7 julio 2012

De la China del “Che” a la de Raúl Castro

Raúl Castro-Hu JintaoEn los cuatro meses que conviví con Fidel Castro y sus ciento y veintitantos rebeldes, tuve oportunidad de conocer a los principales personajes de aquella revolución.  Debido a su asma, Ernesto “Che” Guevara se movía poco de su campamento junto al río Yara donde disfrutaba de un bohío-hospital, otro de panadería, un tercero para reparación de armas y finalmente dos para fabricación de uniformes y…”Club de Prensa Extranjera” que el guerrillero argentino me dedicó. Las columnas de Fidel, no dormían más de dos noches en un mismo lugar por miedo a la aviación de Batista. El líder y yo lo hacíamos en hamacas superpuestas protegidas de la lluvia nocturna por un plástico común. Rara vez,  encontrábamos unos bohíos abandonados.

Una noche que pude apartarme de la “Comandancia”, para descansar de las peroratas de Fidel , escuché gritos del Comandante  en un bohío vecino. Acudí para ver lo que sucedía. Celia Sánchez  me contó que en “el radio” transistor, Fidel había escuchado a su cuñado, Rafael Díaz Balart, hablando en su programa de una carta, caída en manos de una patrulla del gobierno,  que probaba la presencia de comunistas en la Sierra. “Ha mandado llamar a Raúl (al mando de una columna vecina) al que quiere fusilar por su imprudencia”. Supe así que el Che y el hermano pequeño de Fidel, se carteaban a través de la Sierra discutiendo sobre el comunismo soviético, defendido por Raúl, y Guevara que se inclinaba por el pragmático comunismo chino.

Raúl Castro, se afilió  a las “Juventudes Socialistas de Cuba”(filial del PCC) en su adolescencia y así es como acudió a Praga,  al Congreso Internacional de las Juventudes, de inspiración soviética. Aquel viaje a la Europa del Pacto de Varsovia le daba un plus en Sierra Maestra que compensaba su juventud en medio de un grupo de voluntarios sin adoctrinamiento político.

Las diatribas epistolares entre Raúl y el Che, venían a reproducir, más de un siglo después, las de Vladimir Ilich Lénin (1870-1924) y un filósofo anterior, Mijaíl Bakunín (1814-1876), padre del “anarquismo”. No fueron coetáneos pero Lénin sí conoció la obra de Bakunín. Para este último,anterior a la generación de Lenin, la revolución debía partir de los “mujiks” (campesinos) hartos del “knut” de los terratenientes. Lénin, pensaba que a la salida de una fábrica de San Petersburgo se podían canalizar 2.000 obreros hacia el Palacio de Invierno y conquistarlo. Los campesinos estaban esparcidos en vastas extensiones y el tiempo necesario para formar un grupo compacto y decidido, era suficiente para que la Policía del Zar los disolviera a tiros. Raúl defendía la tesis de Lénin para liberar América Latina mientras Ernesto (Che) Guevara confiaba más en la revolución del campesinado en un área poco industrializada en aquel entonces. Los mismos guajiros de Oriente eran el ejemplo.

Después de la victoria del 1 de enero de 1959, aquellas discrepancias entre Raúl y el Che, se hicieron cada vez más patentes. La animosidad del argentino crecía hacia los soviéticos que, cada vez en mayor número, llegaban como asesores políticos encargados de encauzar y desarrollar a los vencedores hacia una República Soviética de Cuba. La economía de trueque hizo que Raúl Castro aceptase entregar azucar, café, ron y tabaco al COMECON a cambia de armamento que Che Guevara consideraba obsoleto. EE.UU. había adquirido tradicionalmente el azúcar y “los tabacos” de Cuba que pagaba en dólares y que los dirigentes de La Habana podían utilizar donde quisieran y para lo que quisieran. Con la URSS, se pagaba en bienes de cualquiera de los países del Pacto de Varsovia.

Algunos enfrentamientos entre Guevara y los enviados de Moscú, especialmente con Leonov, cayeron mal a un gobierno castrista que, con Raúl a la cabeza, estaba desmantelando el “Movimiento 26 de Julio” (M-26-J) creado por Fidel en recuerdo del asalto al Cuartel Moncada de Santiago, el 26 de julio de 1953 durante las fiestas patronales de la ciudad. Desde la nacionalización de las propiedades de estadounidenses en 1961, el marxismo-leninismo se oficializó en Cuba.  Huber Matos, héroe de la Revolución, fue condenado a 20 años años de cárcel y el legendario Camilo Cienfuegos murió en accidente cuando acudía a una cita con Raúl. No se esclareció nunca si el avión había sido saboteado, Humberto Sorí Marín, mejor abogado del país y autor de la Reforma Agraria nº2, fue fusilado acusado de traición.

Ernesto “Che” Guevara fue presidente del Banco de Cuba y Ministro de Industria hasta que comprendió que sus desavenencias con Raúl y la URSS estaban perjudicando las relaciones con Moscú. A finales de 1964, el argentino renuncia a sus cargos y nacionalidad cubana para dedicarse a alentar la revolución en el tercer mundo. Se le vio por Argelia,  el Congo y Bolivia donde moriría asesinado por la CIA en colaboración con el ejército de La Paz, el 9 de octubre de 1967 en La Higuera. Tenía 39 años. Al principio de los 60, pasó por El Cairo para entrevistarse con Gamal Abdel Nasser antes de emprender ruta a Pekín. Almorcé con él y su ayudante en la residencia de huéspedes ilustres cairota. Allí supe que Fidel estaba cabreado conmigo por haber mencionado la presencia de comunistas en la Sierra Maestra.

Desde que Raúl se hizo cargo de la presidencia de Cuba en febrero de 2008, no pocos han sido los tanteos para solucionar los problemas económicos de la isla sin renunciar al comunismo. Por fin, acaba de producirse un importante encuentro en Pekín entre Raúl Castro y su homólogo Hu Jintao. La Unión Soviética desaparició tras la caída del muro de Berlín. China se ha convertido en la única potencia que rivaliza económicamente con Estados Unidos sin haber renuncia a su ideología, “comunismo a la pequinesa”. Los créditos que tanto necesita La Habana para impulsar su desarrollo, le han sido garantizados por los dirigentes del gigante asiático.

En su afán de exportar focos revolucionarios al Tercer Mundo, Ernesto “Che” Guevara fracasó. Elegir Bolivia para iniciar allí la lucha armada con un grupo de cubanos incondicionales, fue un error táctico: los campesinos habían recibido sus tierras en propiedad un año antes y el Partido Comunista de Bolivia, siguiendo órdenes de Moscú, le negó toda ayuda. Queda del excelente combatiente argentino, la famosa foto de Alberto Korda y la leyenda que le acompaña desde los combates de Santa Clara. Donde no se equivocó es cuando dijo que la revolución comunista se podía hacer con una población de campesinos y un mando dúctil y cambiante. Dudo que Raúl haya pensado un solo momento a la discusión epistolar de Sierra Maestra, cuando Fidel quería fusilar a su hermano por imprudente.

 

8 febrero 2012

Mejor educación para nuestros hijos

maria02-240.jpgPara muchos niños y niñas, los viejos sistemas de estudiar no son todo lo apetitosos que debieran. Para ellos, cuando las cosas saltan de las páginas de sus libros y aparecen ante ellos, vivas y comunicantes, el aprendizaje se hace más real por cercano a ellos. Visitar museos, una fábrica de coches o una finca ganadera pueden ser ocasiones diferentes pero todas estimulan sus imaginaciones.

Mi madre me enseñó a leer y escribir a los 3 años y me prometí hacer lo mismo con Bárbara, mi hija mayor. Y cumplí mi autopromesa. Siendo su madre australiana, el inglés rodeo a la niña desde sus primeras nanas. A los cuatro años, con ventaja sobre sus compañeros, entró en el Liceo Francés donde recibió unas inmersión de francés sin olvidar ni el inglés ni el castellano de sus amigos. El hábito de lectura de sus padres la empujó a constituir su propia bliblioteca, impresionada por la de sus padres.

Tras la muerte de su madre, cuando ella tenía 9 años, adquirió una hermanastra, Anne-Isabelle (8 años), y un hermanastro, Ricardito (4 años). Ambos franco-españoles y escolarizados en el liceo francés como Bárbara.

Un día, Enrique Nicanor, director de la Segunda cadena de TVE, me pidió una idea de programa instructivo para la juventud española. Yo tenía entonces el programa “Los Aventureros” en Radio Nacional (rne1) y sugerí llevar a dos chicas y un chico a través de 10 países, 20.00 km y 90 días para que los jóvenes españoles descubran un continente que tienen a 14 km de Algeciras. Es algo que me parece vital para el futuro de España.. La idea fue aceptada, entre otras razones porque me comprometí a realizar la expedición con un presupuesto de solo 7 millones de pesetas. Salí de Prado del Rey con 21 millones en publicidad asegurada para TVE.

Durante el viaje, las niñas aprendieron lo que es salvar obstáculos geográficos, como el desierto del Sahara, burocráticos como quedar bloqueados en “tierra de nadie”, en un vertedero de basuras entre Marruecos y Argélia por los permisos de rodaje prometidos por la embajada y que tuve que ir a buscar a Argel al no encontrarlos esperándonos en Oujda. Un aprendizaje de cómo vencer obstáculos en la vida real. Por el Sahara, sentadas detrás de mi en el Land Rover, iban matando el tiempo, haciéndose un pequeño léxico de árabe con vistas al final de viaje en Egipto.

