Ha muerto Fraga:”Gallego no muerde gallego”
La primera vez que entrevisté a Manuel Fraga Iribarne, en su oficina de Alianza Popular, detrás del Palacio de la Prensa de Madrid, fue para la revista LUI, mensual francés calcado de Playboy de la que yo era su director. Fue una entrevista sin censura en aquellos años del principio de la transición. El hombre que teníamos todos por un ogro durante su etapa de Ministro de Información y Turismo, el que llamabamos “Manolo Tijeras” desde que cortó el cable del molesto teléfono que le interrumpió tres veces seguidas durante una rueda de prensa en su despacho, aceptó una entrevista con una revista plagada de chicas desnudas integra y explícitamente. No me encajaba con la idea que los periodistas de entonces, teníamos del personaje. En los meses siguientes, sufrí 18 procesos por “escándalo público”.
Muchos años más tarde, siendo Fraga Senador, recibí una llamada de Elena, su secretaria:” don Manuel quiere verle para tratar de la Transición cubana”. Dije que podría acudir al Senado al día siguiente si fuera necesario. “No, don Manuel quiere leer antes su libro “Fidel Castro” y sus memorias, “Hasta aquí hemos llegado”. Cuando me extrañé que leyese los dos libros en una semana, Elena me informó que Fraga había seguido cursos de lectura rápida.
Llegué minutos antes de la cita. Siempre he sido un reloj suizo en mis citas y aún procuro serlo a mi edad. Don Manuel apreció mi puntualidad. Enseguida entró en materia: “Antes de hablar de Fidel Castro quiero comentar un par de cosas de sus memorias… ¡Hay que ver lo que ha bebido y follado en su vida!” Me pilló a contrapié. “Supongo que usted, como yo, habrá aprovechado lo que pudo,. como todos”. Soltó un bufido incomprensible y pasó a otro tema. “He visto que es usted de la familia propietaria de Plata Meneses. La nuestra era muy pobre y con 12 hijos. Mis padres decidieron emigrar a Cuba y con el primer dinero que ganaron, compraron una cubertería de plata inglesa y dejamos la de Plata Meneses para diario”. Me reí por dentro de la infantil coz que me acababa de largar. Me encantan los personajes que no tienen encefalograma plano. Era el mismo “Manolo tijeras” que un día le espetó al alemán Walter Haubrich, decano de los corresponsales extranjeros en España, decano
de la prensa extranjera en España: “Usted aprenda primero español y después haga preguntas”.
Hablamos de sus frecuentes estancias en Cuba donde Fidel siempre le había alojado en el Pabellón de huespedes ilustres. “En cierta ocasión me encontré con Eduardo Barreiros, (el hombre de los Dodge-Barreiros,) camino de un hotel español para ducharme. Expliqué al famoso mecánico que no funcionaba la ducha ni el baño en la residencia. Le dije que me había quejado varias veces a Fidel pero nadie acababa de resolver el problema. Eduardo me recomendó llamar a Raúl. Cuando lo hice, apareció en la casa un pelotón de especialistas del ejército que rehizo el cuarto de baño en una mañana.
Cuando salí del segundo encuentro que tuve en el Senado, me llevé la promesa de que me escribía un texto de prólogo para un libro que tengo preparado con el fín de sacarlo en la semana que muera Fidel. El epílogo se lo pedí a Santiago Carrillo y ambos textos están en manos de Eduardo Riestra, mi editor. Fraga no me respondía cuando le hacía ver la disparidad de criterios entre él, Fraga Iribarne, José María Aznar y el PP pidiendo sanciones a Bruselas contra el régimen de los hermanos Castro. Nunca me aclaró el tema y solo me queda deducir que “Gallego no muerde gallego”.
A modo de post-data: … “La Patada de Fraga” (título sugerido por la madre de Francisco Cilla) o cómo escribí el post que encabeza este tema. Todo sucedió entre la una y las dos de la madrugada del lunes 16 de Enero, recién conocida la notocia del fallecimiento a travé de Rosa Jiménez Cano. Como acostumbro a trabajar, busqué el título y encabecé el post precedente, Ha muerto Fraga: “Gallego no muerde gallego” Y cerré el ordenador con intención de escribir el texto a primera hora, sobre las 8 y 30 horas. Fui apagando luces y avanzando en la oscuridad, tropecé con algo y salí volando con vaso, agua, iPad, mascarilla de oxígeno y papeles para leer nada más despertar.
