Cualquiera puede enriquecerse en Estados Unidos, empezando de la nada. Véanse los que se iniciaron como repartidores de prensa, la gran mayoría de los jóvenes. La gente no dice que es habitual utilizar a los escolares que hacen ciertos recorridos para llevar las suscripciones de diarios y revistas a los abonados. En 1952, trabajando en Selecciones del Reader´s Digest (Iberian Edition), como Jefe de Circulación, intenté implantar un sistema parecido y me cayó encima el gremio de los quiosqueros españoles, entonces más pobres que hoy pero poderosos por existir escasas redes de distribución. Un millonario que distribuyese prensa en su adolescencia sólo estaría haciéndose dinero de bolsillo, como la mayoría de sus compañeros. No todos han sido millonarios, después de esa experiencia.
Si en EE.UU. la medicina está internacionalmente reconocida como buena, no se debe sólo a la calidad de sus profesionales sino a los investigadores que “compra” en cualquier lugar del mundo y a los medios que pone en sus manos. He tenido bastante contacto con los profesionales del Mount Sinai de Nueva York (MSNY) con motivo de la metástasis que padeció mi mujer Bárbara en 1973 y que terminó en su muerte en 1977. Los médicos que la intervinieron en España fueron Bartolocci en el saco lagrimal (2 únicos casos conocidos en nuestro país y 6 en EE.UU.) con excelente resultado que dejó admirado al Dr Ferry el oftalmólogo de MSNY hasta el punto de pedirme un trozo del tumor para investigación en EE.UU. No fue posible porque, entre sonrisas, los investigadores españoles confesaron haberse repartido rodajas del tumor por todo el país. Como los americanos, para investigar.
Otro gran cirujano español, el laringólogo Rafael García Tapia, hijo de otro famoso médico, operó en mi mujer una cadena linfática del lado izquierdo del cuello. Nueva reunión de médicos del MSNY para admirar la casi invisible cicatriz. El doctor John Bolan, uno de los inventores de la bomba de cobalto que atendía a mi mujer, declaró que en Estados Unidos, la intervención hubiese supuesto la extirpación de parte del cuello con su paquete muscular y, como consecuencia, la cabeza no se hubiese podido sostener erecta sobre los hombros. Me extrañó la información y me explicaron que los seguros que amparan la mala práctica médica son elevadísimos y no se arriesgan a que se reproduzca el cáncer en la zona operada. Como se dice en nuestro país, “cortan por lo sano”.
Muchos son los que comparan las inversiones en sanidad de EE.UU. con las de España u otros países de la Unión Europea. No se puede hacer esa comparación porque en América no existe la cobertura universal como en la UE-15. Allí gastan 16% del PIB mientras que nosotros dedicamos el 5,8% del nuestro. Con semejante gasto, en EE.UU. tienen 47% de su población sin ninguna cobertura sanitaria. El doctor David Himmelstein, profesor de Health Policy de la Universidad de Harvard, dice que más de 100.000 personas mueren al año en EE.UU. por no poder tener acceso a los servicios sanitarios. Y eso que existe Medicaid que, en colaboración con los diversos Estados, atiende a menos del 20% de la población más pobre de los EE.UU. No es de extrañar que este país bata el record de insatisfacción por su sanidad (69%) de toda la OCDE.
El 28% del gasto total sanitario americano, se va en Administración del sistema. Las compañías de seguros son privadas y en las elecciones primarias que hemos vivido, financiaron a Hilllary Clinton con $525.188, a Barrack Obama con 414.863 $ y para John McCain 274.729 $. Se comprende que el tema de la Sanidad en EE.UU. solo haya sido tocado, levemente, durante la campaña electoral, más como retoques de lo que es actualmente que como deseo de universalizarla. Sin embargo, la imposibilidad de pagar las facturas médicas es la primera causa de bancarrota de las familias estadounidenses, según Vicenç Navarro, catedrático de Políticas Públicas en la Pompeu Fabra de Barcelona y en la John Hopkins University de EE.UU.
He mencionado, en un post anterior, que la educación en los EE.UU. tiene un costo tan elevado que requiere padres millonarios o becas. Estas se dan, con frecuencia, a deportistas para que publiciten sus centros de enseñanza mediante los resultados en las canchas de baloncesto o en los campos de fúbol americano. Lo de menos es que asistan a clase. Los prestamos que ofrece la banca y las compañías privadas de seguros, son draconianos y no pocos estudiantes acuden a países europeos o, incluso a Cuba, para estudiar gratuitamente. La legislación americana permite que se examinen en sus embajadas, al final de carrera, y se les convalidan los estudios casi en el acto. El hijo de una amiga iraní, estudió medicina en la Complutense y, tras su luz verde para trabajar en Estados Unidos, dirigió un hospital tejano, a los dos años de haber obtenido su convalidación.
Estados Unidos tienen muchas cosas buenas pero hay que separarlas de las que “nosotros consideramos buenas”. Ni la Sanidad o la Educación gratuitas son concebibles, como las he descrito, para un ciudadano de la Unión Europea. Sin embargo, muchos consideramos que estudiar en una prestigiosa universidad de aquel país es el no va más de la calidad de enseñanza. Dudo que en Europa, la revista alemana GEO hubiese invertido millones de euros para fortalecer la enseñanza de la geografía en los colegios alemanes. El National Geographic Magazine ha tenido que hacerlo, ante la incultura rampante que, en esta asignatura, tiene la mayoría de los estadounidenses.