Estuve dos veces en el país que hoy se llama Zimbabwe y en mis tiempos era Rhodesia del Sur. La primera, en agosto de 1956, yo y mi amigo Jaime Cavero, más conocido como Jaime Bailén por ser descendiente del general Castaños, vencedor de Dupont, durante las guerras napoleónicas, habíamos salido de El Cairo en busca de una belleza nuer de la que Jaimito se había enamorado por una fotografía de Paris Match. Ibamos a buscar una aguja en un pajar grande como cinco veces la extensión de España. Llegados a Juba (provincia sudanesa de Ecuatoria), cerca de la frontera de Uganda, nos quedamos sin dinero y la amistad del rey Federico Mutesa II con el padre de Jaime, nos permitió cruzarla y ser sus huespedes durante casi un mes. De monarca en monarca: rey de Toro, rey de Ruanda, rey de Burundi, llegamos a Bukavu, en el Este congoleño. No encontramos la chica –lo cual estaba previsto– pero nos dimos un garbeo impresionante por un África colonial que estaba a punto de ser independiente 4 años más tarde.
Una vez en Usumbura, cortos de dinero otra vez, lo mismo nos daba tirar hacia adelante que regresar a El Cairo. Decidimos lo primero y un camionero, Bob Stephenson, nos llevó a Elisabethville, la sede de la Union Miniére du Haut Katanga. En caso de necesidad, podríamos encontrar trabajo en las oficinas mineras de los belgas. No lo conseguimos y en autostop, llegamos a Lusaka, capital de Rhodesia del Norte (hoy Zambia) y, por el mismo procedimiento alcanzamos Salisbury, la capital de Rhodesia del Sur (hoy Zimbabwe). La bella capital , con sus avenidas llenas de jacarandas de flores rosas, era una ciudad británica en sus mejores barrios, con su campo de cricket, su “five o´clock tea”(el té de las cinco) y sus correctos bailes del sábado noche de smoking o de uniforme del ejército. Pronuncié dos conferencias sobre la reciente nacionalización del Canal de Suez por parte de Nasser y con ello tuvimos dinero para llegar hasta el Cabo por Beit Bridge.
La siguiente visita a Rhodesia, las cosas habían cambiado. Ante la inminente declaración de independencia por la que Gran Bretaña entregaría el país a la población autóctona, los blancos tomaron el poder y proclamaron a Ian Smith, un heroe de la R.A.F. durante la guerra mundial, como Primer Ministro. Le entrevisté, así como su ministro de Asuntos Exteriores y un experto en Desarrollo Tribal. Por este aprendí que el país estaba, principalmente, dividido entre shonas y ndebeles. Estábamos realizando un programa de Los Reporteros de TVE. En el restaurante del hotel pedí pan a un camarero. Diligentemente me lo trajo en una cesta y lo sirvió con pinzas. No tardó nada en llegar el Maître y decirme enérgicamente que si deseaba algo, él me lo traería pero que no debía pedírselo al camarero. Lynn Memel, directora de la Televisión Rhodesiana, me explicó la razón: los camareros eran de la tribu shona y el Maître, de los ndebeles, emperentados con los fieros guerreros zulúes. “Es tal el desprecio hacia los shona que los llaman “running dogs“, perros que huyen, me explicó divertida ante mi asombro.
Robert Mugabe lleva 28 años en el poder. No lo quiere soltar porque sabe que empezarán a llover demandas judiciales por crímenes contra la humanidad, después de haber llevado a cabo tremendas matanzas de compatriotas. Los blancos tenían largas listas de propiedades confiscadas sin compensación. Este guerrillero, fundador del ZANU, se enfrenta ahora a numerosos procesos. De las elecciones de hace una semana, el sábado 29 de marzo, aún no han hecho público los resultados pero todo el mundo sabe en Harare (antiguo barrio negro y pobre de Salisbury que hoy da nombre a la capital) que su rival, Morgan Tsvangirai (pronúnciese Changarai), del Movimiento para el Cambio Democrático (MDC), había obtenido 109 escaños frente a 97 de Mugabe en el Parlamento. El retraso en el anuncio oficial ha hecho suponer que Robert Mugabe estaba preparando la trampa para obligar a una segunda vuelta. Un ultimatum dado por el vencedor a la Comisión Electoral (ZEC) para que proclamase los resultados no ha tenido éxito y el candidato se ha proclamado él mismo vencedor. Según se especula en Harare, Mugabe busca una salida digna y que le de la inmunidad que va a protegerle, a los 88 años, de los pleitos que le esperan a nivel internacional. Por otro lado, se intenta evitar derramamiento de sangre como el habido en Kenia tras las elecciones del 27 de diciembre 2007 en Kenia y cuyas irregularidades desataron la ira de los engañados. Resultado: 1.500 muertos. La brutal inflación, 100.000%, ha enriquecido a los allegados de Mugabe, 80% de parados y 3 millones de exiliados políticos o económicos. Los allegados a Mugabe, son los que no quieren que se retire.