La serie de 14 capítulos de “Robinson en África” fue un baño integral en un continente orígen de la Humanidad y, con 1.000 millones de habitantes y fabulosas riquezas, un ventanal al futuro. De regreso a España con 22 días de retraso, por culpa de los visados cuya vigencia expiraba antes de llegar al país correspondiente, las niñas fueron perdonadas por la dirección del Liceo con la condición de que diesen charlas a sus compañeros sobre el fantástico viaje. No solo fue un éxito la experiencia sino que Bárbara escribió un libro,  “Africa a los 15 años”(Editorial Edelvives) y unos años más tarde quiso estudiar un cuarto idioma y eligió el árabe clásico mientras   Anne Isabelle, optó por el alemán. Han transcurrido 28 años y las dos mujeres son emprendedoras y de fuerte personalidad.

En 2011, María Nogal, de 12 años, vino a mi casa en compañía de su madre. Seguía un tratamiento por quemaduras en La Paz y acudía desde San Rafael (Segovia) para sesiones de injertos. Se entusiasmó con mi biblioteca y decidió que sería periodista y escritora. En otra ocasión me preguntó si estaría dispuesto a contar a toda su clase lo que la contaba a ella sobre mis viajes por África. Acepté con la condición de que fuese en primavera ya que rehuyo el frio por cuestiones de salud.

El 27 de mayo de 2011, María Jesús, la profesora del C.E.I.P. San Rafael, nos recibió a Elvira Álvaro, madre de María, y a mi para que diese una charla ante un enorme mapa de África. Entre los 27 alumnos de 6º de Primaria, estaba Lydia,  una negrita de Togo,  todo sonrisas de dientes blancos porque, en cierto modo, iba a hablar de “su continente”. De resulta de las quemaduras cuando tenía 4 años, María tartamudeaba un poquito y una logopeda intentaba corregir el defecto. Los compañeros de clase se metían con ella y con Lydia por el color de su piel. Recalqué que aquella presencia mía se la debían a María que la había ideado.

La charla transcurrió con los alumnos prendidos por el relato de un continente que enamora facilmente a cualquiera que se interese un poco por él. A mediado de la intervención, acudieron alumnos de otro curso que querían escucharme. Pensé en lo poco que me costaba perder unas horas con hombres y mujeres de mañana que no olvidarían que África es más que unas páginas del libro de texto. Me alegraba dejar esa semilla en cada uno de los presentes. Al final, Lydia vino a darme un beso y agradecerme en francés haber hablado muy bien de los niños africanos y de sus capacidades imaginativas. Cuando todo se terminó, los 27 asolescentes quisieron hacerse una foto conmigo y rodearon mi silla de ruedas como un alegre maremoto.

Quise escribir este post defendiendo el apoyo que podemos prestar a nuestros niños para que la educación sea para ellos fructífera, enriquecedora. La foto que los niños reclamaron espontáneamente al final de la charla, me fue negada porque 4 de los padres de esos colegiales prohibían que se les fotografiase. Parten del principio de que todos somos potenciales pedófilos, asesinos de niños o secuestradores. Me negué a pixelar el rostro de los 4 niños. Yo no he censurado nunca mis fotos a lo largo de 63 años de profesión. Rechacé publicar la imágen  de nuestro grupo e incluso escribir este post, tal era mi indignación.

La importancia que concedo a las aportaciones personales de quienes colaboren desinteresádamente a mejorar los resultados de nuestros estudiantes, me ha hecho replantear el asunto. Existe un periodismo basado en atemorizar una sociedad durante meses y meses no solo sobre el asesinato sino sobre el hecho de que el cuerpo de la víctima no haya aparecido. Los temas escabrosos sobre niños llenan horas y horas de  televisión y arrastran los mismos temas durante meses, saciando una curiosidad morbosa a base de dinero y compra de testimonios.

Hoy hago este post y solo María Nogal sale fotografiada. Con 13 años cumplidos, ya está en el Instituto y sigue sus estudios con los vaivenes propios de una joven adolescente. Desde aquí, y por enésima vez, pido que no se mutilen los rostros de los niños (los únicos que salen a cara descubierta son los de Somalia o Haiti). Pido a todos mis colegas que modifiquen la legislación vigente, la más restrictiva de Occidente. El orígen de esta protección exagerada fue el asesinato del hijo de Charles Lindberg, el primer piloto que cruzó el Atlántico en avión. Que Ana García Obregón impida a los paparazzi fotografiar a su hijo y luego aparezca este en el “HOLA”, sin pixelar, explica que la famosa solo pretendía defender la parte económica de sus “temores”. En el caso del C.E.I.P. San Rafael, 4 padres de niños han impedido la foto de los otros 23 niños y niñas que, voluntariamente incluidos sus vástagos, pidieron tener esa foto. Agradezco a María Jesus las facilidades que me dió para la charla y la ruego que, en la próxima foto de grupo, elimine de entrada  los 4 colegiales vetados por sus padres, para no perjudicar a los compañeros y a los periodistas, como sucedió con Pedro L.Merino, reportero del “El Adelantado de Segovia”. No quiero que dentro de medio siglo, cuando los historiadores acudan a las hemerotecas, vean el mundo de hoy como una España de niños sin rostro, de zombis.

 

 

 

8 julio 2011

Nace la República de Sudán del Sur

AFRICA1 copia-280Era una tarde de julio de 1956. Hacía 7 meses que el Sudán Anglo-Egipcio había muerto y el país era independiente. Jaime Cavero Corondolet y yo estábamos sentados en el “G.B.” (léase jibí con j suave, abreviatura de Gran Bretaña). Tomábamos en la barra un jugo de FTD (fruta tropical desconocida).  A nuestro lado, un médico ghanés que venía de un Congreso de Pediatría en Djakarta. Por la vitrina que daba a la calle vimos un altísimo dinka del sur del país que cargaba un enorme cubo negro. Vestía harapos y el gran peso del recipiente le hizo titubear cuando se cruzó con un sudanés del norte ataviado con turbante y galabiya inmaculadamente blancos. El hombre, claramente molesto por la presencia del dinka, le lanzó un sonoro “¡ imchi, ya ibn el kalb !” (largo, hijo de perra !). El dinka vació el enorme cubo de mierda a los piés del musulmán. Y empezó la pelea.

El doctor de Ghana y yo, salimos a separarlos. Jaimito no se inmutó y nos dijo “dejad que se maten !”. Conseguimos separarlos en medio de un olor insoportable que despedía la mierda de las letrinas que había tirado el dinka. Jartum, la capital sudanesa, no tenía un sistema de alcantarillado y carecía de una red de evacuación de restos fecales. Aquel trabajo se dejaba en mano de los nilóticos del sur del Sudán.  “Cuando dos hombres se pegan –le dijo el médico a Jaimito– hay que separarlos sin mirar el color de su piel”. Ya lo decía Rabelais, se aprende mucho en los viajes.

Nosotros habíamos salido de El Cairo con 200 libras esterlinas en el bolsillo, en busca de una bellísima muchacha nuer de la región de Ecuatoria. La expedición se fraguó en diciembre de 1955, en l,a pandilla que nos reuníamos al anochecer en el Bar Lappas de El Cairo. Eramos una docena de chicos y chicas, griegos, chipriotas, egipcios coptos y musulmanes, un par de periodistas italianos y los dos. españoles Jaime llegó tarde y nos enseñó un Paris-Match con la foto a toda página de la belleza nuer que, como sucedía en el sur, estaba cogiendo agua en la orilla del Nilo totalmente desnuda. Miento, llevaba un cordel de cuero trenzado alrededor de la cintura a la altura del ombligo. Ni taparrabos. Jáime había prometido que si encontraba aquella negra, se casaba con ella. Yo, con los  güisquis de ventaja que le llevamos todos al recién llegado al grupo, propuse una expedición para buscar a la zagala en una extensión equivalente a 5 veces la  de España. Fijé la fecha de salida para junio de 1956 (yo sabía que mis multiples ingresos como profesor de francés o colaborador de los diarios inglés y francés de El Cairo, Al Ahram más las clases que daba en la Universidad de Ein Shams y los doblajes de los estudios de la carretera de las Pirámides, fallaban por aquellas fechas y solo resucitaban en septiembre/octubre. “Tenemos que criuzar la frontera egipto-sudanesa antes de medianoche del 30 de junio de 1956.

Por supuesto todos, menos los dos españoles de la pandilla, se fueron rajando con  diferentes pretextos. El primero Galal, el musulmán, cuando le pregunté que cuanto dinero nos darían por su coche Vauxhall de segunda mano. El día de la salida, tras una noche entera de borrachera, un grupo de veintitantos amigos nos acompañaron a la estación de ferrocarril de Ramsés que partía sobre las 7 de la mañana hacia el Alto Egipto. Un trayecto de 13 horas obligatorio ya que el aeropuerto de Asuán era únicamente de uso militar.  Escandaloso era ver tanto europeo haciendo eses en el andén, a punto de partir el tren, obsequiándonos con botellas de alcoholes varios y galletas. Eramos un ejemplo de la cultura occidental. Sabíamos que nunca encontraríamos aquella aguja nuer en el pajar pero era una forma de adentrarnos en el África negra, de realizar un sueño de niño, seguir la ruta de las expediciones que buscaban las fuentes del Nilo.

En la capital sudanesa, Jartúm, buscámos ayuda de periodistas locales. Publicaron al día siguiente: “Dos esclavistas españoles llegan al Sudán en busca de carne negra“. Decidí abreviar la estancia en la ciudad donde el Nilo Blanco y el Nilo Azul, se reconocen hermanos y describen en su abrazo, dos cuernos de elefante que es lo que significa Jartúm.

