Un artículo en Facebook, remitido como a otros periodistas por Manuel Tapial, de Barcelona, y una tertulia alrededor del mismo asunto de los secuestros (“La Noria”, Telecinco, 28 de agosto), me incitan a reflexionar sobre el tema. El asunto está candente tras la liberación de Albert Vilalta y Roque Pascual, los dos cooperantes catalanes que estuvieron secuestrados en el Sahel maliense durante 268 días, casi nueve meses.
La tesis de Tapial, participante de la “flotilla” que llevaba ayuda a la población de Gaza, es que el gobierno español aplicó varas de medir diferentes según fuera el “secuestro” del “Marvi Marmara” por Israel en aguas internacionales, el del pesquero vasco “Alakrana” o el de los cooperantes catalanes secuestrados en el Sahel por Al Qaeda del Magreb. Para él, todos los secuestros deberían ser tratados por el gobierno español de la misma manera, sin discriminaciones, como si hubiese un protocolo único. Ni son iguales las circunstancias ni las motivaciones que provocaron los graves incidentes.
1) La flotilla que se dirigía a Gaza, sabía que llevaba rumbo a una zona de guerra. El hecho de haber sido atacado el “Marvi Marmara” en aguas internacionales sirve para criticar al Estado de Israel, lo mismo que las muertes que causó contra gente desarmada pero lo que es evidente es que la flotilla iba a desafiar a los judíos. Si no sabían cual iba a ser la reacción de Tel Aviv es que desconocen totalmente el conflicto y el historial bélico de Israel. En segundo lugar, la estancia de los detenidos en Beersheba es similar a la que se produce con cualquiera que viola las leyes de un país reconocido internacionalmente y que mantiene relaciones diplomáticas normales con nuestro país. Moratinos hizo las gestiones pertinentes con el embajador israelí en Madrid. Un exaltado que ha comentado el texto de Manuel Tapial, ha sugerido que deberíamos haber roto relaciones diplomáticas con Israel. Puestos así ¿por qué no declararles la guerra?
2) El atunero vasco “Alakrana” fue secuestrado el 3 de octubre de 2009 por piratas somalíes fuera de las aguas territoriales de ese país y no fue liberado hasta el 17 de noviembre, 47 días más tarde. Se afirma que el pago del rescate se elevó a 2,7 millones de euros. Intervinieron, además del Ministerio de Asuntos Exteriores, el de Defensa que mantiene una fragata en la flotilla de la U.E. que protege una amplia zona del Océano Índico. La extensión de este mar es equivalente al 20% de la superficie de nuestro planeta por lo que se acotó un rectángulo de aguas frente a las costas de Somalia. Dentro de esta inmensidad de mar, aviones y buques de guerra pueden ayudar a los atuneros dentro de un espacio de tiempo razonable. Cuando el Alakrana fue sorprendido por los piratas, se encontraba faenando fuera del perímetro protegido por la Unión Europea.Para el rescate, intervinieron abogados londinenses especializados en este tipo de intermediación.
3) Los cooperantes catalanes que fueron secuestrados en Mauritania dirigiéndose a Senegal, cayeron en manos de lo que se denomina “Al Qaeda del Magreb Islámico” ( AQMI). Eran dos hombres, Albert Vilalta y Roque Pascual y una mujer, Alicia Gámez. Esta fue liberada en marzo. Los varones en agosto, tras 268 días. Los tres fueron llevados desde donde fueron capturados entre Nuadibú y Nuakchot al desierto del norte de Mali. En la liberación de estos últimos han intervenido, además de dinero, países amigos con sus policías. El rocambolesco asunto de que Omar el Saharahui, el hombre condenado por el secuestro, fuese liberado en Bamako y apareciese poco después conduciendo el vehículo que conducía a los dos españoles hacia la libertad, tendrá que explicarse tarde o temprano porque forma parte de la operación liberadora.
Ahora conviene entrar en el análisis de estos rescates. El de la flotilla: un claro desafío a un país en guerra, Israel. Riesgo asumido conscientemente. También pretendía poner en mala situación la política española en Oriente Medio considerándola pro-sionista. Los activistas-cooperantes podían haber intentado llevar la ayuda desde Egipto, por el Sinaí, pero se buscaba el enfrentamiento directo con Israel y no con Egipto.
