La justicia española ha echado un pulso, a nivel funcionario, al gobierno. Los escalones que están más en contacto con el ciudadano, han exigido no que les informaticen y mejoren sus condiciones funcionales de trabajo sino su equiparación con sus colegas de autonomías históricas. El resultado puede alentar a cualquier cuerpo funcionarial a exigir también igualarse con los que más ganan en el país: policías, educadores, sanitarios, educadores, etc… Yo creo que los niveles de vida de las autonomías más pobres tienen menos medios que las ricas para retribuir a su personal. Pero todo está en proporción.
De las dos soluciones, igualar todas las retribuciones independientemente del costo de la vida en la autonomía, o hacer que el costo de la vida sea igual en todas las autonomías, la más descabellada es la última. Si tomásemos como espejo un país llamado “Unión Europea”, tendríamos que, si quieres ganar más en cualquier profesión, te irías a la “autonomía alemana” pero no se puede empezar a retribuir, en la “autonomía española”, de forma que se igualen los sueldos con los germanos. Tampoco el costo de la vida es igual entre Alemania y España. Si los aragoneses emigraron a Cataluña fue porque había más oportunidades que en su tierra y mejores retribuciones. Lo que hace Aragón, actualmente, es avanzar para alcanzar a Cataluña pero no es la solución aumentar los sueldos de sus funcionarios reduciendo los presupuestos sociales de otras partidas. Toda la sociedad aragonesa debe mejorar su nivel de vida en conjunto, no por gremios.
El daño ocasionado por los funcionarios de los juzgados, ha costado mucho más al conjunto de la sociedad española que el beneficio de la mejora. Haber mantenido dos meses la huelga del personal auxiliar de los Juzgados, para aceptar que, en vez de 200 €, los huelguistas obtengan 160 € mensuales durante 2008 y 190 € desde julio de 2009, parece absurdo. Pero desde el 4 de febrero, los expedientes que no se tocan llenan los lavabos de los juzgados o se apilan enima de sillas o en los pasillos. Lo que estaba mal, ha empeorado. Es incomprensible que la ofimática 2.0 (básica) no esté considerada obligatoria desde el juez hasta el último auxiliar. Los datos deben llegar a quien los necesite: abogados, procuradores, jueces de otras instancias, etc… La informática se encarga de recordarnos puntos concretos de nuestra agenda ¿por qué no los ingresos en prisión, las excarcelaciones y los grados de peligrosidad? Con darle a una tecla, todos los juzgados de España quedan alertados y para que se detenga la alarma hay que apretar otro botón con lo que nos damos por enterados. La responsabilidad estará perfectamente definida y confesada.
Han sido 10.300 trabajadores fastidiando a unos millones de ciudadanos en las siete autonomías que no tienen traspasadas las competencias de justicia (Las dos Castillas, Extremadura, La Rioja, Murcia, Asturias, Baleares, además de Ceuta y Melilla) y los órganos centrales del Tribunal Supremo y la Audiencia Nacional. Mujeres que no podían cobrar pensión del ex marido, registros de boda, de nacimiento, subastas, etc …
En Ruanda, los tutsis suelen tener una estatura media que ronda el 1,80 metros, ellos y ellas. Son nilóticos. Tenían un sistema feudal allá por 1956 cuando fui huesped de Mutara II. Me invitó a visitar el mercado de Kigali. La hermana del rey fue encargada de acompañarme con su doncella hutu. Hizo unas compras y ordenó a su criada que pagase. Me enteré entonces que les estaba prohibido, a la familia real, tocar el dinero por ser vil. Años más tarde, en mayo del 1994, los hutus decidieron acabar con el sistema discriminatorio entre tutsis y hutus. Estos últimos decidieron igualar las estaturas y se dedicaron a la caza del tutsi para cortarle las piernas a la altura de la rodilla. Para igualarles con sus compatriotas bajitos. Y empezó el genocidio de los watutsis, un pueblo bello, artista, refinado e inteligente al que se le debía de haber obligado por las buenas a compartir mejor el poder. Hay cosas que no se pueden cambiar, como la estatura pero sí la diferencia de niveles de vida.