En Juba, vivíamos en el hotel del mismo nombre, es la capital de la Provincia de Ecuatoria. En sus calles que recordaban el lejano Oeste americano, polvorientas y abrasadas por el sol, confraternizábamos con cualquier blanco con el que nos cruzábamos y eran escasos pero serviciales y hospitalarios. Cuando nos quedamos con solo 5 de las 200 libras con las que habíamos salido de El Cairo, tuvimos que tomar una decisión. O pedir ayuda telefónicamente a amigos o familia o gastarnos el poco dinero en pagar los días adeudados al griego propietario del Hotel Juba de una sola planta. Decidimos hacer la llamada y dejar habitación y larga distancia sin pagar. Bastaba abrir la ventana y salir por ella al jardín .

Unos años antes, Federico Mutesa II, rey de Buganda, uno de los cuatro reinos que componen Uganda, fue desterrado a Europa por el gobernador británico, Sir Andrew Cohen por no querer firmar unos documentos que rebajaban el país del grado de protectorado al de colonia para fundar la East Africa Federation. Estando en Europa, quiso visitar España y el padre de Jaimito, el Duque de Bailen, era entonces Jefe de Protocolo de Asuntos Exteriores y quiso presentar honores a un monarca por africano que fuese. La Embajada Británica avisó a Asuntos Exteriores de que en Uganda no había más rey que Elisabeth II de Gran Bretaña. Los planes del duque de alojar al kabaka en la Moncloa (entonces residencia de huéspedes ilustres), tuvo que llevárse a King Freddy a su cigarral toledano. Las chicas españolas de entonces no habían visto un negro en su vida y las amigas de Jaimito estaban ávidas de conocer…y enrollarse con el joven de 31 años años, educado en el Magdalen College de Cambridge.

“Si os mando dinero, tengo que pedirlo a Londres que lo mandará a Jartúm que lo remitirá a Juba y para cuando llegue, estaréis muertos de hambre. A menos de cien kilómetros está la frontera de Uganda y aquí seréis mis huéspedes mientras queráis”.

Pactamos con  un griego que conocimos en un bar que nos llevase en su coche hasta Nimulé, puerto fronterizo y fluvial donde el hombre iba a recoger un cargamento de café. Utilizando la ventana de nuestro cuarto, a las 4 de la madrugada, directamente al jardín. Una nota en la mesilla de noche prometía que algún día pagaríamos la estancia y la llamada. Cuando volví por el Juba Hotel en 1983 con la expedición de “Robinsón en África”, ya no había propietario griego sino sudanés. Allí se alojó el equipo de 8 personas del programa de TV2.

En camino hacia Nimulé, nos encontramos una familia dinka, según nos dijo el griego. El hombre caminaba delante y solo llevaba dos azagayas en su mano, su mujer, unos pasos detrás, cargada con el ajuar sobre la cabeza y el hijo pequeño sujeto a su espalda con un pañuelo grande anudado bajo el pecho y un perro, amigo fiel del hombre que les seguía al lado de la mujer. La sombra indica que que caminan hacia el sol. Una manera de escenificar la estructura familiar desde el principio de la Historia. Salida del neolítico y caminando hacia el futuro que empieza hoy, como nación número 193. Chiluks, Azandes, Dinkas, Nuers, Nubas son pueblos de gran estatura, muchas de sus  mujeres ejercen de modelos de pasarela en en Primer Mundo. Sus rasgos faciales son idénticos a los nuestros, contrariamente al rostro de los bantúes de gruesos labios y narez ancha y aplastada. no solo se extienden por la nueva República de Sudán del Sur sino por  Etiopía y Somalia.

En el puerto de Nimulé, el SS Luger estaba atracado un barco que hacía el trayecto hasta Butiaba. En el puerto, una barraca estrecha con ventanilla, anunciaba la venta de billetes para el barco británico. Tarifa puente 1 Libra esterlina. Primera, 4 libras. Jaime, pidió 2 billetes de puente con lo ques quedarían 3 libras de las 5 que llevábamos al salir del hotel. “No es posible darles puente. Solo primera para blancos”. No quería comprender que 2 primeras eran 8 libras. Se fue en busca del Capitán. Este llegó vestido de impoluto blanco almidonado, con sus galones de capitan su pipa y su barba dubia con algunas canas. Le explicamos la situación. “Deles 2 primeras y cobreles dos de puente”. Cuando terminamos de darle las gracias, nos espetó: “You are a disgrace for the white race !” (Son ustedes una desgracia para la raza blanca).

El viaje hasta Butiaba duraba varios días por ir a contracorriente. El capitán con su ginebra en mano y su mujer haciendo calceta, jamás nos dirigieron la palabra aún siendo nosotros los únicos blancos a bordo. Nuestra mesa en el comedor, estaba diagonalmente situada lejos de la suya. Desde el restaurante se contemplaba el puente donde se hacinaba medio centenar de indígenas que hacían fuegos para cocinar, tenían niños correteando y cabras con las patas trabadas. Sus voces y cantos llegaban hasta nosotros. El espectáculo era fascinante al anochecer. En las orillas, elefantes, hipopótamos y cocodrilos . El ibis del Nilo revoloteaba por el río en busca de alimento.

Aquel sur del Sudán es hoy el país número 193 del mundo y 55 de los países africanos. Pudimos conocer la población baganda y los rutoros del Reino de Toro. Estuvimos un mes viviendo a cuerpo de … rey pero, como decía aquel…eso es otra historia.

Familia dinka, pista Juba-Nimulé, 1956 Copyright Enrique Meneses


 

 

6 julio 2011

Asociación de la Prensa de Madrid, Premios

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El lunes  4 de julio, en el magnífico cuadro de un patio acristalado, se reunieron unas 300 personas, toda la capacidad disponible, para asistir a la entrega de los 72 Premios de Periodismo de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) fundada en 1895. El orden de entrega se hizo siguiendo la fecha de creación del premio. Me correspondió el Rodriguez de Santa María que se instauró hace 70 años en memoria de un presidente de la  APM. Todos los demás premios siguieron la misma pauta de honrar la memoria de antiguos presidentes de la Asociación de la Prensa de Madrid.

Como consecuencia de la antigüedad del “Rodríguez Santamaría”, inicié el desfile de los que saldríamos a la palestra. Mi primer reportaje publicado en diarios de América Latina fue la muerte de Manolete el 28 de agosto de 1947, tres meses antes de cumplir los 18 años. El taxi a Linares, ida y vuelta con espera de toda la noche, solo me costó 450 pesetas porque el chófer era Manoletista, pero me pagaron 150 pesetas. Era la crisis de entonces, la enésima.

Hizo mi Laudatio Ramón Lobo, bragado periodista por tierras de Asia Menor y África. Mencionó la defensa que hago porque el espíritu de aventura vuelva al periodismo joven de ahora. Me entregó el premio el ganador del Rodriguez Santamaría del año pasado, Juan Pedro Quiñonero que en 1969 colaboró con mi revista Cosmópolis.

El Premio Victor de la Serna se lo llevó Ángeles Espinosas, excelente enviada especial en el difícil Teherán, máxime para una mujer. Esto también es aventura y riesgo.  Fue presentada por otro que se jugó la vida junto a José Couso en el Hotel Palestina de Bagdad: Jon Sistiaga por quien siento profunda admiración profesional y humana.

Cristina Gallach se llevó el premio Javier Bueno, periodista muerto en Madrid durante la guerra civil. Como Secretaria de Javier Solana cuando era Secretario General de la OTAN muchos años. Aunque no es periodista, es premiada por la ayuda prestada a la prensa española en Bruselas. Javier Arenas hizo el laudatio de Cristina.  Angel Sastre, el joven periodista que nos narró, con emotivas palabras, la aventura de los mineros chilenos atrapados en la mina. Un  gran freelancer por las tierras de América. El mismo premio recibió Idoia Soto que descubrió  la trama de los Legionarios  de Cristo a la vez que exponía la pedofília de su fundador Marcial Maciel. Ambos premiados lo son como mejores reporteros menores de 30 años.

El siempre histriónico Alfredo Amestoy, fue presentado por Luis María Anson, al que yo no veía desde casi cuatro décadas. Alfredo soltó su alegato como Fundador de “Amigos de la Gran Vía”. Rafael Fraguas le hizo entrega del trofeo. Rafael de Mendizabal, ilustre jurista y exvicepresidente  Emerito del Tribunal Constitucional, tuvo un lauratio de Marisa Ciriza, vicepresidenta de la APM y recibió el premio de manos de la Presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre.

Las relaciones entre políticos y periodistas, fueron recordadas por Esperanza Aguirre como distendidas unas veces y “tensas en otras ocasiones”. El artículo 20 de la Constitución define y arropa la Libertad de Prensa. Yo, personalmente he tenido varios choques con el Ministerio de Información y Turismo de los tiempos de Arias Salgado y de Fraga.  Me obligaron a rehacer la edición de Cosmópolis para suprimir un artículo de Enrique Tierno Galván, el profesor expulsado de la Universidad junto a sus colegas José Luis López Aranguren y Agustín García Calvo. Yo había ido a buscar a Tierno “el viejo profesor” que más tarde fuera “alcalde de la movida madrileña” a una casa de la calle Marqués de Cubas, cerca del Congreso de los diputados. El edificio tenía una escalera de caracol de amplio hueco. En el tercer piso, Tierno Galván impartía una lección de derecho. Cada escalón de los tres pisos tenía dos o tres estudiantes tomando apuntes. Para mí representaba el espíritu indomable del ser humano. Su expulsión de Salamanca no quebró el lazo indestructible entre el Maestro y sus discípulos.

Esperanza Aguirre, con la que me he metido por sus afanes privatizadores de la Sanidad y la política de subvenciones a la Educación concertada, me pareció ganar mucho en corto. Es una mujer tranquila en el habla y afable con todos. Me conmovió la atención especial que tuvo conmigo y que supiese que yo la atacaba a veces en este blog mío. Me pidió que le mandase el “Hasta Aqui Hemos Llegado”. Creo que con Manuel Fraga, son los únicos políticos que no tienen encefalograma plano, considerando todos los partidos de nuestro país. Me gustó la mujer y la política, aunque seguiré criticándola cuando yo considere que lo merecen sus privatizaciones en Sanidad y Educación. .

