Barack Obama, de la esperanza al desencanto
Cuando se ha cumplido un año de la llegada de Obama a la Casa Blanca, el mundo entero, que hace 12 meses estaba exultante de alegría y esperanza, ha girado 180 grados y se echa en brazos del pesimismo más absoluto. Ignorar las realidades de Estados Unidos es el primer error de quienes esperaban en un año que el primer presidente afroamericano llegase a Washington para dar forma al sueño de Martin Luther King Jr. Los lobbies estaban y siguen estando, aunque el presidente Obama no sea tan deudor de los mismos por su elección. Esa libertad le permite ser audaz en sus reformas.
Cerrar Guantánamo y establecer una Sanidad Pública para cubrir los 40 millones de estadounidenses que no la tienen actualmente, son promesas electorales que tiene que llevar a cabo enfrentándose a obstáculos inesperados. Por ejemplo: ¿Quien podía decir hace un año que Al Qaeda abriría una nueva base en Yemen y que de esta nacionalidad son los presos más numerosos de Guantánamo? ¿Se les debe devolver a su país para reforzar esa organización terrorista? ¿Los países europeos que más reclamaban el cierre del penal son los primeros reticentes a la hora de aceptar presos en su territorio. El rechazo alcanza muchas poblaciones de los mismos Estados Unidos.
La reciente “pandemia” de la gripe A (H1N1), ha demostrado la capacidad de la Industria Farmacéutica de crear el pánico y forrarse con la vacuna adecuada. Me harto de decir que el negocio del miedo es el más próspero y con mayor futuro que existe. Véase el último invento, el escaner que nos desnuda. ¿Alguien que razone medianamente puede pensar que los terroristas no encontrarán otros medios de entrar con explosivos en los EE.UU. ? ¿Y si entran con las manos en los bolsillos y silbando y montan sus mortíferos artefactos con productos adquiridos dentro del propio país?
La victoria del candidato republicano Scott Brown en Massachusetts ha dejado a los demócratas, tras la desaparición de Edward Kennedy, con 59 escaños en el Senado, uno menos de los necesarios para controlar la cámara alta a la hora de pasar legislación sobre sanidad o cualquier otra reforma. Los pesimistas, los que nunca creyeron que un negro pudiese gobernar los EE.UU., se frotan las manos al precisarse sus profecías. Ignoran que son muchos los factores que pueden alterar la situación que se ha creado: la muerte de algún senador republicano y su sustitución por un demócrata, o el apoyo de uno de ellos por convicción o porque se deje comprar, puede restablecer el equilibrio. Hay que añadir que Brown tiene solo dos años delante de él, los que le quedaban a Kennedy. La tenacidad de Obama puede, perfectamente, vencer esos obstáculos.
El abierto desafío a la Banca americana, lanzado hace unos días por el presidente, ha sentado a cuerno quemado a los interesados pero ha sido muy aplaudido en la población de los Estados Unidos y en Europa. Por supuesto la derecha le ha acusado de “populismo” como si descubriese en el afroamericano un aliado secreto de Castro, Cháves y Morales. Estados Unidos tiene un grave problema de educación. Nunca han explicado a sus estudiantes las diferencias entre un comunista, un socialista y un liberal. No sabrían explicar por qué un gobierno laborista (socialista) como el británico, tiene sanidad pública universal y gratuita igual que la Francia de Nicolas Sarkozy, líder de la UMP, un partido conservador a la europea. Para el americano medio, el comunismo de la URSS y el socialismo europeo o social-democracia, son la misma cosa. El costo de la sanidad privada en EE.UU. es increíblemente alto pero la expectativa de vida es inferior a la de muchos países europeos con sanidad pública.
Que Barack Obama no deba su elección a los poderes fácticos del petróleo, el armamento o las farmacéuticas, no significa que estos no puedan presionar y comprar algunos legisladores. El americano de a pie no es consciente de que su país ya no es la única primera potencia que surgió de la Segunda Guerra Mundial después de haber utilizado la bomba atómica y puesto un punto final a la contienda más devastadora de la Historia de la Humanidad. Hoy, en un mundo multipolar, con potencias emergentes como China, India, Brasil y la misma Unión Europea, Estados Unidos necesita un presidente con imaginación y voluntad de cambios drásticos en el tradicional “American Way of Life” del eslogan más tenazmente incrustado en la mente de sus compatriotas. Los “values” tan queridos por el ciudadano medio, están en plena reconversión. Y para llevarla a cabo, Barack Obama ha comenzado por reconciliar los Estados Unidos antipáticos de George W.Bush con el resto del mundo. Nosotros también, ante la masiva invasión americana de Haití, debemos cambiar el “chip” y no acusarles de querer repetir su historial de injerencias en los asuntos de América Latina. Obama ha cambiado el tono de vida del planeta y por eso recibió, como agradecimiento, el Premio Nobel de la Paz. Mi padre siempre decía que la propina hay que darla al llegar a los hoteles, no cuando uno se marcha.

En la vida de las personas, como en la de los países, y más aún si se trata de imperios, se dan dos formas de encarar la gobernancia: inspirar confianza y disponerse siempre a negociar o producir miedo y exhibir fuerza para someter antes de hablar. Esos dos modelos se dan en América con los rasgos de algunos presidentes.
A nivel nacional, el triunfo del PP es pírrico. Lo saben pero eso permite a sus partidarios más jóvenes pedir a grito pelado la dimisión de Zapatero y otorgar el título de presidente a Rajoy. Hasta marzo de 2012, el presidente del gobierno, Jose Luis Rodríguez Zapatero tiene su puesto asegurado. Mariano Rajoy, por un lado, está
Empezar a soltar lastre de la era Bush no resulta tan fácil. Algunos consideran que teniendo soldados en Irak y Afganistán no es conveniente autorizar la publicación de los protocolos que amparan la tortura en los interrogatorios y las fotografías que los acompañan.
Los avances y retrocesos que se producen en el devenir humano, a la postre, se revelan positivos.
Un presupuesto de $3,6 billones se representa con muchos ceros detrás: 3.600.000.000.000 de dólares es el del presidente Barack Obama para 2010 que empieza en Octubre próximo. En él se pueden ver las prioridades del primer mandato de quien ha polarizado todas las esperanzas no solo de EE.UU. sino del resto del planeta que tiene todavía más confianza en él.

