Muy pocos occidentales se dan cuenta del giro copernicano que se ha producido en las últimas jornadas de alborotos en Túnez. Desde hace 60 años, los países árabes han sufrido numerosos cambios de dirigentes por métodos violentos pero siempre era para llevar los militares al poder. Las masas eran manejables aunque en manifestaciones son más vociferantes y exaltadas que ningunas. La revolución egipcia trajo al poder a Gamal Abdel Nasser, primer dirigente egipcio de verdad desde Cleopatra que era una Ptolomeo, griega.
Hasta hoy, los regímenes, muchas veces configurados por las potencias occidentales, eran derribados por la fuerza más estructurada de sus países: el ejército. El golpe de los militares egipcios puso de moda el panarabismo. El 14 de julio Faisal II de Irak, primo de Hussein de Jordania, era asesinado por los militares que derribaron la monarquía. Abdel Salem Aref y Abdel Karem Kassem tomaron el poder amparados en el partido Baaz,.
El mundo árabe empezó a verse liberado de las viejas estructuras monárquicas que el Reino Unido había formado en los mejores colegios de Gran Bretaña. Pero también había preparado sus ejércitos por lo que las reacciones occidentales fueron siempre muy mitigadas ante las intervenciones de estos . Se produjo la unión entre Egipto y Siria y se formó la República Árabe Unida bajo la presidencia de Nasser. El autentico gobernante de Siria no fue el presidente Shukri al-Kuwatli sino Abdel Hakim Amer. Estuve muy envuelto en este tema como periodista, consiguiento entrevistar al Coronel Abdel Hamid el Sarraj, jefe de los servicios secretos y factótum de la RAU.
El mismo partido estaba fuertemente instalado en Siria cuando Hafez al Asad, un militar, se hizo con el poder en 1970. Un año antes, el rey Mohamed bin Ali as Senussi que se abstuvo de apoyar a los árabes contra los israelíes, fue destronado por unos súbdit os admiradores de Nasser. El líder del golpe de Estado fue el Coronel Muammar al Gaddafi que rige los destinos de la República de Libia hasta nuestros días.
En Argelia, tras la independencia de Francia en 1962, el gobierno del FLN con Ben Bella de presidente de la República, fue depuesto en 1965 por un golpe militar que puso a Houari Boumedienne en en la presidencia del país. No solo sucedieron estos golpes militares en países árabes sino en otros que eran musulmanes. Bastante de estas formas de acceder al poder, fueron también movimientos similares en América Latina.
Que un joven universitario de 26 años, Mohamed Bouazizi, se queme públicamente a lo bonzo, en el centro de Sidi Boucid, a 120 km al sur de Túnez, para protestar porque la policía le confiscó su carrito de frutas y legumbres, es en sí un fenómeno social. Con aquel minúsculo negocio, ayudaba a su familia. Se lo quitaron so pretexto de que carecía del permiso para esa actividad. Ese hecho de apariencia insignificante ha desencadenado el levantamiento popular contra el gobierno corrupto y dictatorial de Zine el Abidine Ben Alí.
Los países del Magreb tienen la mitad de su población con menos de los 26 años que tenía Bouazizi. Carecen de trabajo, viven la crisis con menos capacidad de defenderse que sus congéneres europeos. Ya han surgido imitadores que se han quemado a lo bonzo en Argelia, cerca de la frontera tunecina. El dictador Ben Alí ha huido con su mujer, Leila Trabelsi, y una tonelada y media de oro. Francia ha negado el aterrizaje en su suelo pese a las excelentes relaciones que tiene con estos países. La Comunidad Europea está silenciosa ante los acontecimientos de Túnez.
Callan España, Francia, Italia….Estamos quizá asistiendo al momento en que los países musulmanes se sacuden la generación de los militares que les liberaron de las monarquías absolutistas para cambiar unas corrupciones por otras. La animadversión del arabismo islámico se ha nutrido de esa indiferencia de Occidente hacia sus problemas. Nos ha sido siempre más fácil tratar con un sátrapa que con un parlamento. Creamos una islamofobia sin intentar comprender el grado de culpabilidad que tenemos nosotros.
Henry Kissinger, el Secretario de Estado Americano que contribuyera a la caída de Allende, decía hablando de Anastasio Somoza de Nicaragua, “es un hijo de puta pero es nuestro hijo de puta!”. Los occidentales pasamos de la política de las cañoneras a la del fomento de la corrupción y sacrificar las masas para facilitar nuestros expolios mediante corrupciones. Cuando Enrico Mattei, creador del ENI italiano ofreció aumentar sustancialmente el porcentaje de comisión a los países productores, las “Siete Hermanas”, petroleras implacables, sabotearon su avión privado en el norte de Italia y murió.
En Egipto ya han empezado los émulos de Mohamed Bouazizi. Hosni Mubarak, el militar que sustituyó al militar Anouar el Sadat que sustituyó al Coronel Abdel Nasser, ve cómo su régimen se tambalea. En todas estas revueltas, Internet y las herramientas tecnológicas, Twitter y Facebook están rompiendo las censuras impuestas por los tiranos. Y Europa se encuentra ante la disyuntiva de ver marchar “nuestros hijos de puta” mientras una encolerizada juventud bien formada en las nuevas tecnologías, sacuden las estructuras de sus países. De Kissinger es también la teoría de las fichas del dominó que arrastran unas a las otras. Ya veremos lo que sucede en el Magreb y Oriente Medio y qué puede suceder con Al Qaeda tras la que se escudaban las corruptas dictaduras. Sostuvímos las dictaduras para facilitar nuestra codicia, y últimamente, también para hacer una barrera contra Al Qaeda. Si la gente leyese más “La Vida es Sueño”, de Calderón de la Barca, comprendería mejor nuestros errores y por qué los árabes musulmanes no nos quieren.