Cerró el acto el Coro de la APM, donde cantaron bastantes periodistas bajo la batuta de Jae Sik Lim,  interpretando unas bellas habaneras.

 

 

3 junio 2011

Ratko Mladic en Sarajevo y Srebrenica

srebrenica-240.jpgEl croata Josep Broz Tito, logró reunir dentro de Yugoslavia,  una serie de pueblos que pertenecieron en su día al  Imperio Austro-húngaro y que eran todos fieros nacionalistas. Algunos territorios eran musulmanes de origen turco mientras otros se consideraban los verdaderos eslavos del Sur que es lo que significa Yugoslavia. La muerte del dictador comunista, independiente de la URSS y fundador con Nasser y Sukarno,  del Movimiento de los No-alineados, provocó la ruptura de siete territorios con historias diferentes y lenguas propias, aunque el serbio-croata es la lingua franca de la mayoría de ellos.

En el verano de 1993, me quedé solo, la familia andaba desperdigada por varios países. Yo, por mi enfisema, no sentía el menor interés por ese tipo de viajes. Además, yo acudo a un país por sus acontecimientos, no por hacer turismo que dejo para los coleccionistas de monumentos. Tan pronto me quedé solo en Madrid el reporterismo me agarró la garganta,  no pude más y marché para Sarajevo. Llevaba una vaga acreditación de Tiempo que Pepe Oneto me había dado, sin exceso de interés por el tema, advirtiendo que solo publicaría mi trabajo si era satisfactorio. Acabé vendiéndoselo a “Diario 16“.

La ruta para entrar en Sarajevo era Madrid-Roma-Split (Croacia) y vuelo militar a la capital de Bosnia-Herzegovina. Los aviones del último trayecto eran transportes militares donde quedábamos a merced del mando para tener una plaza en un aparato, generalmente francés. Me preparé con los elementos exigidos por UNPROFOR, las “Fuerza de Protección de la ONU”, encargadas de la protección de las poblaciones serbo-bosnias, frente a los contendientes, principalmente, croatas y serbios.

Era obligatorio llevar casco homologado y chaleco anti-balas. El primero, era americano y lo alquilé mediante depósito de una fianza, a un austriaco que tenía un negocio de mercado negro.  Nunca devolví el casco que guardé como recuerdo. El chaleco era del Ejército español que tenía una base de operaciones en Split. “No son plenamente eficaces, los de nuestro ejército, solo resisten algo la metralla pero no una bala directa. Se necesitan carísimas placas de cerámica de las que utiliza la NASA en la punta de sus cohetes”.

El oficial británico que examinó mis credenciales,  quiso hablar con el director de “Tiempo“. Le dije que a las 9 de la mañana solo contestaría el teléfono de la redacción alguna mujer de la limpieza y seguro que no hablaba inglés ni me conocía. Al ver que estaba dispuesto a impedirme el viaje. saqué de mi cartera una acreditación de la UNEF (Fuerzas de Emergencia de la ONU) que se había creado en Noviembre de 1956, en la guerra del Canal de Suez. King Gordon, jefe del Servicio de Prensa, se dió cuenta de que las tarjetas no tenían fecha de caducidad y pidió a su secretaria, Penélope Zaliki,  una chipriota amiga mía, que recogiese todas las tarjetas distribuidas y entregase la nueva a la prensa. Me negué a cambiar la mía. “Lolopi” me suplicó que se la diese pero la convencí para que dijese que la había extraviado. Así fue como durante unos años aproveché vuelos gratuitos de los aviones de la ONU en sus diversas operaciones. Aún la conservo y sigue valiendo aunque figure en ella el desaparecido diario “Informaciones“.

Mientras esperaba embarcar en el bar del aeropuerto de Split, una mujer se acercó a mí. “¿Es usted periodista?” Respondí afirmativamente y en inglés me suplicó que llevase latas de leche en polvo y otros alimentos a su hermana reciente mamá de una niña en Sarajevo donde estaba atrapada. El aduanero de la ONU, un suizo de buenos modales, me dijo que yo no podía llevar nada a nadie cualquiera que fuese la finalidad. “Varios falsos periodistas han sido interceptados dedicados al mercado negro. Diga a la señora que nosotros nos encargamos de entregar lo suyo a su hermana”. Me acerqué donde estaba angustiada la mujer que había presenciado mi discusión desde el lugar reservado para el público. “No está confiscado su envío, lo entregan ellos directamente”. Me dio un  beso a la vez que me agarraba la mano. Temblaba cuando la dije que el aduanero era suizo y no croata.

En el vuelo coincidimos Enric Martí, Veronique Pasquier, periodista suiza de la Tribune de Genéve y yo. El resto era carga de ayuda como un enorme palet recubierto de papel de El Corte Inglés. Al llegar a Sarajevo el avión maniobró para que el pontón que se habría por detrás, quedase fuera del alcance de los serbios instalados en las inmediaciones de la pista. “¡Corran hacia el edificio!” nos gritó con fuerza el Comandante en medio del ruido de sus motores. Mientras me agoniaba con mis bolsas de cámaras y mi equipaje, pude leer en la fachada del aeropuerto: “¡Welcome to Hell!(Bienvenidos al Infierno). Algún colega gracioso escribió en España, sin haber pisado Bosnia, que aquel grafiti se había redactado para recibir un club de fútbol rival. Detrás de sacos de tierra, los cascos azules franceses apenas asomaban sus rostros.

Llegar al hotel Holiday Inn, exigió una larga espera. No queríamos tomar el BMR blindado francés que nos permitía cruzar zona disputada por los dos bandos porque Enric tenía un colega que se suponía había quedado en recogerlo. Finalmente aceptamos otro BMR que nos llevó a su Cuartel General. Allí nos enteramos de que el amigo estaba en el quirófano del hospital de UNPROFOR. Un fuego cruzado le había herido y se salvó deslizándose del vehículo sin ser visto. Unos musulmanes se arriesgaron y le arrastraron hasta sus líneas. El vehículo se quedó en manos de los serbios y nunca más se supo. Al herido lo estaban operando de la pierna cuando llegamos.

En el Holiday Inn, solo pudieron darme una habitación del sexto piso. No había electricidad en la ciudad y. por consiguiente, ascensores ni mozos que te ayudasen. Subí lentamente, deteniéndome numerosas veces al cruzarme con un colega americano que practicaba jogging dentro del edificio ya que los serbios estaban a pocos metros del hotel y había franco-tiradores en la calle. Dejé pasar a uno de esos deportistas americanos unas veinte veces aplastándome contra la pared y arrastrando mi equipaje. Estaba visto que tendría que dejar en Recepción cuanto pudiese necesitar durante el día y solo regresar a la habitación por la noche. El hotel me costaba 100 dólares diarios y doscientos el vehículo acribillado de un estudiante y un intérprete que pagábamos a medias Veronique, la colega suiza y yo.

Cruzar cada mañana la “Avenida de los Francotiradores” (Bujlevar Mese Selimovica) era un riesgo seguro pero era necesario para ir a trabajar al centro de la ciudad. Mis colegas Gervasio Sánchez y Alfonso Armada cruzaban esa ancha avenida corriendo velozmente. Yo me tenía que conformar con andar porque mis pulmones no me permitían más. “Enrique, acabarán dándote”, me decían. “Todo pueblo tiene un tonto. Viéndome caminar normalmente, los chetnicks deben pensar que soy El Tonto de Sarajevo y no tiene ningún mérito abatir un deficiente mental “.

La ciudad estaba sitiada desde hacía un año y aún le quedaban tres más antes de que acabase la guerra gracias a la intervención de la OTAN. Por todas partes se apreciaban vehículos destrozados, autobuses quemados, colocados de forma que cortasen calles que eran enfiladas desde los vecinos montes Igman  que albergaban francotiradores. Esos vehículos impedían ver los transeúntes y dispararles. Las flores de los parques habían sido sustituidas por coles y tomates, la horticultura del hambre, lo mismo que las macetas de los balcones. El té se calentaba al sol. Un perro daba vueltas intentando morderse el rabo.”Ha enloquecido con el ruido de los disparos”, me dijo un veterinario.

En el Hospital  Kosovo, se operaba  con casco de minero y los quirófanos habían sido trasladados a la zona de oficinas porque los serbios estaban a tiro de los ventanales de la sala de operaciones. El Vodka era el único anestésico disponible. “Nacen más niños que lo normal debido a que la falta de electricidad impide ver la televisión o leer”. En una calle me tropiezo con un hombre mayor sentado al sol delante de la puerta de su casa y fabricando bolas de papel con hojas arrancadas de la caduca Constitución Yugoslava de Tito. Delante de él, la jofaina llena de agua donde las moja y deja luego secar al sol. “Es un tipo de carburante que vendo barato. Además, no tenemos otro”.

Cerca del mercado encuentro un panel con mensajes. Es la única forma de comunicar con los demás. Se compra y vende, se pregunta por un familiar del que no hay noticias, se citan los novios,  uno vende su coche, televisor y tocadiscos por una cantidad ridícula, pagadera en marcos alemanes. Cuando voy a fotografiar una cola de mujeres con cántaros haciendo cola ante una improvisada fuente que mana agua potable me piden airadamente que no lo haga porque los serbios leen la prensa extranjera y como nativos que son, reconocen los lugares y afinan sus morteros. En ciertas esquinas aparecen carteles: “Pazi – Snajper!” (cuidado con los francotiradores) y la gente cruza la calle corriendo.

