Mejor educación para nuestros hijos
Para muchos niños y niñas, los viejos sistemas de estudiar no son todo lo apetitosos que debieran. Para ellos, cuando las cosas saltan de las páginas de sus libros y aparecen ante ellos, vivas y comunicantes, el aprendizaje se hace más real por cercano a ellos. Visitar museos, una fábrica de coches o una finca ganadera pueden ser ocasiones diferentes pero todas estimulan sus imaginaciones.
Mi madre me enseñó a leer y escribir a los 3 años y me prometí hacer lo mismo con Bárbara, mi hija mayor. Y cumplí mi autopromesa. Siendo su madre australiana, el inglés rodeo a la niña desde sus primeras nanas. A los cuatro años, con ventaja sobre sus compañeros, entró en el Liceo Francés donde recibió unas inmersión de francés sin olvidar ni el inglés ni el castellano de sus amigos. El hábito de lectura de sus padres la empujó a constituir su propia bliblioteca, impresionada por la de sus padres.
Tras la muerte de su madre, cuando ella tenía 9 años, adquirió una hermanastra, Anne-Isabelle (8 años), y un hermanastro, Ricardito (4 años). Ambos franco-españoles y escolarizados en el liceo francés como Bárbara.
Un día, Enrique Nicanor, director de la Segunda cadena de TVE, me pidió una idea de programa instructivo para la juventud española. Yo tenía entonces el programa “Los Aventureros” en Radio Nacional (rne1) y sugerí llevar a dos chicas y un chico a través de 10 países, 20.00 km y 90 días. Que los jóvenes españoles descubran un continente que tienen a 14 km de Algeciras me parece vital para el futuro de España.. La idea fue aceptada, entre otras razones porque me comprometí a realizar la expedición con un presupuesto de solo 7 millones de pesetas. Salí de Prado del Rey con 21 millones en publicidad asegurada.
Durante el viaje, las niñas aprendieron lo que es salvar obstáculos geográficos, como el desierto del Sahara, burocráticos como quedar bloqueados en “tierra de nadie”, un veertedero de basuras entre Marruecos y Argélia por los permisos de rodaje prometidos por la embajada y que tuve que ir a buscar a Argel al no encontrarlos esperándonos en Oujda. Un aprendizaje de cómo vencer obstáculos en la vida real. Por el Sahara, sentadas detrás de mi en el Land Rover, iban matando el tiempo, haciéndose un pequeño léxico de árabe con vistas al final de viaje en Egipto.
La serie de 14 capítulos de “Robinson en África” fueron un baño integral en un continente orígen de la Humanidad y con 1.000 millones de habitantes. De regreso a España con 22 días de retraso, por culpa de los visados cuya vigencia expiraba antes de llegar al país correspondiente, las niñas fueron perdonadas por la dirección del Liceo con la condición de que diesen charlas a sus compañeros sobre el fantástico viaje. No solo fue un éxito la experiencia sino que Bárbara escribió un libro, “Africa a los 15 años”(Editorial Edelvives) y unos años más tarde quiso estudiar un cuarto idioma y eligió el árabe clásico mientras Anne Isabelle, optó por el alemán. Han transcurrido 28 años y las dos mujeres son emprendedoras y de fuerte personalidad.
En 2011, María Nogal, de 12 años, vino a mi casa en compañía de su madre. Seguía un tratamiento por quemaduras en La Paz y acudía desde San Rafael (Segovia) para sesiones de injertos. Se entusiasmó con mi biblioteca y decidó que sería periodista y escritora. En otra ocasión me preguntó si estaría dispuesto a contar a toda su clase lo que la contaba a ella sobre mis viajes por África. Acepté con la condición de que fuese en primavera ya que rehuyo el frio por cuestiones de salud.
El 27 de mayo de 2011, María Jesús, la profesora del C.E.I.P. San Rafael nos recibió a Elvira Álvaro, madre de María, y a mi para que diese una charla ante un enorme mapa de África. Entre los 27 alumnos de 6º de Primaria, estaba Lydia, una negrita de Togo, todo sonrisas de dientes blancos porque, en cierto modo, iba a hablar de “su continente”. De resulta de las quemaduras cuando tenía 4 años, María tartamudeaba un poquito y una logopeda intentaba corregir el defecto. Los compañeros de clase se metían con ella y con Lydia por el color de su piel.
La charla transcurrió con los alumnos prendidos por el relato de un continente que enamora facilmente a cualquiera que se interese un poco por él. A mediado de la charla acudieron alumnos de otro curso que querían escucharme. Pensé en lo poco que me costaba perder unas horas con hombres y mujeres de mañana que no olvidarían que África es más que unas páginas del libro de texto. Me alegraba dejar esa semilla en cada uno de los presentes. Al final, Lydia vino a darme un beso y agradecerme en francés por haber hablado muy bien de los niños africanos y de sus capacidades imaginativas. Cuando todo se terminó, los 27 asolescentes quisieron hacerse una foto conmigo y rodearon mi silla de ruedas como un alegre maremoto.
Quise escribir este post defendiendo el apoyo que se puede prestar a nuestros niños para que la educación sea para ellos fructífera, enriquecedora. La foto que los niños reclamaron espontáneamente al final de la charla, me fue negada porque 4 de los padres de esos colegiales prohibían que se les fotografiase. Parten del principio de que todos somos potenciales pedófilos, asesinos de niños o secuestradores. Me negué a pixelar el rostro de los 4 niños. Yo no ha censurado nunca mis fotos a lo largo de 63 años de profesión. Rechacé publicar la imágen de nuestro grupo e incluso escribir este post, tal era mi indignación.
