Era una tarde de julio de 1956. Hacía 7 meses que el Sudán Anglo-Egipcio había muerto y el país era independiente. Jaime Cavero Corondolet y yo estábamos sentados en el “G.B.” (léase jibí con j suave, abreviatura de Gran Bretaña). Tomábamos en la barra un jugo de FTD (fruta tropical desconocida). A nuestro lado, un médico ghanés que venía de un Congreso de Pediatría en Djakarta. Por la vitrina que daba a la calle vimos un altísimo dinka del sur del país que cargaba un enorme cubo negro. Vestía harapos y el gran peso del recipiente le hizo titubear cuando se cruzó con un sudanés del norte ataviado con turbante y galabiya inmaculadamente blancos. El hombre, claramente molesto por la presencia del dinka, le lanzó un sonoro “¡ imchi, ya ibn el kalb !” (largo, hijo de perra !). El dinka vació el enorme cubo de mierda a los piés del musulmán. Y empezó la pelea.
El doctor de Ghana y yo, salimos a separarlos. Jaimito no se inmutó y nos dijo “dejad que se maten !”. Conseguimos separarlos en medio de un olor insoportable que despedía la mierda de las letrinas que había tirado el dinka. Jartum, la capital sudanesa, no tenía un sistema de alcantarillado y carecía de una red de evacuación de restos fecales. Aquel trabajo se dejaba en mano de los nilóticos del sur del Sudán. “Cuando dos hombres se pegan –le dijo el médico a Jaimito– hay que separarlos sin mirar el color de su piel”. Ya lo decía Rabelais, se aprende mucho en los viajes.
Nosotros habíamos salido de El Cairo con 200 libras esterlinas en el bolsillo, en busca de una bellísima muchacha nuer de la región de Ecuatoria. La expedición se fraguó en diciembre de 1955, en l,a pandilla que nos reuníamos al anochecer en el Bar Lappas de El Cairo. Eramos una docena de chicos y chicas, griegos, chipriotas, egipcios coptos y musulmanes, un par de periodistas italianos y los dos. españoles Jaime llegó tarde y nos enseñó un Paris-Match con la foto a toda página de la belleza nuer que, como sucedía en el sur, estaba cogiendo agua en la orilla del Nilo totalmente desnuda. Miento, llevaba un cordel de cuero trenzado alrededor de la cintura a la altura del ombligo. Ni taparrabos. Jáime había prometido que si encontraba aquella negra, se casaba con ella. Yo, con los güisquis de ventaja que le llevamos todos al recién llegado al grupo, propuse una expedición para buscar a la zagala en una extensión equivalente a 5 veces la de España. Fijé la fecha de salida para junio de 1956 (yo sabía que mis multiples ingresos como profesor de francés o colaborador de los diarios inglés y francés de El Cairo, Al Ahram más las clases que daba en la Universidad de Ein Shams y los doblajes de los estudios de la carretera de las Pirámides, fallaban por aquellas fechas y solo resucitaban en septiembre/octubre. “Tenemos que criuzar la frontera egipto-sudanesa antes de medianoche del 30 de junio de 1956.
Por supuesto todos, menos los dos españoles de la pandilla, se fueron rajando con diferentes pretextos. El primero Galal, el musulmán, cuando le pregunté que cuanto dinero nos darían por su coche Vauxhall de segunda mano. El día de la salida, tras una noche entera de borrachera, un grupo de veintitantos amigos nos acompañaron a la estación de ferrocarril de Ramsés que partía sobre las 7 de la mañana hacia el Alto Egipto. Un trayecto de 13 horas obligatorio ya que el aeropuerto de Asuán era únicamente de uso militar. Escandaloso era ver tanto europeo haciendo eses en el andén, a punto de partir el tren, obsequiándonos con botellas de alcoholes varios y galletas. Eramos un ejemplo de la cultura occidental. Sabíamos que nunca encontraríamos aquella aguja nuer en el pajar pero era una forma de adentrarnos en el África negra, de realizar un sueño de niño, seguir la ruta de las expediciones que buscaban las fuentes del Nilo.
En la capital sudanesa, Jartúm, buscámos ayuda de periodistas locales. Publicaron al día siguiente: “Dos esclavistas españoles llegan al Sudán en busca de carne negra“. Decidí abreviar la estancia en la ciudad donde el Nilo Blanco y el Nilo Azul, se reconocen hermanos y describen en su abrazo, dos cuernos de elefante que es lo que significa Jartúm.
En Juba, vivíamos en el hotel del mismo nombre, es la capital de la Provincia de Ecuatoria. En sus calles que recordaban el lejano Oeste americano, polvorientas y abrasadas por el sol, confraternizábamos con cualquier blanco con el que nos cruzábamos y eran escasos pero serviciales y hospitalarios. Cuando nos quedamos con solo 5 de las 200 libras con las que habíamos salido de El Cairo, tuvimos que tomar una decisión. O pedir ayuda telefónicamente a amigos o familia o gastarnos el poco dinero en pagar los días adeudados al griego propietario del Hotel Juba de una sola planta. Decidimos hacer la llamada y dejar habitación y larga distancia sin pagar. Bastaba abrir la ventana y salir por ella al jardín .