Fotografío un soldado que regresa en bici a su casa. Su hijo, que lo esperaba en la calle, se ha encaramado en la bicicleta y bajan la cuesta sin dificultad y riendo.. Saco unas fotos. Detrás, en segundo plano,  unos sacos terreros señalan una improvisada comisaría. El centinela da la alarma y me secuestran la película. Prometen llevarla al Holiday Inn cuando la hayan revelado. Es color así es que doy por perdido el rollo. Por la puerta de proveedores del hotel hay cola para la distribución de agua de la UNRWA (Ayuda a los refugiados). Un hombre me ofrece un conejo para cruzarlo si tengo una posible novia. La gente desborda imaginación gracias a lo cual resistió cuatro años.

Agachados dentro del coche de nuestro guía, cruzamos una barrera de disparos dirigidos a nuestro vehículo que circula a toda velocidad con el conductor agachado al igual que yo que estoy a su lado. Cuando estamos alcanzando el ruinoso edificio del diario Oslobodenje, un hombre, desde la terraza, nos dirije con gesto de la mano para que pasemos a su acera por un improvisado camino. Las plantas que antaño fueron redacción y oficinas del diario, están vacías. Los serbios ocupan el parking del edificio. Intento fotografiarles discretamente pero me lo impiden mis colegas bosnios.Estos trabajan y viven como topos. Escatiman el papel para que dure lo más posible. Me ofrecen té en la terraza mientras algunos de ellos, Neozad Imanovic, Slavo Santic, Milan Stozakovic se empeñan en una partida de cartas y Sefic Dautnegovic, nos sirve un té.. Veronique les regala un cartón de tabaco. Yo no me desprendo del mío. Uno de los periodistas tiene que llevar los ejemplares impresos al centro de la ciudad jugándose la vida. Lo hacen por sorteo.

El asedio de Sarajevo por parte de los serbo-bosnios apoyados por Belgrado, costaron la vida a 10.000 ciudadanos entre los que se encontraban 1.500 niños. Pero la mayor ignominia fue la de Srebrenica donde Mladic en persona organizó el  asesinato de 8.100 hombres, engañosamente separados de mujeres y niños, delante de los impasibles 450 cascos azules holandeses al mando de Thomas Karremans, en Potocari. El hombre que cometió aquellas atrocidades y que estaba al mando de los 80.000 hombres del ejército VRS de la república Skrpska, presidida por Radovan Karatzic. Los dos hombres están en manos del Tribunal Penal Internacional para la Antigua Yugoslavia (TPiY).

A veces, en medio de una guerra, surge el elemento anacrónico inesperado. Fue un sábado a la hora de la cena. El comedor del Holyday Inn ofrecía la cena a la luz de las velas. El gran ventanal de cristal estaba recubierto por un cortinaje negro para proteger a los clientes de los disparos serbios que estaban a menos de un centenar de metros. De espaldas al cortinon negro, Susan Sontag daba un beso a su hijo periodista, David Rieff. En Sarajevo, ella se esforzaba por montar la obra teatral “Esperando a Godot“, de Samuel Beckett, obra que representa una espera de algo que se prolonga durante toda la representación. Simboliza la espera y fue elegida porque el pueblo de Sarajevo esperaba la intervención internacional para romper el cerco. Se representó con actores bosnios y con el escenario iluminado con velas.

En  mitad del griterío que originaban los periodistas americanos con sus botellas de whisky a cien dólares cada una, aparecío un hombre vestido de frac y se dirigió al piano de cola situado a pocos metros de nuestra mesa redonda. Y empezó a tocar valses vieneses y czardas húngaras como si el Imperio Austro-húngaro estuviese aún en pie. La escena nos pareció a Alfonso, Gervasio y a mi como algo fellinesco, una fantasía onírica que despreciaba el ruido de los obuses serbios cayendo sobre la ciudad. Una escena imborrable.

Me alegro de que dos criminales de guerra como Radic y Mladi, se sienten ante la Justicia Penal Internacional acusados de crímenes contra la Humanidad. Solo en las calles de Sarajevo, en cuatro año, 1030 personas fueron heridas y asesinaron a 225 de los que 60 eran niños. Los Estados Unidos deberían, convencidos por el Premio Nobel de la Paz, Barack Obama, a la cabeza, adherir su país a este Tribunal donde se defiende la Justicia Universal. Amen.

Susan Sontag redactó un mensaje en favor del pueblo de Sarajevo donde serbios cristianos ortodoxos, bosnios musulmanes y judíos sefardíes, han convivido durante siglos en paz. No se cuantos periodistas se adhirieron al manifiesto pero sé que yo lo firmé y fotografie. Quiero dejar sentado algunas discusiones con oficiales franceses de UNPROFOR que consideraban que los serbios tenían razón frente a unos “separatistas”. Afortunadamente, el tiempo y la OTAN me dieron la razón. Recomiendo el libro de Gervasio Sánchez (Sarajevo, 1992-2008), especialista en seguir lo que viene después de que las guerras terminen. Cada ángulo de la ciudad, durante la guerra, ha sido refotografiado después con las heridas curadas.

 

 

 

 

26 mayo 2011

Velada con Bob Dylan, Joan Baez y Peter Yarrow

Filed under: anecdotario,Derechos Humanos,Elecciones,Estados Unidos,Fotografía — Enrique Meneses @ 13:06

Bob-Dylan-Joan-Baez-Peter-Jarrow-240.jpgEn Washington, tras llegar en el autocar de la Greyhound, desde Nueva York, me fui a ver a José María Massip, corresponsal del ABC en la capital de EE.UU. Él no pensaba asistir al día siguiente, 28 de Agosto 1963, a la Marcha por los Derechos Civiles de los Negros, donde Martin Luther King Jr iba a pronunciar un discurso que ya se ha hecho histórico. José María me enseñó tres pantallas de televisión, correspondientes a NBC, CBS y ABC. Con su mando a distancia, que ya existía en aquel tiempo, subía o bajaba el sonido de acuerdo con lo que decían los periodistas americanos. Esa era la base de su trabajo, “la crónica” como la llamaba, que mandaría a Durán, el jefe del Gabinete Telegráfico de Prensa Española. Estaba yo ante un adelantado del Periodismo 0.0 que tanto se practica actualmente gracias a Internet.

Tras despedirme, me fui a la explanada donde se iba a celebrar, al día siguiente, la mayor concentración de activistas de los Estados Unidos en defensa de los derechos civiles de los negros, más de 200.000, con un 20% de blancos. En un lateral del magnífico estanque que iba desde el Monumento a Lincoln hasta el obelisco, se había  montado una carpa que podía albergar un centenar de periodistas, americanos y extranjeros que cubríamos los acontecimientos previstos para el día siguiente. Inútil decir que nadie se fue a dormir aquella noche con barra libre y Joan Baez, Bob Dylan y Peter Yarrow (del grupo “Peter, Paul and Mary”) amenizando la velada con la carrasposa voz del mitico autor de “Blowing in the wind”. En algunos pies de mi foto se señala erróneamente a Garfunkel como acompañante de Dylan y Baez. Era Yarrow.

A la mañana siguiente,  el aeropuerto de Washington-Dulles recibió de Hollywood un vuelo especial cargado de celebridades pertenecientes a la Guild (asociación de actores) de la capital del cine. Charlton Heston, Burt Lancaster, Harry Belafonte, Marlon Brando, Sidney Poitier, Lena Horne, Josephine Baker, Paul Newman. Me hinché a fotografiar esos rostros que formaban parte de la cosmografía del cine mundial. Pero quizá estoy más satisfecho del retrato robado de un Martín Luther King que, inesperadamente, se volvió cuando yo caminaba detrás de él con el dedo en el gatillo de mi Leica 3.

Ningún fotoperiodista español estaba presente en aquel 28 de agosto de 1963, bajo un sol implacables, antes de que Martin Luther King hablase de un sueño que tuvo, I had a dream. En aquel tiempo yo tenía representación internacional en varios países, a través de agencias. Me molestó un comentario que recibí de un lector español, mencionando el famoso discurso de Martin Luther King: “Las palabras se las lleva el viento, solo la acción tiene repercusiones”. La llegada de Barack Obama a la Casa Blanca, el 20 de enero 2009, 45 años después de que el sueño hubiese ilusionado al mundo,  obtuvo la respuesta  este incrédulo lector..

Bob Dylan acaba de cumplir 70 años este 24 de Mayo.¡ Muchas Felicidades, Bob !

Foto Copyright: Enrique Meneses

 

 

 

10 mayo 2011

De la “mentira piadosa” y otras gaitas

feretro-con-insurrectos-240.jpgBueno, bastó que yo aplicase la conveniencia política que Barack Obama ha aplicado a la ejecución de Osama bin Laden, para que me cayese encima casi toda la crítica de mis lectores. Para ellos es inadmisible matar a un hombre sin juicio justo. A mí me parece lo moralmente correcto pero ¿Puede ser siempre así? Creo que los cirujanos, si pueden salvar una pierna, no deben cortarla.

Estamos asistiendo a enormes matanzas de civiles desarmados en Libia y Siria. Son miles entre esos dos países musulmanes, los dos únicos que no han respondido civilizadamente a la petición de libertad en las calles como sucedió, con un coste mínimo, en Tunez y Egipto que tiene más población que todos los demás países árabes de Oriente Medio y Norte de África juntos. La vida de esos muertos que solo reclamaban aquello a lo que todo el mundo tiene derecho, la libertad y la democracia, está en manos de dos hombres. Muamar al Gadafi y Bachir el Asad.