La importancia que concedo a las aportaciones personales de quienes colaboren desinteresádamente a mejorar los resultados de nuestros estudiantes, me ha hecho replantear el asunto. Existe un periodismo basado en atemorizar una sociedad durante meses y meses no solo sobre el asesinato sino sobre el hecho de que el cuerpo dela víctima no haya aparecido. Los temas escabrosos sobre niños llenan horas y horas de televisión y arrastran los mismos temas durante meses, saciando una curiosidad morbosa a base de dinero y compra de testimonios.
Hoy hago este post y solo María Nogal sale fotografiada. Con 13 años cumplidos, ya está en el Instituto y sigue sus estudios con los vaivenes propios de una joven adolescente. Desde aquí, y por enésima vez, pido que no se mutilen los rostros de los niños (los únicos que salen a cara descubierta son los de Somalia o Haiti). Pido a todos mis colegas que modifiquen la legislación vigente, la más restrictiva de Occidente. El orígen de esta protección exagerada fue el asesinato del hijo de Charles Lindberg, el primer piloto que cruzó el Atlántico en avión. Que Ana García Obregón impida a los paparazzi fotografiar a su hijo y luego aparezca este en el “HOLA”, sin pixelar, explica que la famosa solo pretendía defender la parte económica de sus “temores”. En el caso del C.E.I.P. San Rafael, 4 padres de niños han impedido la foto de los otros 23 niños y niñas que, voluntariamente, pidieron tener esa foto. Agradezco a María Jesus las facilidades que me dió para la charla y la ruego que, en la próxima foto de grupo, elimine de entrada los 4 colegiales vetados por sus padres, para no perjudicar a los compañeros y a los periodistas, como sucedió con Pedro L.Merino, reportero del “El Adelantado de Segovia”. No quiero que dentro de medio siglo, cuando los historiadores acudan a las hemerotecas, vean el mundo de hoy como una España de niños sin rostro, de zombis.

Era una tarde de julio de 1956. Hacía 7 meses que el Sudán Anglo-Egipcio había muerto y el país era independiente. Jaime Cavero Corondolet y yo estábamos sentados en el “G.B.” (léase jibí con j suave, abreviatura de Gran Bretaña). Tomábamos en la barra un jugo de FTD (fruta tropical desconocida). A nuestro lado, un médico ghanés que venía de un Congreso de Pediatría en Djakarta. Por la vitrina que daba a la calle vimos un altísimo dinka del sur del país que cargaba un enorme cubo negro. Vestía harapos y el gran peso del recipiente le hizo titubear cuando se cruzó con un sudanés del norte ataviado con turbante y galabiya inmaculadamente blancos. El hombre, claramente molesto por la presencia del dinka, le lanzó un sonoro “¡ imchi, ya ibn el kalb !” (largo, hijo de perra !). El dinka vació el enorme cubo de mierda a los piés del musulmán. Y empezó la pelea.
El croata Josep Broz Tito, logró reunir dentro de Yugoslavia, una serie de pueblos que pertenecieron en su día al Imperio Austro-húngaro y que eran todos fieros nacionalistas. Algunos territorios eran musulmanes de origen turco mientras otros se consideraban los verdaderos eslavos del Sur que es lo que significa Yugoslavia.
En Washington, tras llegar en el autocar de la Greyhound, desde Nueva York, me fui a ver a José María Massip, corresponsal del ABC en la capital de EE.UU. Él no pensaba asistir al día siguiente, 28 de Agosto 1963, a la Marcha por los Derechos Civiles de los Negros, donde
Bueno, bastó que yo aplicase la conveniencia política que Barack Obama ha aplicado a la ejecución de Osama bin Laden, para que me cayese encima casi toda la crítica de mis lectores. Para ellos es inadmisible matar a un hombre sin juicio justo. A mí me parece lo moralmente correcto pero ¿Puede ser siempre así? Creo que los cirujanos, si pueden salvar una pierna, no deben cortarla.
Lo conocí hace 47 años en Nueva York donde yo vivía como freelance con ojos y oídos alerta en cuanto pudiese ser de interés para los medios europeos. No solo me ocupé de
Estábamos sentados junto al piano de cola de aquel comedor del Holiday Inn. Era un 
En Julio de 1993, me fui al Sarajevo sitiado por los serbios más xenófobos de la República que fuera de Yugoslavia. “Wellcome to Hell!” (Bienvenido al infierno) rezaba una enorme pancarta en la fachada del aeropuerto. Dentro del avión militar francés palets con avituallamiento para la población y los soldados de UNPROFOR. Tres periodistas, Enric Martí, Pasquier, una periodista de La Tribune de Genéve y yo que iba por mi cuenta pero con la acreditación de Tiempo (luego vendí mi trabajo a Diario 16). En el infierno de Sarajevo conocí a Gervasio Sánchez y Alfonso Armada. Representábamos la vieja y la nueva “tribu” como denomina Manu Leguineche a esa bandada de periodistas que cual cernícalos arriba a “donde hay tomate”.
De sus Memorias, que aguardo con impaciencia, el diario Gramma publica unos episodios que en parte he compartido con el líder de la Revolución. La forma en que habla de los periodistas que subieron a Sierra Maestra, se presta a equívocos cuando no a omisiones
En 1964, vine de Nueva York a España para montar, Fotopress, una agencia de prensa, a petición de Guillermo Luca de Tena (Prensa Española). Todavía teníamos los pintores en Recoletos 9 bis, cuando me llamó Rogelio Leal, un fotógrafo que me conocía por mi reportaje de Sierra Maestra en Paris-Match y que el semanario francés revendió mundialmente con mi consentimiento. Leal trabajaba para La Actualidad Española. “¿Podemos vernos urgentemente?” El tono era el de una persona angustiada que requería mi atención en el acto.

