Una voz en la madrugada
Miré el reloj. Solo eran las cuatro de la madrugada. Alargué la mano y puse la SER. “Punto de Fuga” estaba en el aire. La voz de Yoani Sánchez hablaba con voz serena y verbo fácil. Hablaba de su Cuba, de una Patria que tiene echado el cierre a una jaula donde los viejos revolucionarios no quieren que los jóvenes vivan su propia revolución ni que lo hagan fuera. En el Egipto de los faraones, la antigua religión tenía un pecado capital muy importante: “Obstruir las acequias en el sistema de riego”. La Cuba, que acaba de cumplir 50 años de revolución, obstruye a su propia juventud el camino hacia la revolución personal. Y Raúl promete otro medio siglo más. Algo así como los mil años del Tercer Reich.
Esa voz dulce y reposada de Yoani, la creadora de “Generación Y”, la bloggera más famosa del mundo, habla de las ansias de libertad de una juventud que sólo conoce el mundo a través de sus libros. ¿Un peligro esta filóloga madre de un hijo de 13 años que se limita en su blog a narrar lo que es su vida cotidiana en una Cuba estancada en una verde geografía de “caimán dormido“? El único daño que puede causar a las autoridades de su país es dejarles en ridículo. Y eso lo hacen muy bien los gobiernos de todos los países y colores. Yoani, como el Vaticano, “no tiene divisiones blindadas” pero tiene la palabra, la ironía y una curiosidad inteligente por las pequeñas estupideces que alumbran todas las burocracias. Vamos, ¡Un peligro de mujer!
Escuché el discurso de Raúl Castro en la conmemoración del medio siglo del triunfo de la Revolución. Pedía paciencia a quienes llevan 50 años pacientando. La voz del pequeño de los Castro Ruz, retumba sonora con esa declamatoria rancia de épocas mambises. El tiempo de los desafíos no es el de antaño sino el de un futuro que aguarda a la puerta de la casa a que alguien responda al aldabonazo de la juventud. Sólo hay que temer al miedo, nunca a los hijos de la revolución, por mucho que le duela a los abuelos que los jóvenes estén en otros retos, otros desafíos. Raúl, y los de su tiempo y de sus afanes, creen que el agua puede retenerse con las manos, que no se escapará entre los dedos. Ignoran que hace tiempo ellos y yo, nuestra generación ha cedido el paso y sólo tenemos un futuro: caminar junto a las nuevas vanguardias o apartarnos de su ruta y quedarnos en la cuneta.


La última vez que vi al Che fue en El Cairo cuando yo volví a ocupar el puesto de corresponsal en Oriente medio y él se detenía en la capital egipcia para entrevistarse con el Presidente Gamal Abdel Nasser antes de seguir ruta a Pekín. Almorzamos Che, su ayudante y yo en el palacete donde se alojaban los huespedes ilustres. Le pregunté por Fidel y me dijo que estaba muy cabreado conmigo por haber escrito que había comunistas en Sierra Maestra. Le señalé que él mismo, Raúl Castro, Almejeiras, Luis Orlando Rodriguez, director del diario comunista La Calle y unos cuantos más, no disimulaban su filiación. “Sí pero tácticamente era un error decirlo porque nos restaba apoyo entre el pueblo estadounidense que nos mandaba dinero y, a veces, hasta armas”. En cuatro meses, los rebeldes me habían asimilado como uno de ellos y se olvidaban de que yo era solo un reportero y que me debía a mi trabajo. “¿Y como cuanto está cabreado Fidel?. …. ¡Lo suficiente para darte paredón!”