Estos dos seres humanos están causando miles de muertes por sostenerse en el poder. ¿Hay alguna razón en la balanza de la Justicia Universal para defender los inconfesables deseos de esos dos hombres? ¿Es más importante que sigan acumulando riqueza personal, familiar y de sus partidarios, que la vida de miles de sus conciudadanos? Nosotros los occidentales sostuvimos a esos dictadores para protegernos del enemigo islámico. Por eso nació Al Qaeda que ahora se hace inútil para deshacerse de satrapías.

¿Llevarles ante el tribunal de La Haya ? ¿Y cómo se hace? Según los que han visto un montón de películas americanas, se les esposa mientras se le leen sus derechos constitucionales. Lo hemos visto muchas veces…en el cine edulcorado que enseña Hollywood desde su prehistoria. No se debe mentir pero se admite la “mentira piadosa”, aquella que permite preservar un bien superior. ¿Se puede extrapolar para decir que la muerte violenta de dos dictadores permite salvar miles de muertes inocentes? Nuestra recién estrenada democracia ¿nos permitiría cortar la pierna para salvar el cuerpo?

No voy a seguir discutiendo con mis lectores sobre el caso bin Laden. Yo conocí a Ernesto Guevara, el Che, en Sierra Maestra. Se batió bien en Santa Clara pero hasta entonces no había hecho nada que le elevase a los altares de la popularidad. En mi opinión era un hombre valiente pero un mediocre estratega. Fracasó en sus intentos de “crear mil Vietnams”. Fracasó en el Congo y marchó a Bolivia donde llegó a morir ejecutado por los soldados y la CIA que se llevó sus manos para identificarlo. Hoy bastaría el ADN.

Su defensa del comunismo chino frente al soviético hizo que el PC boliviano le negase todo apoyo. Un año antes, los campesinos que pretendía unir a la guerrilla o apoyarla, habían beneficiado de un reparto de tierras por parte del gobierno y el indígena de la región donde quiso iniciar su revolución, no tiene el nervio del guajiro Oriental de Cuba.  Sin  los guajiros de Crescencio Pérez, dentro de los 2.400 km2 de la Sierra, nunca hubiese triunfado la revolución castrista. Ha pervivido gracias a la foto del cuerpo sobre una mesa de mármol y la más conocida de la Historia, la del “Cristo” Che Guevara por Albertol Korda. ¿Y hay quien quiere que perviva Osama bin Laden con las fotos de su muerte  en las camisetas de la juventud musulmana? Los iconos desde la crucifixión de Cristo son poderosos mensajes. Obama lo sabe.

21 febrero 2011

Ha muerto Odón Alonso

Filed under: anecdotario,Educación,Fotografía,General,Periodismo — Enrique Meneses @ 23:11

Lo conocí hace 47 años en Nueva York donde yo vivía como freelance con ojos y oídos alerta en cuanto pudiese ser de interés para los medios europeos. No solo me ocupé de Charles Aznavour, máximo exponente de la canción francesa, sino de Joao Gilberto, el inventor de la Bossa Nova, Los Iruñakos, un grupo folclórico navarro que me atrajo por el hecho de que uno de los componentes tenía un hermano norteamericano que nunca había conocido. Una desastrosa separación de los padres que se habían repartido a los hijos de tiernísima edad.

Odon Alonso, hijo de músico de mismo nombre me atrajo porque no abundaban los directores de orquesta españoles que acudiesen a dirigir orquestas americanas de renombre. En su hotel charlamos de lo ilusionado que estaba y en un momento dado, despues de deshacer la maleta sobre la cama, me quiso enseñar las vistas desde su habitación y así le sorprendí con la batuta en sus manos y un fondo de ventanas del edificio contigo.

Dirigió numerosas orquestas nacionales e internacionales, entre las que figuran la Orquesta Nacional, la Orquesta Filarmónica de Madrid, la Orquesta Sinfónica de Radio Televisión Española y la Orquesta de Puerto Rico. No recuerdo qué orquesta americana iba a dirigir cuando tuve el placer de entrevistarme con él.

Ha muerto a los 84 años. No me ha impresionado tanto como si hubiese fallecido a los 50 o 60. Yo mismo estoy en el punto de mira aunque, sinceramente me la trae…. Pero es curioso lo que a veces me asalta en la calle cuando me imagino que todo el que tuviese menos de 70 años desapareciese de la escena. Nos quedaríamos un puñado de dinosaurios con una cantidad de espacio libre que no sabríamos qué hacer con él.

3 febrero 2011

Gervasio,el san bernardo de los desaparecidos

GervasioS-desaparecidos-240.jpgEstábamos sentados junto al piano de cola de aquel comedor del Holiday Inn.  Era  un sábado cualquiera de julio de 1993, en Sarajevo sitiado. Una veintena de mesas, velas, ruidosos periodistas americanos en un par de mesas juntadas. Con ellos guapísimas chicas, casi todas estudiantas que dominaban el  inglés y que comían con los informadores más ricos de aquel salón lleno de periodistas. Nosotros también necesitábamos transporte e interpretes pero con otras tarifas. La comida servida procedía del mercado negro pero también guisqui que los americanos pedían a 100 dólares la botella .

Al fondo del comedor, un enorme cortinaje negro cubría lo que debió ser una fantástica vista, nunca supe qué se veía. Del otro lado del cortinon, los serbios. De espalda a ellos, en aquel comedor, Susan Sontag, con sus 60 años, a la que venía a dar un beso su hijo David Rieff, también periodista. En nuestra mesa redonda, Gervasio Sánchez, Alfonso Armada y yo además de un italiano que partía al día siguiente. Hablábamos de lo que hablan los periodistas en zona de guerra, de las ganas de terminar el trabajo, de lo que cada cual ha visto durante el día en tal o cual barrio de la ciudad. La visita al Hospital Kosovo para contar muertos y heridos, victimas de los francotiradores, charlar con  los cirujanos con mascarilla desgastada y casco de minero para iluminar la mesa de operaciones. “No tenemos anestesia. Lo que más hacemos es amputaciones de miembros. Están naciendo más niños que antes de la guerra”. El desafío de la vida ante la muerte, dije cuando supe el dato. “Y la falta de electricidad y televisión” me completó una joven enfermera

Hablábamos  de nuestros recuerdos de otras zonas de conflicto. Mis jóvenes compañeros veían en mi veteranía una confirmación de que lo que hacíamos es la profesión más bella del mundo y, en algunos momentos, la más peligrosa. Cuando contaba a mis compañeros que yo fui el único periodista español del lado egipcio cuando Israel, Francia y Gran Bretaña atacaban por todos los frentes, en Octubre de 1956, no podían creer que ya había estado en la guerra del Canal de Súez, 37 años antes, cuando ninguno de ellos había nacido.

Yo había estado varios años siendo editor o con programas de radio y televisión alejado del riesgo. Yo era un desconocido en las facultades de Periodismo y Gervasio y Alfonso se escandalizaban. ¿Por qué deberían haber hablado de mi?  me preguntaba yo.Los criterios académicos y la realidad del periodismo son como el agua y el aceite. Mi reportaje de Fidel Castro y el Che en  Sierra Maestra les fascinaba y sentían vértigo al pensar que hacía cuatro décadas que yo había bajado de aquella montañas  de Cuba.

Nos despedimos prometiendo volver a encontrarnos en Madrid. Ser freelance no te permite aguantar demasiado en zona de guerra. Cien dólares diarios de hotel, cien de estudiante-interprete y otros cien del coche ,de otro universitario ,es mucho dinero cuando solo tienes la seguridad de que lo recuperarás si tu trabajo es satisfactorio. Mi acreditación era de “Tiempo” y acabé vendiéndoselo a “Diario 16″.  Pero vivir en la inseguridad, en esta profesión,  es vivir. Y aquel sábado, como si estuviésemos en una película de Fellini, con el ruido de fondo no tan lejano, de ametralladoras y morteros, apareció un pianista de frac, se sentó al piano y empezó a deleitarnos con Chopin y Strauss. Me sentí en pleno Imperio austro-húngaro. antes de que aquí, en Sarajevo, Gavrilo Princip asesinara al archiduque Francisco Fernando de Austria y su esposa, Sofía Chotek, y comenzase la Primera Guerra Mundial.

Desde aquel encuentro nuestro, Gervasio ha seguido un camino inédito en el mundo del periodismo y de la investigación: Se interesó por los “después” de las guerras. ¿Que había sido de aquella mujer que  perdió a su hijo en la masacre del Mercado de Sarajevo? ¿Se habría casado aquella muchacha que lloraba junto al novio herido? Buscar la Historia del después es, a veces, reconfortante ver cómo el ser humano caído se levanta y anda, con ortopedia o simples muletas, pero anda. Y los desaparecidos de Argentina, Chile, Colombia, Laos, Irak aparecen en modestas fotos que sujetan sus deudos con paciencia de siglos.

Ahora en España la gente puede ver y escuchar en exposiciones y conferencias, lo que es la misión de Gervasio, este buen samaritano, este perro San Bernardo que pacientemente reconstruye vidas e intenta minorar el dolor de las víctimas de la guerra. Al  senequismo cordobés unió Gervas la tozudez maña tras su matrimonio con Carmen “Choco” y tener a Diego al que ha educado llevándolo a los campos de batalla de Sierra Leona, Laos, Sarajevo, Kosovo o Tinduf,  para enseñarle el daño que han hecho, después de las guerras, las bombas de racimo, esas pequeñas pelotas de golf de  colores vivos y que salen por millares de las bombas portadoras.  Termina la contienda y esas pelotitas  siguen segando miembros de niños que las encuentran y quieren jugar con ellas, los campesinos arando sus campos. Para ellos la guerra no termina nunca.