Unos años antes, Federico Mutesa II, rey de Buganda, uno de los cuatro reinos que componen Uganda, fue desterrado a Europa por el gobernador británico, Sir Andrew Cohen por no querer firmar unos documentos que rebajaban el país del grado de protectorado al de colonia para fundar la East Africa Federation. Estando en Europa, quiso visitar España y el padre de Jaimito, el Duque de Bailen, era entonces Jefe de Protocolo de Asuntos Exteriores y quiso presentar honores a un monarca por africano que fuese. La Embajada Británica avisó a Asuntos Exteriores de que en Uganda no había más rey que Elisabeth II de Gran Bretaña. Los planes del duque de alojar al kabaka en la Moncloa (entonces residencia de huéspedes ilustres), tuvo que llevárse a King Freddy a su cigarral toledano. Las chicas españolas de entonces no habían visto un negro en su vida y las amigas de Jaimito estaban ávidas de conocer…y enrollarse con el joven de 31 años años, educado en el Magdalen College de Cambridge.
“Si os mando dinero, tengo que pedirlo a Londres que lo mandará a Jartúm que lo remitirá a Juba y para cuando llegue, estaréis muertos de hambre. A menos de cien kilómetros está la frontera de Uganda y aquí seréis mis huéspedes mientras queráis”.
Pactamos con un griego que conocimos en un bar que nos llevase en su coche hasta Nimulé, puerto fronterizo y fluvial donde el hombre iba a recoger un cargamento de café. Utilizando la ventana de nuestro cuarto, a las 4 de la madrugada, directamente al jardín. Una nota en la mesilla de noche prometía que algún día pagaríamos la estancia y la llamada. Cuando volví por el Juba Hotel en 1983 con la expedición de “Robinsón en África”, ya no había propietario griego sino sudanés. Allí se alojó el equipo de 8 personas del programa de TV2.
En camino hacia Nimulé, nos encontramos una familia dinka, según nos dijo el griego. El hombre caminaba delante y solo llevaba dos azagayas en su mano, su mujer, unos pasos detrás, cargada con el ajuar sobre la cabeza y el hijo pequeño sujeto a su espalda con un pañuelo grande anudado bajo el pecho y un perro, amigo fiel del hombre que les seguía al lado de la mujer. La sombra indica que que caminan hacia el sol. Una manera de escenificar la estructura familiar desde el principio de la Historia. Salida del neolítico y caminando hacia el futuro que empieza hoy, como nación número 193. Chiluks, Azandes, Dinkas, Nuers, Nubas son pueblos de gran estatura, muchas de sus mujeres ejercen de modelos de pasarela en en Primer Mundo. Sus rasgos faciales son idénticos a los nuestros, contrariamente al rostro de los bantúes de gruesos labios y narez ancha y aplastada. no solo se extienden por la nueva República de Sudán del Sur sino por Etiopía y Somalia.
En el puerto de Nimulé, el SS Luger estaba atracado un barco que hacía el trayecto hasta Butiaba. En el puerto, una barraca estrecha con ventanilla, anunciaba la venta de billetes para el barco británico. Tarifa puente 1 Libra esterlina. Primera, 4 libras. Jaime, pidió 2 billetes de puente con lo ques quedarían 3 libras de las 5 que llevábamos al salir del hotel. “No es posible darles puente. Solo primera para blancos”. No quería comprender que 2 primeras eran 8 libras. Se fue en busca del Capitán. Este llegó vestido de impoluto blanco almidonado, con sus galones de capitan su pipa y su barba dubia con algunas canas. Le explicamos la situación. “Deles 2 primeras y cobreles dos de puente”. Cuando terminamos de darle las gracias, nos espetó: “You are a disgrace for the white race !” (Son ustedes una desgracia para la raza blanca).
El viaje hasta Butiaba duraba varios días por ir a contracorriente. El capitán con su ginebra en mano y su mujer haciendo calceta, jamás nos dirigieron la palabra aún siendo nosotros los únicos blancos a bordo. Nuestra mesa en el comedor, estaba diagonalmente situada lejos de la suya. Desde el restaurante se contemplaba el puente donde se hacinaba medio centenar de indígenas que hacían fuegos para cocinar, tenían niños correteando y cabras con las patas trabadas. Sus voces y cantos llegaban hasta nosotros. El espectáculo era fascinante al anochecer. En las orillas, elefantes, hipopótamos y cocodrilos . El ibis del Nilo revoloteaba por el río en busca de alimento.
Aquel sur del Sudán es hoy el país número 193 del mundo y 55 de los países africanos. Pudimos conocer la población baganda y los rutoros del Reino de Toro. Estuvimos un mes viviendo a cuerpo de … rey pero, como decía aquel…eso es otra historia.
Familia dinka, pista Juba-Nimulé, 1956 Copyright Enrique Meneses