“El calcetín amarillo”
Ayer, 8 de Junio, las ONG que luchan contra el hambre, la enfermedad y la exclusión entre los más desfavorecidos de la Tierrra, han pedido a la gente que salga con alguna prenda al revés para simbolizar que las cosas pueden verse y hacerse de otra manera. Curiosamente, hace algo más de un año, empecé a hablar de ello a los estudiantes de periodismo que acuden a mi casa en busca de orientación sobre el incierto futuro de su profesión.
Les hablaba de un libro que estaba preparando entonces y cuyo título es “El calcetín amarillo”, evocando el “Yellow submarine” de los Beatles que se recuerda tanto más por el extraño color de un navío de guerra que por convertirlo en pacífico juguete infantil. Yo digo a los jóvenes que “un calcetín del revés sigue siendo un calcetín”, lo que figura como subtítulo del mencionado libro. ¿Cuantas veces nos hemos puesto, por equivocación, un calcetín del revés y no ha pasado nada?
Elsa Punset, en www.somosasí.org recomienda “vestirse del revés para darle la vuelta al mundo”. Apela a una fuerza no suficientemente valorada en una etapa como la que vivimos donde no hay dinero pero sí existe la fuerza de la solidaridad. Solidaridad y voluntariado, en este orden. Internet permite saltarse los intermediarios en muchas actividades, no depender de rígidos horarios para desempeñar la mayoría de trabajos. Salvo el comercio cara al público que requiere puntualidad en la apertura y cierre de tiendas tradicionales, los demás trabajos pueden llevarse a cabo desde el domicilio, en forma de tareas, sin más limitación que una fecha y hora tope o “deadline”. Esto abre el camino a la supresión de transportes saturados, carreras a guarderías para entrada y salida de los niños. El estrés desaparece con el trabajo realizado en casa sin largos tiempos perdidos en ir y venir entre hogares y despachos.
Acostumbrados a ponernos siempre los calcetines del derecho, nunca hemos pensado que hubiese otra manera inócua de ponérselos. Estamos acostumbrados a vencer los obstáculos como lo hicieran nuestros, padres, abuelos, antepasados. Pero no se nos ocurre perturbar lo que consideramos, por comodidad, perenne. “Si buscas algo diferente, no hagas siempre lo mismo” (Albert Einstein). Así es como a muchos les encanta el “Calendario Zaragozano”, las rogativas a santos, vírgenes y cristos. Muchas de las soluciones a nuestros problemas las queremos resolver de forma milagrera en lugar de buscarlas, nosotros mismos, con nuestro esfuerzo. Internet nos pone a mano velocidad y gratuidad. Pero la costumbre, la rutina del pensamiento y las creencias, nos hacen quitar el calcetín mal puesto y volverlo a poner al derecho.
Dentro del periodismo –pero sucede lo mismo en otras muchas profesiones– hay más de 20.000 licenciados que, después de cinco años de universidad (yo creo que mi profesión es un “oficio”, como el de carpintero), nuestros estudios están en la calle, en la vida cotidiana. Los títulos universitarios son para médicos, arquitectos, ingenieros no para una profesión que requiere saber sortear obstáculos, siempre diferentes y, con frecuencia, inesperados. El don de la improvisación y del análisis no se estudian en las facultades de periodismo. Los medios ya pueden subsistir sin consumir papel, ni fotomecánica, ni distribución con las correspondientes comisiones. El horario de cierre de una edición ya no existe. El medio se renueva conforme se suceden las notticias.
Las costosas corresponsalías permitían antaño presumir de periodistas destacados fuera de nuestras fronteras y conocedores de la zona, sus gentes e historia, cual embajadores del medio. Hoy, cualquier joven que se instale en un punto sensible para la información, y se ponga a estudiar idioma, cultura, historia, política e idiosincrasia, puede aprovechar los acontecimientos de importancia internacional que se presenten y que los cubra para todos los medios. Podrá buscarse uno o varios “retainers fees“, primas mensuales que aseguran la primera oferta de información para medios escritos, radiofónicos o televisivos. De todos modos, el periodista deberá asegurarse otros ingresos para sobrevivir adecuadamente.
Los diarios o radios de barrio, antes imposibles de mantener, ahora solo requieren una arquitectura digital y el conocimiento de las herramientas más usuales. La publicidad local permite la subsistencia del medio que cubre la actualidad de una parte concreta de la ciudad. La publicidad puede tarifarse hasta por horas de exposición. La movilidad del medio permite una explotación novedosa de la publicidad. Estamos hablando de nuevas formas de rentabilizar para un pequeño número de personas un medio de cobertura territorial limitada.
Si los españoles no se acobardasen, como lo hacen en la actualidad por miedo a un futuro que no quieren explorar, verían las cantidades de nuevos trabajos que permiten Internet y las redes sociales digitales. Las cosas ya no se hacen como las hicieron nuestros antepasados, ni siquiera nuestros padres o nosotros mismos hace unos años. Únicamente sobrevivirán quienes sean capaces de adaptarse, con lo que ellos solos habrán seguido las leyes de la evolución en la más tradicional de las enseñanzas que nos dejó Charles Darwin, hace dos siglos. Los dinosaurios y los serenos, no se supieron adaptar a los tiempos, y desaparecieron.




esta campaña es curiosa… sí, las ong bla bla bla, pero chirría demasiado que quienes hablan de “darle la vuelta el mundo” también sean (lo patrocinan) el Banco Santander, Endesa, Inditex… es decir, multinacionales que joden el mundo.
No entiendo esa mezcla.
Comentario by diego — 10 junio 2012 @ 12:45