El hombre que más ha hecho porque se prohibiese la fabricación y venta de esas armas, ha sido “Gerva”, el periodista que documenta y hace visibles los familiares que tienen desaparecidos, el mismo que lucha contra el empleo de niños y niñas como soldados en las guerras africanas. Gervasio Sánchez tiene un Seminario de Periodismo Humano en Albarracín, todos los otoños. Estuve en el de 2001 y ahora al cumplirse 10 años de estos encuentros veteranos y novatos.. Se han presentado 300 jóvenes periodistas y otros 60 fueron rechazados porque Albarracín tiene 1.300 habitantes y no puede alojar a más de 300.

De vez en cuando, hojeo los magníficos libros de Gervas, publicados por Blume, mientras escucho las czardas de Monti al piano y recuerdo aquel sábado mágico de julio de 1993, hace ya… ¡17 años!

29 diciembre 2010

Bienvenidos a mi casa

Hace más de un año, la revista The Economist de Londres, solicitó a una serie de personas de varios países, que describiesen su “Thinking Space” (literalmente, el espacio donde piensan). Por razones que nunca nos fueron dadas, el semanario británico suspendió la serie. Entre los contactados estaba Rosa Jiménez Cano que ha cambiado de espacio de trabajo desde entonces y yo. Son tantos los que me piden visitarme que he decidido utilizar un trabajo que fue meticulosamente realizado con la magnífica colaboración de Chiara Cabrera en la fotografía. ¡Pasen y vean! La entrada es gratis.

AUTORETRATO DE UN OPTIMISTA

Creo que toda persona es producto de tres factores: Su genética, su educación y su voluntad. En mi caso no me quejo de ninguno de ellos. De familia deportista, hemos aprendido desde pequeños a caer y levantarnos, a dar la mano a quien nos ganase y no zaherir a quien vencíamos. Para mí, en concreto, una derrota es la oportunidad de convertirla en un peldaño para alcanzar un triunfo posterior. Se aprende más de las derrotas que de las victorias.

La educación de un niño de 6 años, en un colegio de Francia, sin conocer el idioma puede parecer muy duro aunque me ayudó el que mi madre ya me hubiese enseñado a leer y escribir en español desde los 4. El francés fue una inmersión lingüística de choque. Salí vacunado para similares situaciones en el futuro que me esperaba. A los 10 años, en el París donde mi padre había montado una agencia de prensa destinada a los periódicos de América Latina, la Segunda Guerra Mundial vino a trastocar nuestra existencia. Muchos compañeros judíos, no tuvieron mi suerte y murieron en la Shoa. Sus nombres figuran en la fachada de la escuela de la rue Chernoviz. Además de la excelente educación pública francesa, que jamás ponderaré suficientemente, aprendí a valerme de mil trucos para subsistir. Por ejemplo recoger colillas en las aceras, lavar el tabaco, mezclarlo con cardos secos y, con una maquinilla y papel de fumar Jean, liar cigarrillos que vendía a mi madre y sus amigas, principalmente. En los hotelitos del XVIéme arrondissement propiedad
de familias judías huidas ante el avance nazi, robábamos el plomo de las cañerías, que pagaban muy bien los chatarreros, y, a veces, cortábamos un poco de leña del jardín para calentar nuestra casa. Ese era el dinero semanal mío y de mis hermanos. Lo mismo hacía en general el resto de la pandilla. Íbamos a clase con la mochila de la máscara de gas al hombro, después de haber hecho un par de horas de cola en las tiendas de alimentación para que el relevo de la familia se hiciese con el escaso racionamiento de las cartillas. Cuando estábamos en clase y sonaban las sirenas, corríamos ordenadamente hacia el refugio que nos correspondía cruzando la calle. Los más listos, nos escabullíamos y nos metíamos en los almacenes Prísunic donde, si podíamos, birlábamos alguna navaja multiusos suiza.

En una guerra, los niños crecen muy rápidamente. Cambiar de colegios y de ciudades desarrolla una gran capacidad de adaptación. Acabas pensando, con razón, de que siempre estás en casa, entu patria. Del París de los bombardeos al Biarritz vasco-francés, de la Lisboa desbordante de refugiados del nazismo y de espías, al Liceo Francés de Madrid y de allí interno al de Louis Barthou de Pau, en el Bearn, completé un Master en el que aprendí a no llorar en las separaciones, a nunca decir “adiós” sino “hasta luego”, a reconstruirme un entorno sabiendo que sería provisional y agradeciendo siempre lo que tenía.

Mi padre quería que fuese diplomático. Sabía por experiencia lo mal pagada que siempre estuvo  esta profesión de reportero. Hice por libre algo más de 3 cursos en Salamanca que compaginé con escribir hasta abandonar el Derecho Político de Adolfo Posada y dedicarme de lleno a la prensa. Años más tarde, me volqué para hacer de mi hija una buena periodista pero, una vez más, se produjo la rebelión y ella, tras cuatro años de ejercer en Oriente Medio, y con su carrera de Ciencias Políticas más español, inglés, francés y árabe, abandonó la profesión que yo le
recomendaba insistiendo en que era tercera generación de periodistas. Fue tan inflexible conmigo como yo lo fuera, en su día, con mi padre.

Cuando me ha surgido un problema, a lo largo de mi vida, siempre lo he recibido sin agoniarme porque me incitaba a encontrarle soluciones. No me bastaba una sino que quería el mayor número de ellas. Luego, mi problema quedaba reducido a elegir la mejor de las soluciones posibles. Derrumbarse ante un obstáculo es una de las actitudes más estúpidas que podemos adoptar. Nunca he visto que el abatimiento o la depresión fuese una de las posibles soluciones que ofrecía un problema. El periodismo me enseñó que llegar tarde a un cierre era echar a perder el trabajo que hiciste y eso por querer ser híperperfeccionista. Más vale equivocarse ahora que tener razón dentro de cien años. Y no impide que seamos perfeccionistas si el tiempo no apremia. Es así como golpe a golpe, la experiencia va cincelando nuestra manera de ser a la vez que nuestra biografía. El que, por primera vez, cae del caballo y no vuelve a montarlo enseguida, nunca aprenderá a
cabalgar. Las heridas físicas, en caliente, no duelen. No hay que detenerse por ellas sino avanzar más deprisa.

Cuando la gente joven se cree que he ejercido el periodismo durante 63 años, piensa que he tenido una suerte que hoy en día no se les puede presentar a ellos. Están en el error. La suerte hay que ir a buscarla. Ni yo ni los periodistas de mi generación hemos tenido una continuidad absoluta en el ejercicio de nuestra profesión. Pero ¿hay alguna profesión que se desarrolle como una partitura de Mozart? Todos –y me refiero a grandes nombres de esta profesión, en España y en el extranjero– hemos tenido importantes y numerosos baches para mantenernos a flote en un mar que no siempre está en calma. No daré nombres pero conozco colegas laureados que han sobrevivido en algunas etapas de sus vidas dando clases, siendo camareros, escribiendo discursos para empresarios o alcaldes medio analfabetos, han sido guías de turismo, “negros” de conocidos escritores, han fotografiado bodas, bautizos y primeras comuniones (lo que llamamos “trabajar para la BBC”), han realizado catálogos para tiendas de lencería. En mi caso concreto no me importa enumerar los numerosos trabajos que he realizado para subsistir en espera de que el viento de “mi vocación” soplase en la buena dirección:
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27 octubre 2010

Albarracin y Gervasio Sánchez

menesesalbarracinoct010-105-2401.jpgEn Julio de 1993, me fui al Sarajevo sitiado por los serbios más xenófobos de la República que fuera de Yugoslavia. “Wellcome to Hell!” (Bienvenido al infierno) rezaba una enorme pancarta  en la fachada del aeropuerto. Dentro del avión militar francés palets con avituallamiento para la población y los soldados de UNPROFOR. Tres periodistas, Enric Martí, Pasquier, una periodista de La Tribune de Genéve y yo que iba por mi cuenta pero con la acreditación de Tiempo (luego vendí mi trabajo a Diario 16). En el infierno de Sarajevo conocí a Gervasio Sánchez y Alfonso Armada. Representábamos la vieja y la nueva “tribu” como denomina Manu Leguineche a esa bandada de periodistas que cual cernícalos arriba a “donde hay tomate”.

Mis compañeros no sabían que yo era el que había fotografiado en Sierra Maestra a Fidel Castro, Raúl y el Che Guevara con ciento y pico de hombres,nueve meses antes de que cayese Batista. Mis dos jóvenes colegas no comprendían cómo las enseñanzas de periodismo en la universidad no hablaban de tipos como yo. A mi no me extrañaba pero a ellos les indignaba. Desde aquel momento, Gervasio, que podía ser mi hijo por la edad, se convirtió en mi padre por el poder de convocatoria que tiene y su tenacidad de luchador para las causas difíciles. “Resucitarme”ante las nuevas generaciones, no le fue tan duro como acabar con las bombas de racimo o el uso de niños-soldados en las guerras.

En 2001, Gerva, como cariñosamente le llamamos todos, me invitó a dar una charla a los alumnos del Primer Seminario que, con La Fundación Santa María de Albarracín, organizaba en tan agreste ciudad de la provincia de Teruel.  Y ahí, en el inicio de estos encuentros que han cumplido una década de éxitos,  me encontré con dos centenares de alumnos y unos cuantos profesores. Después de mi charla, los estudiantes me preguntaban que de donde salía yo y donde había estado escondido. No sabían lo que fueron aquellos años de “A Toda plana”, primer programa informativo de TVE fuera de los telediarios (anterior a Informe Semanal), Los Reporteros, con Miguel de la Quadra, Jesús González Green, Ángel Marrero, Diego Carcedo, Javier Pérez Pellón y yo. De siete años de mi revista “Los Aventureros”, de su versión británica o la emitida por RNE, de “Robinson en África” para RTV2, no sabían nada por edad o porque el periodismo de nuestras facultades de Ciencias de la Información no quieren saber nada de los que aprendimos el oficio en la Universidad de la vida, en  las calles, montañas y desiertos  de países lejanos.

