Los españoles y la propiedad
En España el sentido de la propiedad ha tenido múltiples acepciones. No hay que creer que si algunos tienen formas modernas de altruismo, siempre fuimos así. Hemos practicado la rapiña en América y en la misma España. Algunos han heredado ese fenómeno y lo han transmitido a sus descendientes. Hubo un tiempo en el que guerreando contra la España musulmana, algunos cristianos se apoderaron de vastas extensiones de Andalucía convirtiéndose aquellas propiedades, logradas como botín de guerra, en latifundios modernos igual que antes lo fueran de los invasores musulmanes,.
Y nació en aquellos tiempos, el hambre de tierra de los pobres jornaleros que ha llegado hasta nuestros días diversificándose en afán de cultivar una extensión suficiente para vivir o en acceder a la vivienda. El espíritu de aventura que caracterizó una época de nuestra Historia se convirtió en pequeños afanes de supervivencia y seguridad. La guerra civil obligó a buscarse la subsistencia fuera de nuestras fronteras. De tres generaciones que contiene un siglo, dos vivieron la aventura forzados por la guerra civil y la dictadura del pan negro, de Yeserías, de los maquis, de los robagallinas., las alpargatas y el estraperlo.
La busqueda de la seguridad nació en esa diáspora. El sueño de alcanzar la Gloria, con mayúsula, se reducía a comer a diario, cambiar las alpargatas por zapatos bien brillantes, incluso de charol para los peques y con los ahorrillos, se fueron comprando un piso o una casita en la patria chica. Y regresaron con hijos bilingues cuando no de doble nacionalidad. a partir de ese momento, empezaron a maleducarles, a darles lo que ellos nunca tuvieron. Vino la tercera generación del siglo y solo conocían las crisis de antaño que contaba el abuelo, pero ya se sabe, los abuelos chochean, cuentan batallitas mientras los hijos y los nietos mueven la cabeza como si empatizasen con el relato pero, en realidad, corroborando la senilidad. Ellos son la “generación del nintendo”, no entienden de aquellas cosas.
La gente joven se creyó que el Estado democrático iba a asegurarles techo y trabajo porque es lo que dice la Constitución que “todo español tiene derecho a una vivienda digna…”. Otro tanto para el trabajo. Después de eso no extraña escuchar en la televisión quejarse de “nuestra embajada que no nos ha ayudado en nada”. Ellos dicen “nuestra” como si fuese de su propiedad. “¡Es embajada de España, señora!” les decía el diplomñático Alberto Pascual a una a la que habían robado en el extranjero. El brutal incremento de las oposiciones a funcionario subraya esa obsesión por la seguridad. El sueldo mensual, la imposibilidad de despido a un funcionario, la vivienda en propiedad y tras eso convertirse en un árbol firmemente enraizado. La movilidad laboral en España no tiene parangón con ningún otro país de la Unión Europea.
En Irlanda, los jóvenes, sin quejarse, aunque con cierta amargura, reemprenden el camino que tantos irlandeses tomaron a lo largo de los siglos: la inmigración. Aquí, la solución que se busca es sencilla, llevar a la Moncloa al Partido Popular. Después, si Rajoy, como mucho creen, no cumple con su promesa de crear todo el empleo que haga falta, se votará a la izquierda. Con el paro ha venido la xenofobia: los extranjeros que se vayan a sus países…este es nuestro!
La mujer española es siempre propiedad de alguien, de sus padres, de su marido, de sus hijos. Propiedad hereditaria, servicio a domicilio: no está bien que los padres vayan al asilio, no está bien que el marido no esté bien atendido y si pega una bofetada porque ella se quiere liberar, se la mata….al fin y al cabo ¿No hay quien mata a su galgo cuando ya no le sirve? Los hijos no cambiarían el hogar materno ni el botellón del viernes con los amigos por un puesto de trabajo en Alemania. Hay quien lo ha declarado riendo en la pantalla de televisión, durante el telediario.
