Albarracin y Gervasio Sánchez
En Julio de 1993, me fui al Sarajevo sitiado por los serbios más xenófobos de la República que fuera de Yugoslavia. “Wellcome to Hell!” (Bienvenido al infierno) rezaba una enorme pancarta en la fachada del aeropuerto. Dentro del avión militar francés palets con avituallamiento para la población y los soldados de UNPROFOR. Tres periodistas, Enric Martí, Pasquier, una periodista de La Tribune de Genéve y yo que iba por mi cuenta pero con la acreditación de Tiempo (luego vendí mi trabajo a Diario 16). En el infierno de Sarajevo conocí a Gervasio Sánchez y Alfonso Armada. Representábamos la vieja y la nueva “tribu” como denomina Manu Leguineche a esa bandada de periodistas que cual cernícalos arriba a “donde hay tomate”.
Mis compañeros no sabían que yo era el que había fotografiado en Sierra Maestra a Fidel Castro, Raúl y el Che Guevara con ciento y pico de hombres,nueve meses antes de que cayese Batista. Mis dos jóvenes colegas no comprendían cómo las enseñanzas de periodismo en la universidad no hablaban de tipos como yo. A mi no me extrañaba pero a ellos les indignaba. Desde aquel momento, Gervasio, que podía ser mi hijo por la edad, se convirtió en mi padre por el poder de convocatoria que tiene y su tenacidad de luchador para las causas difíciles. “Resucitarme”ante las nuevas generaciones, no le fue tan duro como acabar con las bombas de racimo o el uso de niños-soldados en las guerras.
En 2001, Gerva, como cariñosamente le llamamos todos, me invitó a dar una charla a los alumnos del Primer Seminario que, con La Fundación Santa María de Albarracín, organizaba en tan agreste ciudad de la provincia de Teruel. Y ahí, en el inicio de estos encuentros que han cumplido una década de éxitos, me encontré con dos centenares de alumnos y unos cuantos profesores. Después de mi charla, los estudiantes me preguntaban que de donde salía yo y donde había estado escondido. No sabían lo que fueron aquellos años de “A Toda plana”, primer programa informativo de TVE fuera de los telediarios (anterior a Informe Semanal), Los Reporteros, con Miguel de la Quadra, Jesús González Green, Ángel Marrero, Diego Carcedo, Javier Pérez Pellón y yo. De siete años de mi revista “Los Aventureros”, de su versión británica o la emitida por RNE, de “Robinson en África” para RTV2, no sabían nada por edad o porque el periodismo de nuestras facultades de Ciencias de la Información no quieren saber nada de los que aprendimos el oficio en la Universidad de la vida, en las calles, montañas y desiertos de países lejanos.
Para celebrar el décimo aniversario de este Seminario, que recomiendo a quien quiera darse un baño de buen trabajo realizado en talleres con profesores experimentados, 300 alumnos han logrado plaza y otros 60 no han sido aceptados porque Albarracín tiene 1.100 habitantes y la invasión de tanta juventud se hace notar aunque todo el mundo encuentra alojamiento y restaurantes de alta calidad. A mi me correspondió un hotel de los llamados “con encanto”. La Casona del Ajímez solo tiene 6 habitaciones que conservan el sabor de otros siglos pero con la comodidad de hoy. Yo ocupaba la habitación del Canónigo con los muebles acordes con la época y Lourdes (655.843.207), la propietaria, capaz de regalar una bufanda a este octogenario.
Impresiones de mi estancia en este X Seminario de Fotografía y Periodismo 2010: Es una juventud muy preparada, afable, respetuosa, cariñosa pero con una gran dosis de preocupación ante el futuro de su profesión. Está desorientada por la cantidad de despidos que se han producido en los medios de comunicación en los últimos dos años. He intentado decirles que con el pesimismo no se va a ninguna parte y menos se conjuran los efectos de la crisis. Simplemente estamos metidos en dos círculos concéntricos en los que el primero representa la crisis económica y el segundo, la tecnológica que tan brutalmente afecta a la industria de la información.
Para la prensa, sus primeros reveses aparecieron con los diarios gratuitos que se llevaban gran parte de la tarta publicitaria destinada al papel impreso. El contenido informativo de esos diarios era de poco presupuesto porque las agencias brindaban una información barata por ser la misma a una clientela numerosa. La siguiente embestida apareció con la reducción de los presupuestos de las empresas como respuesta a la de las economías familiares. El miedo a perder el trabajo los que aún lo tenían, hizo que las familias redujesen sus gastos superfluos y se lanzasen sobre las marcas blancas, eliminasen algunas comidas fuera de casa y abaratasen sus vacaciones. El resultado: se deja de comprar prensa en los quioscos y se sustituye por la lectura de los digitales y la publicidad de los anunciantes empequeñece para defenderse de la caída del consumo.
Los medios impresos, atacados en sus dos fuentes de ingresos, ventas y publicidad tantean su clonación digital a donde se resiste a ir la publicidad cuyo control está en los seniors de las grandes marcas. Los jóvenes publicitarios sí confían en los medios digitales pero antes tienen que arrebatar el mando o cambiar la mentalidad de los dinosaurios, grandes consumidores de publicidad sobre papel. Entre tanto, se discute si Internet va acabar con el periodismo y si la información pierde credibilidad cuando todo el mundo puede entrar en los multimedia de la pequeña pantalla (pronto de la grande). No, el periodismo será siempre el mismo, ir a ver lo que sucede allá donde suceda y narrárselo al lector, oyente o espectador.
Las dos crisis han supuesto la expulsión del mercado laboral de 2.000 periodistas solo en Madrid, lo que produce cada año el conjunto de Facultades de Ciencias de la Información. Antaño. las madres querían casar a sus hijas con ingenieros de caminos. Mi padre periodista insistía en que yo fuese diplomático. Abandoné derecho en en cuarto con asignaturas pendientes de tercero. Hoy en día se ha prestigiado demasiado esta profesión de golfos y aventureros que vivimos a trompicones su etapa más gloriosa. Aquella en la que un colega neoyorquino se encontraba con un amigo del pueblo y se despedía de él diciéndole: “Si ves a mi madre, no le digas que soy periodista. Ella se cree que soy pianista en un burdel”.

No recuerdo las circunstancias pero sí que hacía 50 años que nos conocíamos y que nos llevábamos poquísima diferencia de edad. Este barcelonés alto, afable, cosmopolita llegó a ser un mito de la radio con su programa, “Ustedes son formidables”.
En el país del “ya lo decía yo, o mi padre o mi madre, o mi abuela…. decían” no es de extrañar que la crítica política se haga siempre a toro pasado, igual que los resultados de los partidos de fútbol. Las alineaciones de los equipos se hacen a posteriori y
Mr Roig era un mallorquín muy conocido en Manhattan por su excelente y veterana Librería española. Cuando estuve involucrado hasta las cejas en el “ABC de las Américas” desde el diseño del proyecto hasta mi dimisión en diciembre 1972 tras anunciar que la empresa no aguantaría más allá de marzo 1973. No me equivoqué ni de un mes. Esta librería hispana vendía nuestra publicación y de ahí nuestro contacto con aquel emigrante balear.
Cuando al Mariscal Lyautey, máxima autoridad en el Protectorado francés de Marruecos, le explicaron los ténicos que el olivo requería varios años antes de que diese frutos , el militar respondió con firmeza: “Pues hay que empezar hoy mismo”. El 29 de septiembre, día de la huelga general, 


