastrar por el desagüe de la desesperación. Ha traído a su magnífico programa “HOY” de CNN+, personas como Carlos Barrabés que ha montado un negocio a escala mundial desde Benasque, una pequeña población del Alto Aragón. También ha traído al programa a Ana Morato Murillo, responsable del Observatorio de Prospectiva Técnico-Industrial, ha conseguido identificar más de 65 huecos de oportunidades para desarrollo de empresas españolas. Vale la pena enumerar algunas.
La “Marca España” se asocia con calidad de vida y ahí disponemos de clima, comida, asistencia a mayores, etc…Si hemos sido campeones en la construcción especulativa, debemos ahora enfocarnos hacia las ciudades inteligentes. Nuestra cocina y nuestros cocineros ocupan los primeros puestos internacionales y España ocupa la posición de Plataforma del Sur del continente donde se ofrece la mejor calidad de vida. La e-salud (telemedicina, teleconsulta, etc…) abre posibilidades enormes en las nuevas tecnologías. Los vehículos híbridos van a absorber mucha mano de obra del sector auxiliar aunque parte de la producción de las marcas se ha desplazado hacia Asia donde los costos laborales son más bajos.
No hay que sacralizar la seguridad de un puesto de trabajo. Se ha demostrado que ninguno está a salvo de la quiebra y el despido ¿entonces por qué no aprender a vivir dentro del riesgo controlado por nosotros mismos? ¿Cuantos inmigrantes han abierto restaurantes o tiendas especializados en comida y productos de sus países de origen y aguantan la crisis mejor que quienes se empeñan en obtener un puesto de trabajo a la antigua usanza?
Varios parados pueden aunar recursos económicos y energías y crear sus propias empresas. Amas de casa que cocinan para terceros, cuidado de niños o animales de compañía, enseñanza, acompañar enfermos, etc… La imaginación no tiene límites pero hay que ejercitarla en vez de dejarse llevar por la corriente de los acontecimientos so pretexto de que otros han de resolver nuestros problemas. Un poco de autocrítica nunca le ha hecho daño a nadie. Y no piensen primero en que necesitarán dinero. Eso es lo de menos. ¡Compruébenlo!