De la “mentira piadosa” y otras gaitas
Bueno, bastó que yo aplicase la conveniencia política que Barack Obama ha aplicado a la ejecución de Osama bin Laden, para que me cayese encima casi toda la crítica de mis lectores. Para ellos es inadmisible matar a un hombre sin juicio justo. A mí me parece lo moralmente correcto pero ¿Puede ser siempre así? Creo que los cirujanos, si pueden salvar una pierna, no deben cortarla.
Estamos asistiendo a enormes matanzas de civiles desarmados en Libia y Siria. Son miles entre esos dos países musulmanes, los dos únicos que no han respondido civilizadamente a la petición de libertad en las calles como sucedió, con un coste mínimo, en Tunez y Egipto que tiene más población que todos los demás países árabes de Oriente Medio y Norte de África juntos. La vida de esos muertos que solo reclamaban aquello a lo que todo el mundo tiene derecho, la libertad y la democracia, está en manos de dos hombres. Muamar al Gadafi y Bachir el Asad.
Estos dos seres humanos están causando miles de muertes por sostenerse en el poder. ¿Hay alguna razón en la balanza de la Justicia Universal para defender los inconfesables deseos de esos dos hombres? ¿Es más importante que sigan acumulando riqueza personal, familiar y de sus partidarios, que la vida de miles de sus conciudadanos? Nosotros los occidentales sostuvimos a esos dictadores para protegernos del enemigo islámico. Por eso nació Al Qaeda que ahora se hace inútil para deshacerse de satrapías.
¿Llevarles ante el tribunal de La Haya ? ¿Y cómo se hace? Según los que han visto un montón de películas americanas, se les esposa mientras se le leen sus derechos constitucionales. Lo hemos visto muchas veces…en el cine edulcorado que enseña Hollywood desde su prehistoria. No se debe mentir pero se admite la “mentira piadosa”, aquella que permite preservar un bien superior. ¿Se puede extrapolar para decir que la muerte violenta de dos dictadores permite salvar miles de muertes inocentes? Nuestra recién estrenada democracia ¿nos permitiría cortar la pierna para salvar el cuerpo?
No voy a seguir discutiendo con mis lectores sobre el caso bin Laden. Yo conocí a Ernesto Guevara, el Che, en Sierra Maestra. Se batió bien en Santa Clara pero hasta entonces no había hecho nada que le elevase a los altares de la popularidad. En mi opinión era un hombre valiente pero un mediocre estratega. Fracasó en sus intentos de “crear mil Vietnams”. Fracasó en el Congo y marchó a Bolivia donde llegó a morir ejecutado por los soldados y la CIA que se llevó sus manos para identificarlo. Hoy bastaría el ADN.
Su defensa del comunismo chino frente al soviético hizo que el PC boliviano le negase todo apoyo. Un año antes, los campesinos que pretendía unir a la guerrilla o apoyarla, habían beneficiado de un reparto de tierras por parte del gobierno y el indígena de la región donde quiso iniciar su revolución, no tiene el nervio del guajiro Oriental de Cuba. Sin los guajiros de Crescencio Pérez, dentro de los 2.400 km2 de la Sierra, nunca hubiese triunfado la revolución castrista. Ha pervivido gracias a la foto del cuerpo sobre una mesa de mármol y la más conocida de la Historia, la del “Cristo” Che Guevara por Albertol Korda. ¿Y hay quien quiere que perviva Osama bin Laden con las fotos de su muerte en las camisetas de la juventud musulmana? Los iconos desde la crucifixión de Cristo son poderosos mensajes. Obama lo sabe.

En Julio de 1993, me fui al Sarajevo sitiado por los serbios más xenófobos de la República que fuera de Yugoslavia. “Wellcome to Hell!” (Bienvenido al infierno) rezaba una enorme pancarta en la fachada del aeropuerto. Dentro del avión militar francés palets con avituallamiento para la población y los soldados de UNPROFOR. Tres periodistas, Enric Martí, Pasquier, una periodista de La Tribune de Genéve y yo que iba por mi cuenta pero con la acreditación de Tiempo (luego vendí mi trabajo a Diario 16). En el infierno de Sarajevo conocí a Gervasio Sánchez y Alfonso Armada. Representábamos la vieja y la nueva “tribu” como denomina Manu Leguineche a esa bandada de periodistas que cual cernícalos arriba a “donde hay tomate”.
De sus Memorias, que aguardo con impaciencia, el diario Gramma publica unos episodios que en parte he compartido con el líder de la Revolución. La forma en que habla de los periodistas que subieron a Sierra Maestra, se presta a equívocos cuando no a omisiones
Empezando el lunes a las 11 de la mañana, cita de este periodista junto con los “Cirilos” en el Palacio de la Zarzuela, con la Princesa de Asturias, Doña Letizia. Apoyo absoluto por parte del personal que me permite llegar hasta el salón haciendo uso de ascensores y pasillos por delante del mismo despacho del rey. ¡Y pensar que hace 52 años que no he pisado este antiguo pabellón de caza!
urante hora y media, la Princesa conversa con los miembros de la profesión sobre el rumbo que esta está tomando-
Ser de izquierdas no significa comulgar con todo lo que dicen algunos izquierdistas.
No son pocas las Navidades que me ha tocado vivir trabajando pero tres son dignas de mención: Belen 1956,
Han sido tantos los rastros genéticos que hemos dejado en tierras americanas que es dificil no reconcer algunos de los más llamativos en sus dirigentes. Fidel Castro, con quien estoy echando un pulso para ver quien está más delgado, cada día se parece más a Don Quijote de la Mancha. Y claro, no podía faltar un horizonte de molinos de viento disfrazados de violentos gigantes que hay que alancear inmediatamente. No puedo creer que, a estas alturas de la Historia, sea Raúl, general y Ministro de Defensa, quien haya tomado la decisión por sí mismo de ordenar las mayores maniobras militares de los últimos cinco años.
En el combate de Pino del Agua (14 febrero 1957), contra una guarnición con diez veces más hombres que los rebeldes, Fidel Castro, decidió, antes de dar por concluido el ataque tras haber cumplido su objetivo, escribir al mando enemigo que se rindiese. Presenciaron la escena el mejor abogado de Cuba, Humberto Sorí Marín, el director del periódico comunista La Calle, Celia Sánchez y otros cuantos rebeldes. No pude retenerme y fotografié la escena que me parecía la de un iluso probando, una vez más, su suerte.
“Mi buen amigo Roosvelt. No se muy Inglés, pero sé tanto como escribir a usted. Me gusta oir la radio y estoy muy feliz, porque escuché que será presidente por un nuevo (período)
Diego Caballo, comisario de mi exposición y profesor de Fotoperiodismo en la Universidad San Pablo-CEU, además de redactor-jefe del servicio gráfico de la Agencia EFE, es el hombre que, desde hace unos años, ha movido toda mi producción gráfica repartida en 