Reclamar el apoyo de tu país es natural pero si las fuerzas navales desplegadas en el Índico han señalado un perímetro rectangular donde consideran que la vigilancia militar puede ser efectiva; pescar fuera de esa zona es hacerlo bajo nuestra propia responsabilidad. No se puede luego acusar de pasividad a las autoridades de tu país por llevar las negociaciones con la lentitud necesarias, en una región donde solo hay interlocutores insolventes.
La importante caravana de Acció Solidaria para el Sahel no provocaba a nadie y circulaba por una carretera mauritana de riesgo medio. No hubo provocación ni inexperiencia. En el caso del Alakrana el secuestro se realizó desde Somalia, un estado fallido. El mal llamado “secuestro” por parte de Israel fue una detención en toda regla. Que se produjese en aguas internacionales y con muertos en el asalto del “Marvi Marmara”, todo eso es condenable y ha logrado el rechazo internacional así como poner en apuros al primer ministro Benjamín Nethanyahu. Los cooperantes catalanes de Acció pretenden seguir aportando su ayuda a África aunque buscando rutas más seguras.
El debate de “La Noria” en Telecinco, planteaba dos tesis opuestas. La primera: Prohibir la ayuda ciudadana a pueblos necesitados, tachando despectivamente ese voluntariado de “turismo solidario” y no pagar rescates a secuestradores para demostrar que somos un Estado de Derecho e impedir que ese dinero sirva para producir nuevos secuestros o muertes. La otra tesis sostenía que canalizar la ayuda al desarrollo de gobierno a gobierno es favorecer la corrupción de los dirigentes del país receptor. Menos Gran Bretaña, que presume de no ceder ante el chantaje –y alberga el bufete de abogados que se encarga de las transferencias a los secuestradores somalíes– todos los demás países han pagado. Un Estado como el francés de Sarkozy que presume de fortaleza, ha lanzado sin éxito un ataque contra el AQMI y aunque consiguió matar unos cuantos secuestradores también logró que los supervivientes asesinaran al rehen Michel Germaneau, razón de ser de la operación militar.
Los de la línea dura piden que se mande el Septimo de Caballería contra los secuestradores y se acabe con el banditismo. Llevamos siete años en Afganistán y no hemos acabado con Al Qaeda pese a los 130.000 hombres y mujeres encargados de llevar a cabo esta misión. En el siglo XIX, fracasaron los británicos en Afganistán contra los pachtunes, en el XX los soviéticos y en el XXI me temo que los miembros de la OTAN sufrirán el mismo destino. A muchos les extrañarán estos secuestros. Se olvidan de la piratería con rescate de los siglos XVII y XVIII. El propio Cervantes estuvo preso en Argel por los piratas de su tiempo.
Los sucesos que un grupo de activistas canarios y aragoneses han protagonizado en El Aaiún han sido tan desafiantes como los del “Marvi Marmara”. No se podía contar con la pasividad de una policía perteneciente a la dictadura marroquí. Incluso en la España democrática, que once extranjeros organizasen una manifestación en San Sebastián, reclamando la independencia de Euskadi, habría salido con magulladuras si no estaba autorizada.
Nadie duda de las buenas intenciones de los participantes pero han sido irresponsables al colocar a nuestro país en una situación muy incómoda frente a Marruecos. Se trata de un desafío a Rabat cuando acabamos de solucionar un problema similar que activistas rifeños crearon frente a Melilla, desde su territorio, no dentro del nuestro. Acudir a El Aaiún con visados de turista es una forma de aceptar la autoridad de Rabat sobre el ex-Sahara español, es ponerse a sabotear nuestra política internacional buscando la brutalidad policial que apele al revanchismo de los españoles. Y de paso que la oposición del Partido Popular acuse al gobierno de debilidad. Me recuerda el episodio de Jorge Moragas, del PP al que no se le dejó entrar en Cuba con su mochila sabiendo que el suyo era un viaje de provocación.
En resumen: los cooperantes de las ONG hacen un trabajo que difícilmente pueden hacer los gobiernos si no quieren que la ayuda al desarrollo vaya al bolsillo de los dirigentes autóctonos corruptos. El gobierno debe ayudarles en caso de ser secuestrados pero, posteriormente, el dinero pagado en los rescates debe ser reembolsado por los beneficiarios. Lo mismo en cooperación que con activistas o deportistas que no hayan calculado las posibilidades de fracasar en su actividad.