“El Calcetín amarillo II”
Dice Forges que España rezuma mediocridad a todos los niveles. Nuestros políticos lo son y avergüenza que tras tantos años como llevan algunos persiguiendo el poder no hayan estudiado idiomas y tengamos que distinguirnos por las sonriusas bobaliconas de nuestros representantes separados de sus colegas del resto de Europa por no saber qué decirles si no tienen al intérprete a su lado. La oratoria tampoco brilla por su fuerza.
Los doblajes de películas que importó Hugo Donarelli, un avispado italiano amigo del franquismo, vendió al caudillo la moto de que había que proteger el castellano frente al empuje del inglés. El resultado es que nuestros vecinos portugueses, con subtítulos en su idioma, aprendieron inglés y francés en todas las clases sociales. Como decía Eugenio d´Ors: “Joven, los experimentos con gaseosa!“.
He insistido muchas veces en que la nueva Era de la Humanidad se inició en 1968 con el Mayo francés, cuando los estudiantes de la Sorbona se echaron a la calle reclamando que la imaginación sustituyese el pensamiento de nuestros dirigentes con un manojo de felices frases, mal interpretadas por los medios franquistas de acuerdo con la más rancia y rústica manera de pensar. En aquellas fechas, Internet echaba a caminar.
Unos compatriotas iban regresando a España tras un exilio político primero y económico después. Eran supervivientes de nuestra más trágica historia de aquel medio siglo. Una España de boína y alpargatas, hambrienta de propiedad y saber, lanzó a hijos y nietos en una irreflexiva carrera hacia la compra de viviendas y la adquisición de títulos universitarios para los hijos. Como todo en la vida, cuando se exagera, los excesos son perjudiciales. En tres décadas pasamos de los que vivían de casero a ser el país de Europa con mayor número de propietarios y, como consecuencia, menor número de pisos de alquiler. La educación prendió como fuego en Otoño pero no hablamos de secundaria sino de la Universidad. Hoy en día tenemos más licenciados por millar de habitantes que Alemania pero nuestro fracaso escolar no tiene parangón según todos los informes internacionales.
De golpe dejábamos de ser un pueblo con movilidad y nos apoltronábamos en casa de mamá o empezaba nuestra cadena perpetua con bancos o Cajas de Ahorro quedando atrapados durante treinta años pendientes de hipotecas. Algunos decidieron que la mejor manera de guardar nuestros ahorros era invirtiendo en ladrillos que multiplicaban el valor de las viviendas sin darse cuenta de que los filones de oro suelen agotarse después de unos años. Salarios de 2.400 euros al mes, arrastraron muchos estudiantes de las aulas a los andamios. La demanda de vivienda en propiedad hizo subir los alquileres. Lo que sucedía en Nueva York o Paris donde encontrabas a buen precio alquileres elegidos y contratados en cuestión de horas, era impensable en nuestro país. En España, alquilar se convirtió en sinónimo de tirar el dinero.
Bancos y cajas de ahorro proliferaron en toda la geografía. Creyendo que abarataría los precios de la vivienda, José María Aznar liberalizó en 1998 la tierra de España haciéndola totalmente urbanizable. El 14% de nuestra masa laboral trabajaba en la construcción, el doble que en Alemania. Entre 1997 y 2007, el crecimiento del número de viviendas fue del 5% anual En esos años, según el economista Joaquín Estefanía de El País, se construyeron 5,7 millones de casas, el 30% del total de las existentes. Y se revalorizaron un 191%. No solo aparecieron Grandes constructoras sino auténticos chiringuitos como “el Pocero” de Seseña. Bancos y Cajas de Ahorro rompieron con la sana costumbre de investigar las posibilidades de los demandantes de hipotecas. Se ofrecieron porcentajes por encima de lo solicitado por el cliente. La corrupción a nivel de alcaldías se generalizó hasta extremos desconocidos, convirtiendo a la masa laboral de la zona en votos cautivos a la vez que convertían en millonarios a los ediles.
España pasó de ser un exportador de Sol y juerga a tener la mitad de su juventuid en paro. El país había jugado al Monopoly y nos creíamos que el euro era como el dinero del juego. “Le miracle espagnol” se iba a desmorronar en cuando el castillo de cartas se viniese abajo al estallar la burbuja. Habíamos llegado a creernos nuestra propia mentira. Eramos un país de especuladores, de nuevos ricos, cuando la realidad era que las únicas profesiones que se ofrecían a los jóvenes eran las de albañiles y camareros.
Cuando apareció la crísis financiera internacional, nos enredamos en diatribas sobre si José Luis Rodriguez Zapatero no reconocía tal “crisis” al ni siquiera pronunciar la palabra. Lo mismo que le sucede ahora al presidente Mariano Rajóy que se niega ahora a pronunciar la palabra “rescate” con la ayuda que nos brinda la Unión Europea tras ferreo control sobre el uso que vamos a hacer de esos 100.000 millones de euros que, independientemente de lo que diga el Partido Popular, sí nos afecta puesto que avalamos ese prestamo.
