Generación sacrificada y Generación mimada
Ser realista no implica ser pesimista y ser optimista no es sinónimo de indocumentado. La situación en España y en el primer mundo, es peor que la que disfrutó esa misma zona hasta hace dos años. Si la comparamos con el tercer mundo, vivimos descaradamente en la abundancia. Para tener una visión del caso concreto de nuestro país, basta con ser octogenario como yo y volver la mirada atrás para ver qué hicimos bien y qué hicimos mal.
España ha recorrido mucho camino para salir del subdesarrollo que nos tenía a la cola de Europa desde finales del XIX. S e estima que un siglo lo ocupan tres generaciones, es decir, 33 años cada una. El esfuerzo que han realizado las dos generaciones anteriores a la actual, puede concentrarse en dos factores: emigración y ahorro. Por un lado una emigración forzada del campo a la ciudad y de todas partes, igualmente forzada, al extranjero por culpa de la guerra civil española. Ingentes masas de compatriotas se tiraron a la piscina sin saber nadar, con mucho analfabetismo, miedo a lo desconocido y echándole mucho coraje. No tenían nada y fueron a buscarlo a otras tierras. Nuestros emigrantes, y el turismo que empezó a visitarnos, financiaron el desarrollo español.
El dinero fluía hacia España y aumentó con la inversión extranjera y los fondos para el desarrollo que Bruselas nos daba tras nuestra entrada en el Mercado Común (1º enero 1986). Así se hizo el milagro español, con el sacrificio de una generación que no tenía nada y quiso tener lo que los demás ciudadanos europeos habían tenido desde mediados del siglo anterior. Pero esa generación sacrificada no tuvo infancia y eso lo llevó grabado muy dentro de sí.
El milagro español dejó rápidamente el “seiscientos” atrás y empezó a disfrutar de la casita en la Sierra o el pisito en la playa. Ellos habían sido capaces de trabajar en tierras cuyos idiomas y costumbres les eran ajenos, carcomidos por la nostalgia de su patria chica y añorando un regreso que se veía retrasado cada vez más. Se establecieron lazos familiares con otros pueblos y con ello aparecieron nuevos frenos que dificultaban a veces el regreso a España.
Los jóvenes españoles vieron cómo la construcción y el turismo les aportaban medios de ganarse la vida sin necesidad de tener una educación siquiera media. Nos convertimos predominantemente en un país de albañiles y camareros. Más bares, restaurante y construcción de viviendas que en todo el resto de Europa. Algunos, con estudios superiores, emigraron a países donde la investigación estaba bien remunerada y donde nuestros licenciados podían seguir aprendiendo.
En el desarrollismo, se cometieron muchos errores que no se veían porque la mejora de la situación de las familias estaba aumentando de forma creciente y sin nubes en el horizonte que amenazasen el progreso económico. En poco tiempo, la peseta empezaría a valer 166 veces más sin que hubiésemos hecho nada para que nuestro trabajo incrementase su valor. Esta todo el mundo jugando con dinero del Monopoly, <Nos creíamos más ricos y nos parecía que ello era suficiente para serlo.
La educación de los hijos se generalizó en familias cuyos padres habían trabajado, a veces, siendo analfabetos o sin tan siquiera tener estudios primarios. Esos padres llegaron a hacer colas para inscribir a sus hijos en la escuela pero al mismo tiempo daban a estos todos los caprichos que ellos no disfrutaron en su infancia. Entre los jóvenes empezó la guerra de las marcas en la ropa, el anhelo del último juguete electrónico. Los padres habían proclamado el destierro de la alpargata y del desahucio por impago del alquiler que sufrieron los abuelos. El zapato de cuero y la compra de la vivienda se convirtieron en Eldorado de la generación sacrificada en cuanto pudieron mimar a sus hijos. Nadie se quejaba. La bonanza iba a ser eterna.
Si en el Tercer Mundo vemos cómo se lucha contra la pobreza con la fabricación de ladrillos de adobe, en España nos lanzamos en la construcción porque erróneamente se pensaba que siendo propietarios de nuestra vivienda, nunca tendríamos que temer los embargos y, además, el aumento continuo de los precios de los pisos los convertían en inversiones de rentabilidad muy superior a la de las cuentas bancarias o libretas de ahorro. Los incentivos colaboraban a dar vida a la burbuja de la construcción.
Ha habido muchos padres de la generación sacrificada que no han visto mal que sus hijos e hijas abandonasen los estudios para irse a trabajar al andamio o la barra del bar por sueldos a veces superiores a los dos mil euros cuando los licenciados de cualquier carrera apenas alcanzaban los mil. “Al fin y al cabo, se decían los progenitores, “a los 15 años yo estaba trabajando por cuatro perras”.