Para celebrar el décimo aniversario de este Seminario, que recomiendo a quien quiera darse un baño de buen trabajo realizado en talleres con profesores experimentados, 300 alumnos han logrado plaza y otros 60 no han sido aceptados porque Albarracín tiene  1.100 habitantes y la invasión de tanta juventud se hace notar aunque todo el mundo encuentra alojamiento y restaurantes de alta calidad. A mi me correspondió un hotel de los llamados “con encanto”.  La Casona del Ajímez solo tiene 6 habitaciones que conservan el sabor de otros siglos pero con la comodidad de hoy. Yo ocupaba la habitación del Canónigo con los muebles acordes con la época y Lourdes (655.843.207), la propietaria, capaz de regalar una bufanda a este octogenario.

Impresiones de mi estancia en este X Seminario de Fotografía y Periodismo 2010: Es una juventud muy preparada, afable, respetuosa, cariñosa pero con una gran dosis de preocupación ante el futuro de su profesión. Está desorientada por la cantidad de despidos que se han producido en los medios de comunicación en los últimos dos años. He intentado decirles que con el pesimismo no se va a ninguna parte y menos se conjuran los efectos de la crisis. Simplemente estamos metidos en dos círculos concéntricos en los que el primero representa la crisis económica y el segundo, la tecnológica que tan brutalmente afecta a la industria de la información.

Para la prensa, sus primeros reveses aparecieron con los diarios gratuitos que se llevaban gran parte de la tarta publicitaria destinada al papel impreso. El contenido informativo de esos diarios era de poco presupuesto porque las agencias brindaban una información  barata por ser la misma a una clientela numerosa. La siguiente embestida apareció con la reducción de los presupuestos de las empresas como respuesta a la de las economías familiares. El miedo a perder el trabajo los que aún lo tenían, hizo que las familias redujesen sus gastos superfluos y se lanzasen sobre las marcas blancas, eliminasen algunas comidas fuera de casa y abaratasen sus vacaciones. El resultado: se deja de comprar prensa en los quioscos y se sustituye por la lectura de los digitales y la publicidad de los anunciantes empequeñece para defenderse de la caída del consumo.

Los medios impresos, atacados en sus dos fuentes de ingresos, ventas y publicidad tantean su  clonación digital a donde se resiste a ir la publicidad cuyo control está en los seniors de las grandes marcas. Los jóvenes publicitarios sí confían en los medios digitales pero antes tienen que arrebatar el mando o cambiar la mentalidad de los dinosaurios, grandes consumidores de publicidad sobre papel. Entre tanto, se discute si Internet va acabar con el periodismo y si la información pierde credibilidad cuando todo el mundo puede entrar en los multimedia de la pequeña pantalla (pronto de la grande). No, el periodismo será siempre el mismo,  ir a ver lo que sucede allá donde suceda y narrárselo al lector, oyente o espectador.

Las dos crisis han supuesto la expulsión del mercado laboral de 2.000 periodistas solo en Madrid, lo que produce cada año el conjunto de Facultades de Ciencias de la Información. Antaño. las madres querían casar a sus hijas con ingenieros de caminos. Mi padre periodista insistía en que yo fuese diplomático. Abandoné derecho en en cuarto con asignaturas pendientes de tercero. Hoy en día se ha prestigiado demasiado esta profesión de golfos y aventureros que vivimos a trompicones su etapa más gloriosa. Aquella en la que un colega neoyorquino se encontraba con un amigo del  pueblo y se despedía de él diciéndole: “Si ves a mi madre, no le digas que soy periodista. Ella se cree que soy pianista en un burdel”.

24 agosto 2010

Memorias de Fidel Castro y las mías

FidelRaulMenesesDe sus Memorias, que aguardo con impaciencia, el diario Gramma publica unos episodios que en parte he compartido con el líder de la Revolución. La forma en que habla de los periodistas que subieron a Sierra Maestra, se presta a equívocos cuando no a omisiones que la Historia de nuestra profesión  merece corregir antes de que, como diría el Comandante, “nos vayamos todos pá el carajo!” El extracto de Granma dice:
“Durante los meses de febrero y marzo de 1958, me vi en la necesidad de dedicar atención a un flujo creciente de periodistas, tanto cubanos como extranjeros, llegados a la Sierra. Nuestra lucha en las montañas de Oriente ya era motivo de interés en el mundo. Entre los visitantes recibidos se contaron el argentino Jorge Ricardo Masetti, autor después de un hermoso libro sobre nuestra lucha; el ecuatoriano Ricardo Bastidas, asesinado por los cuerpos represivos de la tiranía batistiana; el mexicano Manuel Camín y el uruguayo Carlos María Gutiérrez, quienes publicaron buenos reportajes en la prensa de sus países; el español Enrique Meneses, autor de algunas de las fotos emblemáticas de la lucha en la Sierra; los norteamericanos Homer Bigart, Ray Brennan y otros.”

Yo llegué a Sierra Maestra  a mediados de diciembre de 1957, algo más de un año después del desembarco del Gramma el 2 de diciembre de 1956. Que yo sepa solo había subido antes que yo, Herbert Mathews del New York Times que permaneció solo unas horas. El viaje había sido organizado desde Nueva York por Mario Llerena,representante en Manhattan del “Movimiento 26 de Julio” (M26-7) así llamado por la fecha del asalto al Cuartel Moncada de Santiago de Cuba en plena resaca de las fiestas patronales. El encuentro de Fidel con Mathews se produjo en la finca “El Chorro” en las cercanías de la Sierra, el 17 de febrero de 1957. Duró unas horas y se tomaron un par de fotos con el diario del día en la mano para fechar el acto y demostrar que el líder rebelde no había muerto en combate como repetían los batistianos para desmotivar la revolución. Otro periodista americano, Homer Bigart, acudió a la Sierra durante mi segunda estancia y le serví de intérprete con Fidel Castro porque el líder rebelde hablaba un inglés muy deficiente. Bigart compartió el bohío que me reservara Che Guevara con el rótulo de Prensa Extranjera cuando solo estaba yo como tal. La entrevista de Bigart se publicó en The New York Times el 23 de Marzo de 1958.

Mencioné al ecuatoriano Ricardo Bastidas (que por error llamo Bastide en mis memorias), asesinado por el gobierno. Nunca me dijeron en la Sierra que hubiese ascendido hasta allí. El único indicio que acabo de encontrar y que merece credibilidad señala la fecha de marzo de 1958 como la de su ascensión y dice que Bastidas inauguró “Radio Rebelde”. Pues bien, el primero de los tres números que Paris-Match publica sobre Sierra Maestra lleva fecha 8 de marzo de 1958 y siguen otros dos de 12 y 19 de abril. Pero para eso el reportaje había seguido un camino largo.

Bajé de la Sierra para poner a buen recaudo mis películas. En La Habana, revelé mis fotos en casa del ingeniero Agustín Capó, gran aficionado a la fotografía. Piedad Ferrer, en cuya casa estaba yo alojado por decisión del  M26-7 de la capital, llevó mis películas, cuidadosamente protegidas y cosidas las tiras de 6 fotogramas entre dos enaguas almidonadas, como era la moda entonces. La joven rebelde de 17 años viajó a Miami desde donde remitió mi trabajo por flete aéreo a Paris-Match. Terminad la puesta a salvo de mis fotos. regresé a la Sierra en compañía de Agustín Capó. El trayecto fue mucho más fácil que en diciembre cuando  lo hiciera con la ayuda de “Deborah” (Vilma Espín), jefe del M26-7 de Santiago de Cuba. Capó, ingeniero del servicio de aguas de La Habana, trajo en aquel vuelo una emisora Collins  del ejército americano. En una finca del municipio de Bayamo, Agustín y yo nos separamos.  Me cambié de ropas y calzado y mis guías me llevaron a mi y la emisora hasta la colina donde se encontraba Fidel y un número inusitado de hombres. Todo el mundo hablaba en voz baja porque en la colina de enfrente, Pino del Agua, había un aserradero propiedad de un marqués español cuyos barracones ocupaba una guarnición batistiana.

El día 14 de febrero clareaba tras una espesa niebla cuando avanzamos silenciosamente en fila india con un trapo blanco colgando de la nuca para orientar al que seguía. La primera linea se constituyó cuando alcanzamos la balconada de nuestra colina. Yo me situé, tirado en el suelo, a un par de metros de Fidel que intentaba, con su mirilla telescópica, ver si había movimiento entre los barracones del aserradero. El combate duró todo el día. Pasamos una noche más en el lugar y nos retiramos el 15 de febrero. Según las memorias de Fidel, el combate fue del 16 al 18. No me cuadra pero seguro que tiene mejores datos que yo porque Celia Sánchez tomaba minuciosa notas de cuanto acontecía en la Sierra. Yo estrené la que se llamaría “Radio Rebelde”, llamando por la banda de 13 metros a algún radioaficionado de lengua francesa. A mi “CQ” respondió un canadiense de Quebec que llamó a Europe nº1 de Paris para decirles que conectasen conmigo. Tardaron un par de horas en encontrar una radio de onda corta y Fidel me regañó por consumir consumir tanto carburante del generador que había que subir a la cima de la colina a lomo de hombre. No es cierto, como dice la Wikipedia que “Radio Rebelde” iniciase sus emisiones desde Venezuela sino que la cobertura de la Collins dejaba muchas áreas en la sombra y Caracas rebotaba las noticias de la Sierra y las distribuía por medios más potentes. (más…)