Se habla de la ley Sinde y aparece enseguida la expresión “Propiedad Intelectual”.Estamos en la Era de la Justicia y ello significa compartir que unos no tengan tanto y otros no tengan tan poco. Los intermediarios, gracias a Internet, están desapareciendo. Ya se compran tomates RAF de Almería, por suscripción. Yo he renunciado a vender mis fotos a través de agencias que se quedaban con el 50% solo me queda, por sentimentalismo, Rex Features de Londres. No me vende casi nade y cuando me quejo, Frank y Sue Selby, me dicen que ellos están viejos y sus hijos “no quieren trabajar el negocio” que, tras huir de la guerra mundial, montaron hace medio siglo en Londres, casi el tiempo que lo he tenido de amigo y agente.
El intermediario ha sido uno de los desastres de la organización comercial del mundo cuando su avaricia lo ha perdido. Miremos hacia donde miremos, hay gente que no produce, que se lñimita a comprar en un sitio y llevarselo a los revendedores qa1swq. A 8 centimos compraban los pepinos de invernadero almeriense cuando el costo de producción era de 38 y en el Super de mi barrio estaba a 1,70 euros. Internet elimina los intermediarios y gracias a ello podrá vivir mejor el agricultor y pagar menos los compradores.
La propiedad, la riqueza, van a reducir las enormes diferencias que todavía existen en la tierra. No es posible que medio mundo tenga problemas de obesidad y que la otra mitad del planeta viva siempre con la hambruna encima. Para ser feliz, no es necesario poseer tantas cosas, amasar fortunas. Basta con amueblar el cerebro de nuestros hijos para que lleven consigo, allá a donde quieran ir, su inteligencia, su formación, su capacidad de improvisar y de ver lo divertida que puede ser la vida siempre que se tenga un mínimo razonable para la supervivencia de un ser humano. Estamos viendo cómo, gracias a Internet se han sublevado 200 millones de seres humanos sin que un líder común los dirigiese. Fué un jóven tunecino, Mohamed Bouazizi, que se quemó a lo bonzo, quien prendió la mecha e incendió 5.000 kilómetros de la región sur del Mediterraneo y Oriente Medio. No son necesarios los caudillos salvapatrias. Basta un teléfono móvil. Es un arma letal para los dictadores.

Desde que en España, los jóvenes nos entusiasmábamos con la entrada de España en la ONU por sus valores democráticos, raros en el resto del mundo, hasta hoy, hemos arrastrado la vergüenza en muchas ocasiones.
Lo conocí hace 47 años en Nueva York donde yo vivía como freelance con ojos y oídos alerta en cuanto pudiese ser de interés para los medios europeos. No solo me ocupé de
No es fácil creer lo de que a la tercera va la vencida tratándose de Rajoy. Puede significar que fracasa por tercera vez o que, por fín, alcanza la tan ansiada victoria. ¿Es falta de carisma? ¿es una estrategia errada? ¿Quizá sea su falta de cooperación en la lucha contra la crisis? Puede que sea todo un conjunto de razones.
Era eso lo que pedía el pueblo durante 18 días. Sencillamente que Mubarak y su familia se fuesen, que los militares dejasen de gobernar el país como lo hicieron desde 1952. Entonces expulsaron al rey Faruk y Gamel Abdel Nasser y los “oficiales libres” nacionalizaron el canal de Suez en 1956. En julio de 2012 se cumplirán 60 años desde que los militares empezaron a regir los destinos de Egipto, perpetuándose a sí mismos.. “Jalás” en egipcio dialectal significa: “Basta”.
Tendría yo 11 o 12 años en el París ocupado durante la guerra mundial. Nos reuníamos en pandilla en las ruinas de un edificio recién derruido. En un hueco del sótano del edificio, chicos y chicas contábamos nuestras aventuras callejeras. Aquel Marcel de boina, chaquetón de cuero negro y pipa, era un pedófilo debutante que organizaba excursiones de chiquillería a las afueras de aquel París de 1942. Uno de nuestros juegos consistía en agarrarnos de la mano unos a otros en círculo y los dos extremos del mismo sujetaban sendos hilos eléctricos que salían de una dinamo. Otro compañero daba a la manivela del artefacto y la corriente recorría el circulo produciendo un telele que se hacía cada vez más insoportable conforme se retiraban los participantes menos resistentes. Algunas veces me propuse quedar el último sujetando los cables solos en mis manos.
Estábamos sentados junto al piano de cola de aquel comedor del Holiday Inn. Era un 