Calculo que hay unos tres millones de parados verdaderos y un millón y medio más que figuran en el paro –incluso algunos cobran el paro– y que trabajan en la economía sumergida. Atacarse a ese sector que produce el 23% de nuestro PIB, significaría que el gobierno tendría que incrementar las ayudas al desempleo y endeudarse más de lo que está..
Es preciso, ahora mismo, empezar a prestigiar la formación profesional. Al contrario que Alemania, que tantas veces menciona Mariano Rajoy en sus ataques al gobierno, España tiene más licenciados y doctores por millar de habitantes y menos cuadros técnicos intermedios. La calidad de los productos “Made in Germany” convierten a Alemania en un exportador de primer orden. Su formación profesional permite, además, el salto a la universidad.
La movilidad es un factor positivo en todas las sociedades modernas. Esta permite acudir allí donde se necesitan profesionales que, en su entorno inmediato, no encuentran trabajo. La compra de la vivienda por parte de veinteañeros es echarse encima una cadena perpetua, atarse a un carro del que van a tener que tirar toda su vida. Su formación, la búsqueda de mejores condiciones de trabajo, el aprendizaje de idiomas, la experiencia que vivieron sus padres en otras tierras con otras costumbres, todo ello queda escamoteado al joven de la generación mimada, a cambio de tener todo asegurado en casa de sus padres.
En mi generación, salíamos pitando de la casa paterna en cuanto podíamos. La mayoría de edad eran los 21 años pero conseguí la emancipación a los 18 yendo con mi padre al notario y abrí mi cuenta corriente en el banco a esa misma edad. Eso sí….el más rumboso de mi pandilla tenía una moto Vespa, los demás tardaríamos varios años en acceder a un vehículo propio. La generación actual tiene automóvil desde que saca el carné a los 18 y, sin embargo, paradójicamente tiene menos movilidad que la que teníamos nosotros con su misma edad.
El gobierno sabe que sustituir una masa laboral que estuvo años en el andamio o sirviendo bebidas, no es tan fácil y requiere tiempo y esfuerzo. La innovación, que con tanta facilidad encuentra capital riesgo en EE.UU., no tiene acceso a la financiación privada o estatal en España. En Gran Bretaña, mi socio y yo obtuvimos 120 millones de pesetas para sacar la edición inglesa de “Los Aventureros” (The Adventurers), con dinero detraído de los impuestos que tenían que pagar algunos hombres de negocios. El gobierno de Margaret Thatcher admitía que se destinase dinero de impuestos, a “venture capital” para empresas de interés público, cultural por ejemplo. La pérdida de aquel dinero era un riesgo admitido por ley. En España, el gobierno tiene que legislar una forma similar de canalizar dinero destinado al fisco para que se puedan financiar nuevas empresas que requieran contratar trabajadores .
El gobierno tiene que favorecer las plataformas de desarrollo de innovaciones que puedan hacer mancha de aceite y abrir sectores industriales de tecnologías avanzadas capaces de aportar valor añadido. Las Pymes con menos de 49 empleados representan en España 3.170.466 trabajadores, es decir el 94,5% de todas las pequeñas y medianas empresas (INE 2009). Sobre los 4.149,5 millones de parados de 2009, el 16,16% pertenecían al ramo de la construcción cuando 7 años antes, eran la mitad (8,18%). Además de reunirse con las 25 mayores empresas de España, Rodriguez Zapatero debería arbitrar medidas que faciliten el pago de facturas atrasadas de las administraciones públicas y créditos a las Pymes que se comprometan a no destruir empleo, así como ventajas fiscales para las que no destruyan empleo. Es el sector que más está padeciendo la crisis.


Por mucho que queramos avanzar hacia adelante, hay poderosas fuerzas que nos tiran hacia atrás. Caminar contra el vendaval, que estos días recorre parte de España, es de las experiencias más frustrantes que se puedan vivir. Tres temas forman parte del empeoramiento de la climatología española: Un Papa que mira al Trento del siglo XVI y quiere que le acompañemos en la recristianización de Europa; un Felipe Gozález Márquez que nos trae por el túnel del Tiempo a los tiempos del Gal y el terrorismo de Estado que no le deja dormir. También nos quita el sueño la descolonización del Sáhara, 35 años después de la Marcha Verde.
Adlai Stevenson, el demócrata candidato a la presidencia de Estados Unidos en dos ocasiones, y en ambas derrotado, me dijo en una entrevista que le hice en 1962 durante la crisis de los misiles en Cuba:”El pueblo americano jamás aceptará un presidente que sea superior a la media intelectual del país. 