El móvil cayó a diez metros de mi y otro tanto el inalámbrico. La medalla de teleasistencia no la llevaba puesta por lo que solo me quedaba una solución después de infructuosos intentos de ponerme de pie: Rampar a lo comando hasta el sillón donde había trabajado todo el día. Lo conseguí. Decidí descansar en el sillón y aguardar la mañana. Me quedé dormido sobre el teclado hasta las 4.30. Aquel rato me sentó muy bien aunque con fuertes dolores si movía mi pierna izquierda, donde estuve operado de femur el dia del atentado de Al Qaeda en Londres, en 2005. Y empecé a escribir la historia de mi relación con Fraga que encabeza este post.

Se acaban de desclasificar los documentos de la CIA relativos al célebre fracaso de los servicios secretos americanos en su intento de derribar al régimen de Fidel Castro en 1961, hizo 50 años, medio siglo, el 16 de abril de 2011. Recupero parte de lo que escribí en mi libro “Fidel Castro” (Afrodisio Aguado 1966)*.
Bueno, bastó que yo aplicase la conveniencia política que Barack Obama ha aplicado a la ejecución de Osama bin Laden, para que me cayese encima casi toda la crítica de mis lectores. Para ellos es inadmisible matar a un hombre sin juicio justo. A mí me parece lo moralmente correcto pero ¿Puede ser siempre así? Creo que los cirujanos, si pueden salvar una pierna, no deben cortarla.
Desde que en España, los jóvenes nos entusiasmábamos con la entrada de España en la ONU por sus valores democráticos, raros en el resto del mundo, hasta hoy, hemos arrastrado la vergüenza en muchas ocasiones. 
Algunos de mis lectores habituales se han extrañado de que lleve escrito poco sobre los muchos temas que, en forma de tsunami, nos han caído encima. Hay varias razones para ello. La vigilancia médica a la que estoy sometido y la medicación me impiden escribir todo lo que quisiera. Me produce somnolencia
Hay veces que los periodistas nos vemos obligados a descubrir un tema con mucha paciencia, gota a gota, tirando del ovillo. La paciencia es una de las facetas más preciadas de la investigación periodística. Otras, nos topamos con un filón y agradecemos la suerte que nos puso ante él. En el caso de
En Julio de 1993, me fui al Sarajevo sitiado por los serbios más xenófobos de la República que fuera de Yugoslavia. “Wellcome to Hell!” (Bienvenido al infierno) rezaba una enorme pancarta en la fachada del aeropuerto. Dentro del avión militar francés palets con avituallamiento para la población y los soldados de UNPROFOR. Tres periodistas, Enric Martí, Pasquier, una periodista de La Tribune de Genéve y yo que iba por mi cuenta pero con la acreditación de Tiempo (luego vendí mi trabajo a Diario 16). En el infierno de Sarajevo conocí a Gervasio Sánchez y Alfonso Armada. Representábamos la vieja y la nueva “tribu” como denomina Manu Leguineche a esa bandada de periodistas que cual cernícalos arriba a “donde hay tomate”.
De sus Memorias, que aguardo con impaciencia, el diario Gramma publica unos episodios que en parte he compartido con el líder de la Revolución. La forma en que habla de los periodistas que subieron a Sierra Maestra, se presta a equívocos cuando no a omisiones
Ricardo González Alfonso era en Cuba el periodista que representaba la organización “Reporteros sin Fronteras”. Su misión estuvo imposibilitada durante siete años y cuatro meses que estuvo preso por desarrollar la “peligrosa” tarea de defender la libertad de expresión y el trabajo de sus compañeros. Son 52 presos de conciencia los que serán liberados por el régimen castrista a lo largo de 4 meses, aunque más que liberados habría que decir que han sido desterrados porque
Nadie, con dos dedos de frente, puede pensar que un mundo sin derechas o izquierdas sería mejor si solo hubiese una de estas opciones para gobernar. Ambas sirven de temporizador de los excesos de la otra. Todos sabemos que sin el comunismo europeo, el capitalismo y la explotación del más débil hubiese seguido
Empezando el lunes a las 11 de la mañana, cita de este periodista junto con los “Cirilos” en el Palacio de la Zarzuela, con la Princesa de Asturias, Doña Letizia. Apoyo absoluto por parte del personal que me permite llegar hasta el salón haciendo uso de ascensores y pasillos por delante del mismo despacho del rey. ¡Y pensar que hace 52 años que no he pisado este antiguo pabellón de caza!
urante hora y media, la Princesa conversa con los miembros de la profesión sobre el rumbo que esta está tomando- 