El Partido Popular tiene una militancia que nunca reconocerá estar aplicando medidas que se pegan de bruces con su programa electoral. La repetida mención a “la herencia de Rodriguez Zapatero”, para explicar medidas de recorte en el bienestar de nuestra educación y sanidad que pretenden privatizar, puede equipararse a la irreflexiva decisión de Aznar de convertir toda España, salvo Parques Nacionales, en urbanizable. Esa fue la “herencia”, junto con nuestra participación armada en Irak y el atentado de Atocha.
El desengaño y fragmentación de la izquirda, llevaron a Mariano Rajoy a la Moncloa y le dieron una agobiante mayoría en el Parlamento. Pueden gobernar a sus anchas bajo el paraguas protector de la Judicatura y el de la Santa Madre Iglesia.
Este capítulo, segundo de “El Calcetín amarillo”, tiene más capítulos por venir. La tesis es que hay que cambiar el chip a los españoles y decirles que existen nuevas maneras de ver las cosas y, sobretodo, de resolver los problemas. Por ejemplo: Nunca llegaremos a ser la Octava potencia económica. Ni la décima. ¿Y qué?


Pocos son los políticos españoles que pueden dar la talla a nivel internacional. Aparecen, en algunas reuniones, aislados, sentados en el lugar que le han asignado y algún listillo del periodismo patrio, declarará que la Comunidad Internacional ningunea al político español de turno. Si alguien se acerca a saludarles, sonríen beatíficamente y
No es fácil creer lo de que a la tercera va la vencida tratándose de Rajoy. Puede significar que fracasa por tercera vez o que, por fín, alcanza la tan ansiada victoria. ¿Es falta de carisma? ¿es una estrategia errada? ¿Quizá sea su falta de cooperación en la lucha contra la crisis? Puede que sea todo un conjunto de razones.
Curioso país este nuestro donde se adoraba a Isis y sin transición, pusimos vírgenes Marías en todos los lugares donde antes hubo culto, exótico o autóctono a las “vírgenes negras”. Nuestras luchas se han circunscrito siempre a guerras de agotadora duración entre los más peregrinos oponentes. La orografía del país permitía, y permite, decir una cosa en este valle y hacer la contraria al otro lado de las vecinas montañas. Nuestro medioevo no sigue las pautas del de los demás países de Europa. Los franceses fueron romanizados en medio siglo. En España tardaron 200 años. Ya lo decía Blaise Pascal:“Vérité en deçà des Pyrénées, erreur au-delà” (Verdad de este lado de los Pirineos, error al otro lado).
El momento español es desconcertante cualquiera que sea la forma de mirarlo. Hay jalones que permiten no perderse en la densa niebla que rodea la vida española en su casi totalidad. Uno de ellos es la crisis internacional que tan duramente ha afectado a nuestro país por nuestra dependencia del ladrillo y necesidad de reindustrializar España. Otro es la corrupción rampante, generalizada pero especialmente ubicada en la actualidad en el principal partido de la oposición por el caso Gürtel. Un tercer jalón lo representa la lucha interna por hacerse con el poder de una de las dos corrientes mayoritarias del Partido Popular. En cuarto lugar, sin que por ello sea menos importante que los anteriores, el PP necesita ganar a toda costa las elecciones de 2012 para romper el maleficio que le ha anclado en la derrota desde 2004.
En los años 40 y 50, en España se forraron los estraperlistas trayendo a las grandes ciudades, donde se pagaban bien caros, alimentos no declarados a la Delegación de Abastos. Otros pícaros se las agenciaban para obtener licencias de importación de productos inexistentes en nuestro país, que revendían a laboratorios químicos o farmacéuticos que los necesitaban para sobrevivir. Las cacerías con asistencia de algún alto cargo del régimen, podían reportar unos cientos de miles de duros si se conseguía el codiciado documento de importación. Los arribistas no se tiraban entonces a invertir en un piso sino que se compraban grandes coches americanos de segunda mano.
Una de las recetas del PP para vadear la crisis, es la austeridad. Cristóbal Montoro, su Economista-Jefe, predice un fuerte endeudamiento de nuestros nietos y bisnietos si Rodríguez Zapatero sigue subsidiando a todo el que se queda sin trabajo.
En España, cualquier acontecimiento puede convertirse en origen de una conspiración. Nada sucede sin que oscuras fuerzas intervengan para planificar y dirigir el curso de los hechos. Algunas sobreviven varios años pese a todo tipo de pruebas judiciales, como es el caso del 

